Toda una vida luchando por alcanzar la felicidad siempre deseada, para conseguir al amor de su vida... Y tras ello, errores, traición, celos, muertes, infidelidad, venganza, caprichos... El no saber tomar buenas decisiones y no aclarar sus sentimientos, llevarán a Elena a tener un corazón caprichoso.



sábado, 23 de octubre de 2010

"Corazón Caprichoso" Capitulo 9: Primera parte

Carlos se marchó, no pude evitar quedarme embobada viéndole andar, hasta que le perdí pues ya había dado la vuelta a la esquina. Cerré la puerta y tiré los tacones y el bolso donde pude. Estaba reventada pero aquella tarde había sido tan especial. Me sentía como una adolescente de quince años enamorada tontamente. Enamorada de aquel chico tan  hermoso… Se veía que me quería y que de verdad me cuidaría. No quería hacerme ilusiones tampoco como con David, pero me sentía muy afortunada por tenerle y di gracias por haberme mandado a aquella linda persona en mi vida.
                                                 …………………………………………………………………
(Carlos)
Estábamos en casa de aquella chica, yo junto con Marta, a unos segundos de conocerla. Marta me había hablado muy bien de ella, me había contado toda su trágica historia. Me sentía mal por ella, quería conocerla, apoyarla… Llamamos al timbre y enseguida abrió una chica hermosísima. Era una chica morena, de pelo largo, ni muy delgada ni muy gorda, normal, con unos ojos tirando a verdes, su tez suave y clara, una piel perfecta y una sonrisa que parecía pintada por un artista. Llevaba un vestido rojo por las rodillas, iba muy bien maquillada, natural, y unos tacones también rojos que la hacían más esbelta. Era perfecta, bella, peculiar. Sonreí al verla. Notaba como ella me miraba y durante unos segundos nuestras miradas se cruzaban. Algo en mí surgía. Me sentía extraño, incapaz de borrar esa sonrisa de idiota que tenía. Sentí como Marta me dio un codazo para que opinara sobre la belleza de aquella linda chica. No pude más que soltarle “piropos”, o al menos así lo llamo ella. Elena, que lindo nombre. Era perfecta. Se encamino a coger el bolso y en unos minutos salimos por la puerta Marta, Elena y yo. Mientras nos dirigíamos al velador no paraba de mirarla, de contemplar su belleza y aunque llevaba a Marta al lado de vez en cuando me asomaba para verla. Dichosos los ojos que la veían. Notaba como ella también me observaba, se perdía en mis ojos y ninguno atendíamos a lo que Marta nos contaba tan entusiasmada. Llegamos a aquel velador y nos sentamos. Deseaba que Marta por fin empezara su plan. Habíamos planeado que si todo iba bien y yo se lo pedía con la mirada, ella fingiría que iba al baño y nos dejaba solos. Pero ella no iría al baño si no a su casa. Así yo tendría el camino libre.
Y así fue, a la media hora Marta se fue, supuestamente, al baño. Suspiré tranquilo porque por fin estaba a solas con esa dulce muchacha, por fin podría centrarme solo en aquellos lindos ojos, en su sonrisa tan linda. Me senté a su lado y empezamos a hablar de trabajo, edad, etc. Comprobé que teníamos gustos parecidos, realmente era preciosa. Me perdía en su mirada, en su ternura, su belleza. Quería conocerla mejor y en un instante acabé diciéndoselo, acabé confesándola que quería estar con ella, que era hermosa y sentía ya un cariño especial hacia ella. ¿Pero cómo se puede querer a una persona después de  una hora de conocerla? No lo sé, a lo mejor era una locura, pero Elena me atraía, había algo en ella especial. A lo mejor no era querer pero sentía la necesidad de cuidarla y protegerla, de abrazarla y acurrucarla entre mis brazos. De que nada le ocurriese. Era puro instinto protector. Ella no quería enamorarse, le daba miedo volver a sufrir después de su pasado y su amor por David. Sus ojos empezaban a humedecerse, no quería llorar, pero aquellos recuerdos del pasado le llevaban a hacerlo. Instintivamente abrí los brazos para abrazarla y ella no dudo en ocultar su rostro en mi hombro y arrancar a llorar. Era tan dulce, guapa aun llorando. Me sentía mal, ella no se merecía aquello. Aquel cabrón no se merece su amor si la dejo por eso… Pero yo estaba dispuesto a hacer lo que fuera por aquella frágil y bella muchacha. Quería amarla, quería enamorarme de ella poco a poco.
En cuanto ella derramó sus lágrimas en mi hombro y se separó de mí, sus labios estaban demasiado cerca de los míos. Sentía lentamente su respiración aun agitada por sus sollozos. Nuestras miradas permanecían fijas. Sus pequeños ojos me hipnotizaban, no me cansaba de observarla. Le acaricié el mentón y poco a poco me acerqué más a ella. Me miraba asustada pero a la vez deseosa. Quería besarla, quería probar esos magníficos labios. Quería que sus labios me llevaran a un mar de desasosiego y tranquilidad. Y así fue como en unos segundos acabé rozando sus labios. Primero pequeños besos, suaves y castos. Poco después dimos paso al deseo que nos pedía que nuestros labios se unieran con nuestras lenguas. Besos dulces, tiernos y llenos de amor. Besos distintos a los que había sentido con ninguna otra chica. Era especial y sus besos eran tan necesarios, que no podía separarme. Al final, poco a poco después de unos segundos con nuestras bocas unidas nos separamos a la vez. No sabíamos que decir, sobraban las palabras. Yo seguía hipnotizado con esos ojos, con esa sonrisa. Aun permanecíamos cerca con nuestros alientos entrecortados jadeantes de pasión.
Y fue cuando entonces ella hablo:
-        Vaya… mm.. ha sido un beso fantástico, como tu… Claro que me gustaría conocerte, estoy impaciente- me dijo con una sonrisa picara.
No podía creerme lo que acababa de decir. Era feliz, me acababa de decir que me dejaba entrar en su vida, por así decirlo. Una sonrisa se dibujó en mi cara lentamente. No sabía que decir, deseaba abrazarla, besarla sin que nada ni nadie nos parara, pero tenía que contenerme. La contesté cariñosamente. La prometí que jamás me iría de su lado, pues quería estar con ella siempre. Pero en esos momentos sentí como metí la pata de nuevo.

martes, 12 de octubre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 8: Segunda parte

-        Vaya… mm.. ha sido un beso fantástico, como tu… Claro que me gustaría conocerte, estoy impaciente- le dije con una sonrisa picara.
-        No sabes cuánto me alegras el día, este beso solo ha sido el principio, una primera muestra de lo que siento por ti Elena. Y si tu quieres estoy dispuesto a demostrarte que jamás me iré de tu lado…
-        No… no por favor… no me digas eso… ni mucho menos lo jures… Eso ya lo oí una vez y mira como acabé, sola… No fue capaz de cumplirlo... él…- no pude continuar pues mis ojos se ponían llorosos y Carlos me tranquilizo poniéndome su dedo en mis labios para que no siguiera hablando.
-        Shhh, por favor, no recuerdes más el pasado, así te sentirás peor, ven anda abrázame…- dijo abriéndome los brazos.
Yo no me lo pensé dos veces, pues no quería que aquel chico tan hermoso me viera con lágrimas en los ojos y tapé mi cara en su pecho abrazándole muy fuerte, como transmitiéndole que nunca me dejara pues ya había sufrido bastante y no aguantaría otra ruptura como la de David.
Carlos me acariciaba suavemente el pelo y me daba cortos besos en la cabeza.
-        Ya esta pequeña, yo te cuidaré siempre, si tú me dejas… No llores por favor, no puedo verte así…
Yo me separé de él para mirarle a los ojos.
-        Gracias Carlos, lo siento pero no podía evitarlo. Yo… no quiero perder de nuevo a la gente que quiero… no lo soportaría, ya han sido demasiadas…
-        Lo sé, Marta me contó y me sentí fatal, no sabes cuánto lo siento, pero a mí no me perderás te lo prometo, además yo… yo te quiero Elena y nunca podría irme de tu lado aunque quisiera…
Yo sonreí y le acaricie la mejilla. Estaba tan a gusto hablando con aquel chico, con Marcos también me sentía bien pero no sé era distinto, había algo en Carlos que me atraía más que Marcos. Sentía como mi corazón latía más deprisa cada vez que estaba con Carlos, no podía evitarlo, segundo a segundo me enamoraba más de él. Pensareis que es una locura, ¿Cómo te puedes enamorar de una persona en solo una tarde tras conocerla? Pues no sé pero yo sentía que así era. Llámenlo un flechazo o amor a primera vista…
Reaccioné y vi que Carlos seguía parado frente a mí mirándome, como si él también estuviera pensando sobre mí. Así que aproveché y le di un corto beso en los labios.
-        Bueno creo que es tarde y Marta… no puede ser que aun este en el baño- le dije
-        No, Marta no está en el baño cielo, ella se ha ido a casa, me lo dijo antes de que quedáramos. Ella ya lo tenía todo preparado- sonrió él.
-        Vaya vaya con Marta, que bien calladito se lo tenía- dije fingiendo estar molesta.
-        Anda tonta, ¿es que no te alegras de que nos haya dejado solos?
-        Pues claro que sí, lo estaba deseando desde que te vi en la puerta, pero… ahora… me tendré que ir sola a casa y ya está anocheciendo.
-        De eso nada, ¿Cómo te vas a ir sola a casa? Para eso estoy yo, te acompaño hasta tu casa para que no te pase nada y no me digas que no porque si no me enfado- dijo riéndose.
-        ¿De verdad? Muchas gracias Carlos, bueno, no te voy a decir que no, porque la verdad me da mucho miedo irme sola. Bueno pues entonces pagamos y nos vamos que se está haciendo tarde ¿vale?- le sugerí.
-        Si si, yo invito tranquila no te preocupes por nada.
Carlos pagó y salimos de aquel velador dirección a casa, cruzamos el parque dando un paseo, cogidos de la mano y sin parar de mirarnos, poco más y tropezábamos con la gente. Por el camino hablábamos de cualquier cosa. Le dije que por favor viniera a la fiesta que Marta había preparado mañana con todos nuestros amigos. Además Marcos también vendría, y aunque sería una situación algo incomoda, mañana tendría que elegir entre Marcos y Carlos. Estaba un poco nerviosa, no quería que ninguno se enfadase, pero estaba segura de mis sentimientos y sabía lo que tenía que hacer.
Carlos aceptó encantado.
-         Pues claro que voy, con tal de verte a ti me da igual donde tenga que ir- dijo con una  sonrisa de oreja a oreja.     
-        Eres un encanto Carlos, gracias por tratarme tan bien, no creo que lo merezca después de todo…
-        No digas eso, tú te mereces todo lo mejor Elena, ya has sufrido bastante y yo haré que seas feliz de una vez por todas, eres tan… delicada, tan sensible… pareces una muñequita y a esa muñequita la quiero proteger con toda mi alma, aunque sea lo último que haga- dijo muy convencido y seriamente.
-        No exageres, no quiero que hagas tonterías por mí, yo… no quiero perderte ya lo sabes, te quiero…


Estábamos llegando a casa y me paró en un momento, cogiéndome de las manos y acercándome a él.

-        A mí no me perderás, pero no puedo permitir que te hagan daño, no sé qué sería de mí si algo pasase. Me tienes contentísimo, estoy feliz, creo que ahora vuelvo a sonreír gracias a ti, y es que jamás había sentido algo tan fuerte con ninguna otra chica, tu… Elena… eres muy especial- dijo para después besarme dulcemente, suave, a ritmo lento, pero llenos de pasión.

Pero no quisimos adelantar nada aun, solo nos habíamos visto un día y queríamos que las cosas fueran despacio y bien.
Terminamos de besarnos y me acercó hasta la puerta de casa. Nos despedimos aunque nos costó bastante separarnos.
-        Espero verte mañana en la fiesta, te echaré de menos esta noche. Gracias por todo ha sido una tarde maravillosa.- le dije.
-        Gracias a ti, conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado. Mañana te veo y si me permites me gustaría pasar a recogerte a casa, ¿te importa?- dijo haciéndome un puchero para convencerme.
-        Bueno… pues yo…- pero al verle la carita que me ponía no me pude resistir y no se lo pude negar- Esta bien, te dejo que vengas a recogerme…
-        Muy bien, pues a las ocho estoy aquí puntual para ver a la chica más guapa de la tierra- dijo exagerando y cogiéndome por la cintura.
-        Que trolero estas hecho, nos vemos mañana, que descanses y sueñes con los angelitos- dije dándole un pequeño beso.
-        Mmm… entonces eso suena a que seguramente soñaré contigo- dijo sonriéndome. Hasta mañana Elena, te quiero.
-        Yo también te quiero. Adiós.

viernes, 8 de octubre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 8: Primera parte

Carlos
                                                                                  

Carlos era un chico muy peculiar, alto, moreno de piel, de pelo castaño y con unos ojos azules que con solo mirarlos parecía que te adentraras en el mismísimo mar. Físicamente era musculoso y bien proporcionado. Y solo con aquella mirada que me puso al recibirme supe que era un buen chico. Tal vez me dejaba llevar por las apariencias, pero algo en mi interior me decía que aquella persona merecía la pena conocerla.
-        ¡Hola Elena!- me saludó Marta dándome un gran abrazo.
-        Hola Marta, ¿Cómo estás?
-        Pues muy bien como siempre ¿y tú?- dijo mirándome de arriba abajo. Vaya…, pero que guapa te ves hoy, ¿verdad Carlos?- le preguntó dándole un codazo.
-        Jamás había visto tanta belleza junta- dijo aquel chico mirándome asombrado y sin apartar su vista de mis ojos. Soy Carlos, encantado de conocer a tan esplendida chica, ¿cuyo nombre es…?
-        Soy Elena- dije con una tímida sonrisa- mucho gusto y gracias por el cumplido.
-        No hay de que “demoiselle”- dijo haciendo una reverencia y sin dejar de reírse.
-        Bueno, bueno- interrumpió Marta, dejémonos de presentaciones y vámonos ya. ¿Estás lista ya esta vez, no Elena?
-        Si , si solo me falta coger el bolso, un momento, esperadme.
Corrí a la habitación donde tenía el bolso ya preparado con el monedero y el móvil, y salí pitando hacia la puerta pues quería seguir viendo aquellos lindos ojos azules.
¡Qué ojos! No podía parar de mirarlos. De camino al velador Marta estaba en medio de los dos y Carlos y yo a su lado, puesto que cada vez que teníamos que dirigir la vista hacia Marta para escucharla, nuestras miradas se cruzaban y una sonrisa se dibujaba en nuestras caras, una tímida pero a la vez picara sonrisa.
Llegamos al velador donde nos sentamos de tal manera que Carlos y yo quedáramos en frente.
Cualquiera que nos viera adivinaría en dos segundos que ambos estábamos gritando por dentro: “¡¡Quiero conocerlo/la, Marta déjanos a solas!!” Era una situación graciosa la verdad.
Marta hablaba y hablaba como siempre, pero ninguno de los dos la escuchábamos pues andábamos ocupados mirándonos fijamente y pensando misteriosamente el uno en el otro, aunque llegó un punto que Marta se dio cuenta y disimuladamente se levantó, fingiendo que tenía que irse al baño. Asi que cogió su bolso, me miró para guiñarme un ojo y se dirigió dentro del bar hacia, supuestamente, el baño.
Carlos me había atraído de manera peculiar, no sé si físicamente o por su forma de ser…, pero si apenas le conocía… ¿Cómo podía sentirme a gusto con su presencia? Si solo habían pasado unos minutos, tal vez una hora…
-        Bueno…-comenzó a decir él- veo que Marta al fin nos ha dejado un rato solos, pensé que no pararía de hablar nunca- dijo levantándose y sentándose en el asiento donde Marta había estado para así estar a mi lado.
-        Ja ja, la verdad que sí, pero bueno, es que la encanta cascar, es así. Bueno cuéntame, ¿qué años tienes y a que te dedicas?- le pregunté.
-        Pues tengo 23 y trabajo de pediatra en el hospital, por así decirlo soy médico.
-        Vaya con que te gustan los niños también entonces ¿no?- pregunté curiosamente.
-        Pues la verdad que sí, son una ricura y añadiendo mi pasión por la medicina…- dijo sonriendo y sin dejar de mirarme con esos ojos intensos.
-        Vaya, pues está muy bien…
-        Bueno ¿y tú que años tienes? ¿a qué te dedicas?- me preguntó.
-        Pues tengo 22 y a mí también me encantan los niños así que soy profesora de infantil en el colegio de aquí al lado, y la verdad que los peques me alegran el día…
-        Anda, no pensé que a ti también te gustaran los niños, veo que tenemos gustos parecidos. Seguro que eres una buena profe…- dijo sonriendo y mirándome profundamente.
-        Bueno, hago lo que puedo, pero las madres están encantadas conmigo, no sé…
-        Claro que sí, además yo también estoy encantado contigo, eres estupenda y muy hermosa…- dijo bajito y cogiéndome de la mano…
Yo no sabía que decir y me sonrojaba por momentos.
-        Tu… tú también eres guapísimo…- le dije algo entrecortada y agachando la cabeza.
Él inmediatamente alzó mi barbilla para que mis ojos le miraran y nuestras miradas se cruzaran. Con la otra mano me acarició suavemente la mejilla y yo sentía escalofríos.
-        Me encantaría conocerte mejor, si tú me dejas claro, jamás había conocido a una persona tan especial como tu Elena…
Simplemente asentí con la cabeza y sonreí… Notaba como Carlos se acercaba lentamente, sentía una especie de tensión, como si el estómago se me subiera de golpe…, más o menos, como bien dicen, sentía mariposas en el estómago.
Hasta que en un abrir y cerrar de ojos note sus labios rozando los míos. Nos besamos tiernamente, lento pero con pasión, nuestras lenguas se encontraban y yo estaba sintiendo tal atracción por Carlos que de no ser porque estábamos en la calle…
Poco a poco nos separamos sin saber que decir, hasta que hablé yo…

domingo, 3 de octubre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 7: Segunda parte

Marta seguía pensando en su decisión de presentarme algún chico con el que pudiera “distraerme”. Iván y Marta llevaban unos meses viviendo juntos y como cada noche cenaron en casa. Durante la cena ella le contó a su novio que ya sabía que chico tenía en mente.
-        Cariño, pues he estado pensando y creo que sé quien puedo presentarle a Elena para que cambie su actitud y se anime.
-        ¿Ah si? ¿Y quién es?- preguntó Iván con curiosidad.
-        Pues había pensado en Carlos, es un chico muy majo, simpático y no es mala persona, además le conozco bien y sé que se desvive por las personas a las que quiere. Estoy segura que si todo saliera bien sería el chico perfecto para Elena… ¿Qué te parece?
-        Llevas razón, no había caído en él, pero si es verdad, Carlos es un buen tío, además yo me llevo genial con él y también lo conozco y no creo que la haga daño. Y bueno… todo hay que decirlo, es bastante guapo- dijo incitando a su novia a que diera una respuesta.
-        Bueno… pues… si pero…- decía Marta entrecortada para que su novio no se pusiera celoso.
-        Ja ja, anda tonta que no me importa que lo digas si yo sé que me quieres mucho ¿verdad?

Marta suspiró tranquila y miro con cara de enfado a Iván pues la había puesto en un aprieto.

-        No me vuelvas a hacer eso tonto- dijo ella aparentando estar enfadada.
-        Es que me ha hecho gracia la cara que has puesto, incluso así estas más guapa- dijo con una sonrisa pícara.
-        Bueno, Carlos es guapo, si, y tiene unos ojos preciosos, pero no más que tu… Tu siempre serás mi tesorito- dijo dándole un tierno beso.

Al final los dos decidieron que Carlos era una buena opción.
Yo no le conocía, pues Marta nunca me lo había presentado, y era casi el único amigo que ella tenía y que no conocía aun, pues casi todos sus amigos también eran mis amigos.

                                          ………………………………………………………..

Me fui enseguida a la cama para repasar mentalmente aquel día tan movidito que había tenido. No podía quitarme de la cabeza a Marcos y de vez en cuando me aparecía la imagen de David. ¿Querría sustituir el amor de David por el de Marcos? ¿Le diría que si a Marcos, solo para no sentirme sola y poder sentirme querida? Eso no sería justo, pues no se merecía eso. Creía que lo mejor en ese momento sería conocerle un poco mejor, quedar con él más a menudo para ver si realmente sentía atracción hacia Marcos y no era puro cariño de amigos.
Y pensando en todo esto e intentando aclarar mis sentimientos, me quedé dormida profundamente.

La semana pasó sin ninguna novedad, todas las mañanas me iba a trabajar al colegio y venía a comer a casa, por las tardes hacía cosas en casa, o  algunas me tenía que quedar en el colegio preparando clases, ordenando, etc.  Otra tarde quedé con Marta para ir de compras, otra con Ana para avisarle sobre la fiesta que mi amiga tenía planeada para ese fin de semana, etc.

Los pensamientos hacía Marcos acabaron pronto, pues decidí que no sentía algo más por él, simplemente amistad. No me llamo en toda la semana, supongo que aun estaba arrepentido de haberme contado sus sentimientos, yo tampoco quise llamarle, no quería estropear la amistad que teníamos y además le vería pronto en la fiesta…
Para el viernes yo había quedado con Marta, pero lo que no sabía era lo que me tenía preparado mi amiga. Aunque algo me avisó y me contó que sería probable que también se apuntara a la quedada Carlos, aquel chico que Marta estaba empeñada en presentarme. Yo seguía con mi nueva mentalidad y se me notaba muchísimo el cambio. Ahora si era yo, siempre sonriendo, guapa, con ganas de vivir y con una energía en el cuerpo increíble.
Todos los días procuraba ir bien arreglada con la nueva ropa que me había comprado con Marta aquella semana. Aunque tampoco dejaba de lado la ropa vieja pues no me quedaba tan mal.
Llegó el viernes por la tarde, después de una larga mañana de trabajo, antes de que Marta llegara acompañada de Carlos, decidí darme una ducha relajante antes de prepararme, pues aun quedaba bastante para que llegaran y esta vez sí que no iba a permitir que me esperaran, además de que me daba vergüenza y temía lo que pudiera pensar Carlos de mí. Me relajé durante diez minutos bajo el agua mientras caía por mi cabeza. Cuando salí de la ducha con una toalla, busqué en el armario algo para ponerme.

-        ¿Vestido o pantalón corto?- pensé hablando para mí misma- No, no ¿o mejor vestido y falda?

No quería lucir mucho mis piernas, pues no me gustaban nada y prefería evitar enseñarlas, sobre todo si había chicos a la vista, por lo que al final me decanté por un vestido por encima de las rodillas rojo, con tirantes finos y escote en pico. Me gustaba como me quedaba ya que el rojo favorecía bastante a las morenas, o eso creía yo, pero me sentía muy bien y cómoda. Cogí mis tacones rojos y me los puse. Me miré en el espejo del armario y me vi magnífica.

-        Vaya Elena, va a resultar que vas a ser guapa y todo- dije para mí misma sin poder evitar reírme.

Como aun tenía tiempo hasta que mi amiga llegara, decidí rizarme el pelo, además de que me gustaba, me daba un aire de chica más sexy y joven y quería causar buena impresión a aquel nuevo chico que Marta traería. Me entraba curiosidad por conocerle, pues ella siempre estaba hablándome bien de él para intentar convencerme que era un gran partido para mí, así que ya que se empeñaba en presentármelo, pues quería ir bien guapa.
Cuando terminé de arreglarme el pelo me maquillé de manera natural, no muy recargado pero sí que se notara. Pinté el parpado de los ojos de una sombra roja para resaltarlos bien y así que contrastara con el vestido, rímel en las pestañas y solo brillo para mis labios, pues ya bastante había resaltado los ojos… Me miré al espejo y la verdad que estaba estupenda. Marta no me había notado mucho mi nueva mentalidad, pues cuando fuimos de compras a penas estuvimos tiempo y no mostré muchas señas de alegría y, por lo tanto, quería sorprenderla y que se llevara una alegría. Bueno no solamente pretendía sorprender a Marta, sino también al acompañante.

“DING DONG” Sonó el timbre, Marta y Carlos ya estaban ahí. Fui lo más deprisa que pude a abrir y allí estaba Marta tan guapa como siempre y a su lado, había un chico, supuse que sería Carlos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 7: Primera parte

(Marcos)

Iba caminando dirección a mi casa ya después de un largo día de trabajo. De repente una voz femenina me paró me agarró del brazo en un instante e intenté reconocer quien era aquella maravillosa mujer.
-        ¿Marcos?- me dijo dudosa
Entonces caí en la cuenta, me vino la luz como quien dice. Elena, si, ahora me acordaba de su nombre, mi preciosa Elena. Estaba en Cádiz, también como yo. Era una alegría volver a verla. Estuvimos hablando durante unos minutos, su sonrisa me hipnotizaba. Era tan bella… Siempre estuve enamorado de ella, pero jamás tuve el suficiente valor de decírselo. Elena y yo íbamos en el instituto a la misma clase. Ella ya era guapa de por sí, pero ahora… ahora estaba magnifica, perfecta, con esa mirada tierna, con su sonrisa. Parecía una muñeca de porcelana. Éramos amigos por aquel entonces, siempre me ayudaba cuando los demás chicos se metían conmigo, pues yo no fui demasiado guapo en mi infancia. Pero ella siempre estaba allí apoyándome. Al finalizar los estudios nos separamos, no supe nada más de ella, la perdí para siempre y con ella mis esperanzas de poder amarla. Pero ahora… ahora la tenía delante, preciosa, bella. Increíble, mi sueño hecho realidad. No podía dejarla escapar, no ahora que por fin la había encontrado. Pero me acordé que tenía novio, por lo menos cuando estaba en Madrid salía con un tal David, asi que mi sonrisa desaparecía lentamente de mi cara. Me contó el por qué se mudó a Cádiz, como sus padres se separaron, como al poco falleció su madre… Me entraban unas ganas enormes de abrazarla. Seguramente habría sufrido mucho y ahora intentaba quitarle hierro al asunto. Poco después también me contó su ruptura con David…. ¿Ruptura? “Ósea que… han cortado”- pensaba para mis adentros. Bien por fin, ahora si que si, estaba sola, tenía una última oportunidad. No pude evitar ponerme furioso cuando me contó el motivo por el cual aquel cabrón la dejo. Idiota, solo por unos cuantos kilómetros. No se lo merece, ella no… Poco después me preguntó indirectamente si tenía novia. Yo sonreí por aquello, pues al menos notaba que le importaba cual era mi situación. No pude contenerme y la dije demasiadas cosas bonitas, palabras que no debería haberla dicho pues ahora sabría que me gustaba. Pero no pude evitarlo, cuando el amor aflora, no hay nada ni nadie que lo pare.
Estábamos a punto de despedirnos, tuve ganas de besarla, la ocasión lo pedía. Poco a poco me iba acercando a ella, pero en seguida vi su cara de sorpresa, susto, confusión. Y en un abrir y cerrar de ojos, vi como su bolso desaparecía de su brazo.
Automáticamente seguí a aquel ladrón, corría y corría. Tenía que recuperar el bolso de Elena, lo hice si pensar, la quería demasiado… Oí por detrás como ella grito mi nombre. Pero tenía que alcanzar al ladrón. Doblé la esquina y en dos zancadas conseguí inmovilizarle y tumbarle en el suelo. Le agarré las manos mientras le quitaba el bolso. No pude evitar darle unas cuantas bofetadas, se las merecía. Estaba furioso y le apretaba las muñecas con más fuerza para que no se moviera. De repente apareció ella, asustada, pero hermosa a la vez. Jadeante de haber corrido detrás mía. En cuanto me vio me preguntó preocupada y yo a ella. No estaba herida, ningún daño. Gracias a dios. Cogí el móvil y marqué el número de la policía. Ese ladrón se pudriría en la cárcel por molestar a mi querida Elena. En pocos minutos llegaron. Tuvimos que ir a comisaría para declarar. Elena ya estaba más tranquila, a veces la sujetaba con el brazo por detrás y ella me miraba agradecida. Se hizo tarde y la acompañé a casa andando. Yo me sentía bien  a su lado, por fin había conseguido encontrarla, pero por otro lado, tenía miedo. Dudaba si contarle algo respecto de mis sentimientos hacia ella. Me centré en la realidad y me di cuenta que ya estábamos en su portal y ella intentaba convencerme para que me quedara a comer.
-        Por favor Marcos, acepta mi invitación a comer, después de lo que me has ayudado no sé como recompensártelo, además así me cuentas más de ti, que hacía mucho que no nos veíamos- me pedía suplicante.
Al principio no quise, no quería molestar, y sabía que me iba a sentir algo incomodo a su lado sin decirle nada… tenía que confesárselo… Así que al final acepté a regañadientes y subimos a su casa. La comida estuvo deliciosa, era buena hasta cocinando, mi perfecta Elena… Yo hablaba poco, solo de temas triviales pero nada más. Aun seguía dándole vueltas a mi decisión. Al final, nos sentamos los dos en el sofá mientras intentábamos ver la tele. Notaba como de reojo ella me miraba preocupada, hasta que me habló:
-        Marcos… yo… quería preguntarte si te preocupa algo, pues te noto ausente y preocupado, sabes que puedes contarme lo que quieras. ¿Es que no te ha gustado la comida? ¿O no te alegras de verme?- me preguntaba preocupada con esa cara tan angelical.
No pude evitar sonreír, cogerla del mentón y mirarla profundamente a los ojos. Intenté calmarla convenciéndola que no me pasaba nada, pero ella insistió… hasta qué una indirecta salió de mi boca.  Al final, de una manera u otra le confesé que estaba enamorado de ella.
Vi su cara, entre confusión, duda, sorpresa… Tuve que explicárselo, pues no captó mi indirecta. Tenía miedo de que me rechazara, y aunque lo hiciera, de perderla como una gran amiga. En esos momentos me arrepentí de haber abierto la bocaza. Pero ella me explicó que aun no estaba segura, que no podía darme una respuesta, necesitaba pensar. Yo no le reproché nada y acepté su tiempo de espera. Antes de despedirme de ella, inconscientemente iba acercándome a ella, sentía su respiración muy cerca de mí. Quería besarla. Mi sorpresa fue que esta vez no se apartó, se dejo llevar. Aquella sensación era alucinante… Rozaba sus dulces labios, nuestras lenguas se encontraban mientras jugaban. Duró unos segundos pero fue algo maravilloso. Cuando nuestros labios se despegaron su mirada se cruzó con la mía, la deseaba, pero no quería hacerla sentir incomoda, así que me levanté y me despedí de ella mientras salía por la puerta. Unas horas increíbles a su  lado, sin ni siquiera hacer nada, pero el simple hecho de verla me hacía feliz. Tenía que conseguir su amor… Pero no sabía cómo empezar… ¿O como seguir? Mientras pensaba en todo esto y en el dulce beso que hacía unos minutos Elena me había dado, llegué a mi casa.

viernes, 24 de septiembre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 6: Segunda parte

Ante tal comentario Marcos reaccionó, alzó la cabeza, y me miro con esa mirada tan profunda, acariciándome la mejilla con sus dedos me dijo:
-        Pero que tonterías, ¿Cómo no me voy a alegrar de verte? Si es lo mejor que me ha pasado en todo el día y la comida estaba riquísima.
-        Entonces… ¿Por qué estas así? ¿Te he hecho algo?- pregunté preocupada.
-        Bueno…no exactamente, pero si hacerme algo incluye enamorarme..., pues me temo que sí, me has hecho algo…

Aquella respuesta de Marcos, me dejo sin palabras, no supe que decirle y me hice la tonta, aunque sabía perfectamente a lo que se refería… ¡Marcos me estaba intentando decir que se estaba enamorando de mi! Al principio pensé que era una locura, pues solo nos habíamos visto aquel día, pero claro luego caí en la cuenta que podía ser que llevara enamorado de mí desde el instituto…. Como prefería que me lo explicara, pue cara extrañada, como si no hubiera entendido su comentario, aunque lo sabía perfectamente.

-        No… te entiendo. Explícate por favor…
-        Pues Elena, que… veras… yo… bueno… tu a mi…
-        Por favor al grano que me pones nerviosa…
-        Que... tu a mi me gustas Elena, me gustaste desde el instituto y después de haberte encontrado hoy por la calle me he acordado de lo que sentí por ti hace tiempo, porque ahora mismo sigo sintiéndolo, pero es que no quiero que si me rechazas dejemos de ser amigos, ni quiero que pienses que soy un aprovechado ni nada, yo jamás te haría daño, solo te digo lo que siento por ti, pero si no estás segura aceptaré un rechazo…

Me había quedado boquiabierta, aunque sabía lo que me quería decir desde un principio, pero la forma que me lo dijo, hizo incluso que sintiera lastima… Pero yo... yo no estaba segura de mis sentimientos, también tenía miedo, miedo a volver a sufrir como con David… No sabía qué hacer, ni podía darle una respuesta a Marcos en esos momentos, así que le hice esperar.

-        Va… vaya Marcos, yo… no sabía que tú…- dije entrecortada.
-        Tranquila, no pasa nada es normal, pero no quiero presionarte ni nada.
-        Pues me temo que ahora mismo no sé qué decirte, es que yo… yo no sé cuáles son exactamente mis sentimientos hacía ti y necesito tiempo para pensarlo, tu… tu eres fantástico, un chico maravilloso, guapo, pero… no quiero hacerte daño sin estar segura de lo que quiero, además tengo miedo a sufrir otra vez…  Por favor perdóname pero tengo que pensar…
-        Lo entiendo, no pasa nada, sabes que estaré esperándote todo lo que haga falta- me dijo acercándose a mi lentamente…

Poco a poco Marcos se acercaba, ahora no quise retirarme, sabía que quería que nuestros labios se rozaran y no se lo impedí, pues un beso podía aclarar mis sentimientos hacía él.
Me cogió de la barbilla y mirándonos fijamente antes de besarme me dijo:
-        Te quiero Elena…
Y nos fundimos en un beso ni muy corto ni muy largo, pero muy apasionado y lleno de cariño. Aquel beso fue… fue precioso, fue inolvidable, pero no basto para aclararme…
-        Creo que debo irme ya Elena, no quiero molestarte más y ya he hablado más de la cuenta hoy- dijo arrepintiéndose de haberme contado lo que sentía.
-        No seas tonto, te agradezco mucho que me lo hayas contado, así sé que eres sincero, perdóname tú a mí por mi indecisión…
-        No tengo que perdonarte nada Elena, necesitas tiempo, lo entiendo… Pero bueno yo me voy ya, que es tarde.
-        Está bien, espero volver a verte pronto aunque te llamaré antes ¿vale?
-        Vale, gracias, me gusta que me llamen- dijo sonriente y dirigiéndose a la puerta.
-        Adiós Marcos, gracias por todo y me alegra haberte visto, cuídate un beso.
-        Igualmente Elena, ya hablaremos, te quiero- y se marchó cerrando la puerta.

Menudo día, la verdad que después de cambiar mi mentalidad respecto a David parecía que todo iba sobre ruedas, ¿o quizás no? Tenía que darle una respuesta a Marcos y seguía dándole vueltas sin hallar nada.
La tarde paso tranquila, no salía apenas, necesitaba pensar, aunque quería contarle a alguien lo ocurrido pero no me apetecía salir. Aquella noche cené pronto y llamé a Oscar más temprano pues quería irme a dormir y consultar mis sentimientos con la almohada.
 A él no le conté nada, no quería publicarlo hasta que yo no estuviera segura de lo que hacer.

martes, 21 de septiembre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 6: Primera parte

Marcos
                                                                                     
¡Y tan asombrada! Aquel comentario de Marcos me dejó sin palabras, la verdad que se notaba que aun seguía queriéndome mucho y se alegraba de haberme visto, pero… de ahí a que me dijera esas cosas… Incluso le notaba la cara triste, como si se sintiera arrepentido porque no hubiera podido cambiar la situación… Si, no sé cómo explicarlo, pero sentía que Marcos me quería y no precisamente como amigos…. Se lo notaba en la forma de hablar, de sonrojarse, de mirarme de esa manera tan tierna y cariñosa como si quisiera protegerme con la mirada…
-        No me las des de veras Elena, te lo mereces…- dijo de nuevo.
-        Pues tú también te lo mereces Marcos, porque la verdad eres un chico majísimo y vales mucho, mereces ser feliz y que alguien te quiera y te respete.
-        Espero no tardar mucho en encontrar ese alguien- dijo mirándome profundamente y acercándose poco a poco a mí.
Sabía las intenciones que tenía, Marcos se acercaba lentamente para besarme, pero… pero no podía permitírselo, o tal vez si… No sé estaba confundida, necesitaba pensar, no sabía si Marcos me gustaba o no… Así que disimuladamente me separé de él para despedirme.
-        Em… bueno Marcos me temo que debo llegar a casa, que se va haciendo tarde y…
No pude terminar de hablar pues en ese momento sentí un tirón del brazo y vi que mi bolso había desaparecido. ¡Acababan de robarme el bolso!
-        ¡EY!¡Mi bolso!- grité lo más fuerte que pude intentando buscar con la mirada al sin vergüenza que se lo había llevado.
Marcos se dio cuenta enseguida y cuando quise decirle que me habían quitado el bolso le vi que iba corriendo detrás del ladrón…
-        ¡Ven aquí cobarde! ¡Te alcanzaré!- gritó Marcos furioso.
Vi que daban la vuelta a la esquina y los perdí de vista, pero yo aun seguía muy preocupada. Marcos perseguía a aquel ladrón y corría todo lo que sus piernas le permitían para recuperar ¡MI! bolso. De verdad se preocupaba por mí, pero bueno… tampoco es nada del otro mundo, cualquiera lo haría Elena ¿no?- pensé para mí misma.
Seguía allí plantada sin moverme, embobada en mi pensamiento respecto a Marcos.
“¿Qué hago?- pensé- ¿Voy en su busca o espero aquí…?”
Decidí seguirlos corriendo y doblar también la esquina, con la esperanza de que no estuvieran muy lejos y Marcos hubiera cogido al ladrón. Y así fue, cuando giré a la otra calle, vi como aquel miserable hombre estaba en el suelo y Marcos de rodillas le cogía las manos por detrás e intentaba movilizarle. Me acerqué lentamente a él.
-        ¡Maldito capullo! Jamás volverás a molestar así a la gente y menos a ir robando bolsos por ahí. Te vas a pudrir en la cárcel- decía Marcos con un tono bastante furioso.
-        Marcos, ¿estás bien? ¿Te ha hecho algo?- le pregunté preocupada.
-        Elena, estas aquí… No tranquila no me ha hecho nada, yo estoy bien ¿y tú? ¿Estás herida o algo?
-        No, no tampoco, solo que me tiró del bolso muy bruscamente y me lleve un sobresalto.
-        Tranquila, este mal nacido no volverá a molestarte, yo me encargo- dijo él muy seguro.
Marcos cogió el móvil y marcó el número de la policía, en unos minutos estarían allí para llevárselo aunque los dos tendríamos que declarar y contar lo sucedido.
Después de ir a comisaría y contar todo el suceso, Marcos me acompaño a casa. Era tarde y tenía que comer, así que pensé que lo más correcto sería invitarle a comer, pues me había salvado y había detenido a aquel ladrón, en cierta manera tenía que recompensárselo, además era una buena excusa para poder hablar más con él y aclarar mis pensamientos respecto a Marcos. Pues me sentía muy confundida y no sabía que me pasaba, notaba escalofríos cada vez que se acercaba a mí, pero no quería confundir mis sentimientos, tal vez me estaba equivocando y solo le consideraba un gran amigo.
Llegamos a mi casa y en el portal le convencí para que se quedara.
-        Por favor Marcos, acepta mi invitación a comer, después de lo que me has ayudado no sé como recompensártelo, además así me cuentas más de ti, que hacía mucho que no nos veíamos- le intenté convencer.
-        Pero es que… no quiero molestarte Elena, seguro que tienes algo que hacer o…- dijo con la cabeza agachada.
-        Tonterías, estoy siempre sola en casa con mi perrita así que no me vendrá mal un poco de compañía, venga anda que tú no eres molestia ninguna, ¡si me has ayudado hace un rato a recuperar mi bolso!- le dije fingiendo enfadarme para que aceptara mi invitación.
-        Bueno… está bien, pero me iré enseguida eh que no quiero estorbar- aceptó a regañadientes.
-        ¡Bien! Lo conseguí. Venga subamos que se hace tarde y a este paso no comemos.
Subimos a mi casa y Marcos venía detrás de mí sin decir palabra. En la cocina me ayudo a poner la mesa mientras hablábamos de temas sin importancia, de nuestros gustos, etc.
La comida transcurrió tranquila, parecía que Marcos estaba tranquilo, pero a la vez notaba que algo le preocupaba por dentro, pues seguía sin hablar demasiado. O tal vez me equivocaba y es que los hombres son así y no le pasaba nada. Pero para quedarme más tranquila quise sacar el tema después de comer. Tras recoger la mesa, nos sentamos en el sofá, la comida me había salido riquísima, no era muy mala cocinera, ciertas cosas se me daban bien.
Estábamos sentados en el sofá viendo la tele, aunque más bien hacia zapping pasando los canales sin ver nada. Marcos seguía contento pero sin hablar, así que me decidí a hablar con él.
Me giré para poder verle la cara y preguntarle.

-        Marcos… yo… quería preguntarte si te preocupa algo, pues te noto ausente y preocupado, sabes que puedes contarme lo que quieras. ¿Es que no te ha gustado la comida? ¿O no te alegras de verme?- dije algo triste.