Toda una vida luchando por alcanzar la felicidad siempre deseada, para conseguir al amor de su vida... Y tras ello, errores, traición, celos, muertes, infidelidad, venganza, caprichos... El no saber tomar buenas decisiones y no aclarar sus sentimientos, llevarán a Elena a tener un corazón caprichoso.



lunes, 9 de mayo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 23: Primera parte

Era una mañana soleada, pero corría un poco de brisa y se agradecía pues aquel calor era inaguantable. Como siempre, me quedaba embobada mirando las pequeñas cosas que iba encontrando por la calle mientras caminaba hasta el colegio.
Las tiendas acababan de abrir, otras aun permanecían cerradas. En el súper las mismas señoras comprando a primera hora. Aunque el parque estaba vacío, hoy no había apenas niños, además era aun muy pronto.
Pasé por la misma calle en la que me encontré con Marcos. Al principio un poco nerviosa y tensa por si me lo encontraba. Aún no sabía si se había enterado de mi desmayo ayer, o si lo sabía y ni si quiera se había preocupado. No le daba mucha importancia aunque en el fondo me dolía. Por suerte no me lo encontré por allí a esas horas, seguramente estaría trabajando ya.
En pocos minutos llegué al colegio. Esa semana me pasaría todas las mañanas por allí pues así me entretendría y charlaba con mis compañeros de trabajo. Me venía bien distraerme, pues siempre me aburría ya que David o trabajaba o tenía asuntos que resolver. Pensé en él, en cómo le habrían ido los análisis, pero ya le preguntaría cuando viniera a por mí a la una.
La mañana pasó amena, aunque deseaba que el reloj del pasillo marcara la una para ver a mi chico, ya le echaba de menos y solo había pasado un día sin él. Me divertía charlando con los demás profesores, mientras colocábamos archivos y proponíamos nuevas ideas para el próximo curso.
Así llegaron la una menos diez y como estaba ansiosa porque David llegara, fui al baño para retocarme el maquillaje y peinarme de nuevo. Saqué mi pequeño peine del bolso y estiré mi melena. Me pinté un poco los labios con carmín no muy rojo y me repase la raya negra en los ojos. “Lista”- me dije para mí misma mientras me miraba en el espejo y guardaba las cosas. Menos cinco. David ya estaría esperándome. Salí del baño directa a la calle pensando en mi chico, en si me encontraría guapa o no. Crucé la puerta de salida del colegio y allí estaba él, apoyado en la pared a mano derecha. Jugando con la llave del coche, mirando al cielo, con la mente vagando y pensando con una gran sonrisa. Cuando le vi se me iluminaron los ojos y una sonrisa se dibujó en mi cara. Era tan hermoso. Tenía un cuerpo esculpido como si un artista le hubiera tallado. David llevaba unos pantalones vaqueros piratas, un polo verde de Adidas de manga corta y unas chanclas negras. Guapísimo como siempre, vestía de manera sencilla y me encantaba. Me acerqué a él sigilosamente pero enseguida me oyó y giró la cabeza hasta donde estaba, mientras yo seguía acercándome para recibirle con un apasionado beso.
-          ¡Vaya! Por ahí viene el ángel tan hermoso de mis sueños- dijo riéndose pícaramente mientras yo esbozaba una sonrisa.
-          Hola mi amor- dije una vez llegué a él y le besé.


Aquel beso fue delicioso, de nuevo volvía a sentir su aroma, aquel olor que desprendía que me quitaba el sentido y no podía controlar las ganas de besarle fieramente. Un beso largo, intenso que demostró que los dos estábamos deseosos de volver a vernos.
-          Mmm… se nota que me has echado de menos ¿eh pequeña?- dijo  separándose un poco de mi, riéndose y relamiéndose los labios con la lengua suavemente mientras me cogía por la cintura.
-          Mucho - suspiré mirando al cielo- no sabes cuánto cariño.
-          Por cierto estas preciosa, con esa faldita tan corta me vas a volver loco ¿eh?- dijo observándome de arriba abajo y bajando su mano por mis piernas.
-          Que gracioso, pues a lo mejor debería quitármela para no provocarte ¿no?- dije riéndome y dándole otro corto beso.
-          Jamás y si te la quitas seré yo el que lo haga.
-          Bueno, bueno eso ya lo veremos. Por cierto, ¿qué tal los análisis?- le pregunté preocupada.
-          Ah, muy bien sin problemas. En una semana me darán los resultados, pero seguro que salen bien ya sabes que yo estoy hecho todo un toro y soy muy fuerte- dijo mientras se reía.
-          Ya bueno, pero nunca se sabe. Ya me contarás que dicen los resultados.
Terminada aquella empalagosa y a la vez cariñosa conversación nos dirigimos hacía su coche. Era el mismo que hacía dos años, un Mercedes C220 en color plateado, precioso. Me abrió la puerta del copiloto, comportándose como todo un caballero. Me senté cuidadosamente para no arrugar la falda y quiso ponerme el cinturón pero no le deje.
-          ¡Pero bueno, que tengo manos eh! Déjame que me lo ponga yo ¿no?- le dije un poco molesta y mirándole con el ceño fruncido.
-          Jo- me dijo haciéndome un puchero y poniéndome ojitos- es que me hace ilusión tratarte como una reina, por favor déjame.
No se lo pude negar con esa carita, era imposible resistirse a sus peticiones. Le quería tanto que con él me costaba decir un no. Así que le deje que cogiera el cinturón y me lo pusiera. Antes de cerrarme la puerta del copiloto me dio un corto beso y me dio las gracias. Supongo que sería por haberle dejado que me mimase tanto, porque por otra cosa… Yo reía para mis adentros, sonreía de oreja a oreja. Era tan feliz.
Él abrió su puerta, se sentó y me miro dulcemente mientras la cerraba y se abrochaba su cinturón.
-          ¿Preparada muñeca?- me dijo vacilante arrancando el coche y lanzándome una tierna sonrisa.
-          Bueno, creo que sí. Aunque no sé si saldré viva contigo al volante- reí mientras le sacaba la lengua en tono de burla.

sábado, 30 de abril de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 22: Segunda parte

Pensé en David, no quería contarle nada sobre mi desmayo. No era plan de preocuparle por una tontería, así que le llamé pero solo para contarle que quedábamos mañana. Me senté en el sofá, pues estaba ya cansada. Luna, dio un salto y se tumbó en mis piernas moviendo la colita alegre. Cogí el móvil y busqué el número de David. A los dos toques me lo cogió.
-          Hola preciosa.
-          Hola cariño, ¿Cómo estás?- le pregunté.
-          Yo muy bien, echándote de menos ya y eso que solo ha pasado un día sin verte- me dijo cariñosamente.
-          Yo también te echo de menos así que había pensado en que nos viéramos mañana, ¿Qué te parece?
-          Por supuestísimo, estoy deseando verte. Me viene bien, además mañana no tengo nada que hacer, ¿Dónde?
-          Pues lo cierto es que van a venir a comer mis amigos: Oscar, su novia María, mi amiga Marta y su novio Iván y quería presentártelos asique te agradecería si aceptases mi invitación. Me gustaría que vinieras, por favor- le dije con voz de súplica.
-          Mmm...- pensó durante unos segundos - suena bien, con tal de estar contigo me voy donde haga falta preciosa- dijo con esa voz tan dulce.
-          Gracias cielo. Pues es que tengo que ir al colegio por la mañana y mis amigos vendrán a las dos así que, si no puedes venirte antes, pásate también a las dos por mi casa- le dije esperando que se ofreciera a recogerme en el colegio.
-          Pues yo he pensado algo mejor. Te recojo cuando salgas del colegio y nos vamos juntos en mi coche a tu casa y así te ayudo con la comida ¿te parece bien?- se ofreció.


Dicho y hecho. Como le conocía. Si es que era un encanto. Me sentía como una reina cuando me recogía en su coche, me hacía sentir muy bien.
-          Vale si no tienes nada que hacer. Muchas gracias David.
-          ¿A qué hora sales?
-          A la una aproximadamente.
-          Está bien, estaré en la puerta esperándote cinco minutos antes, como un buen caballero- dijo entre risas.
-          Como quieras- dije riéndome yo también- nos vemos mañana. Estaré esperando impaciente el momento de verte y besarte- le dije pícaramente.
-          Y yo de abrazarte, de corresponderte a ese magnífico beso y llevarte en mi coche- dijo dulcemente.
-          Descansa cariño y sueña con los angelitos.
-          Entonces soñaré con uno en especial llamado Elena.
-          Y yo con uno muy hermoso llamado David. Hasta mañana te quiero.
-          Adiós princesa, descansa, te quiero.
Y colgué de nuevo el móvil. Un suspiro de amor. Cada vez me enamoraba más de mí querido David. Era tan maravilloso, tan perfecto. Había cambiado físicamente durante estos dos últimos años, pero seguía siendo igual de simpático, atento y le amaba tal y como era. Deseaba impaciente que llegasen la una de mañana y poder besarle, poder sentir su aroma a esa colonia tan especial que no sabía cuál era pero que me encantaba y me hacía sentir un fuego ardiente en mi interior. Poder abrazarle y sentir sus manos en mi cintura mientras que un escalofrío recorría mi cuerpo. Era algo magnifico.
Estaba muerta de sueño así que cogí a Luna en brazos y me fui a la habitación con el móvil en la mano. Dejé a la perrita en la cama y me puse enseguida el pijama, me cepille los dientes y me quité el maquillaje. No tardé en tumbarme en la cama y caer dormida profundamente. Definitivamente había sido un día muy ajetreado. El hospital me había cansado, los nervios por el problema con Carlos, toda la tensión acumulada, etc.
Aquella noche fue la primera en mucho tiempo que dormí en condiciones. Recuerdo que soñé con Carlos, que no me perdonaba y que me pegaba, que no le importaba nada mi amistad y le perdía para siempre. Más bien fue una pesadilla, pero al levantarme y ver que había sido un sueño respiré tranquila.

Me desperté feliz con una sonrisa iluminando mi cara con ganas de que ese día fuese especial y tenía el presentimiento de que lo iba a ser. Me di una ducha rápida y salí con la toalla para abrir el armario y pensar que podría ponerme para impresionar a David ese día. ¿Falda? ¿Pantalón? Tras unos minutos dudosa, me decidí. Falda corta. Sí, perfecto. Cogí un conjunto de falda corta de vuelo blanca con una camiseta de tirantes con escote en forma de pico que me daba un tono veraniego y me sentaba muy bien. Unas sandalias blancas atadas al tobillo y preparé mi bolso cruzado gris.
Yo nunca había dado importancia a mi cuerpo, nunca me preocupaba por ir guapa o no, pero desde que David entró en mi vida todo cambió. Él me hizo ver cosas que yo no veía ni valoraba de mi cuerpo. Cuando quedaba con él siempre me gustaba que me viera guapa, siempre, incluso cuando salí con él por primera vez en Madrid. Después de los dos años que estuve sola en Cádiz, amargada y triste sin encontrar la felicidad, descuidé mi imagen. Ya no me importaba que ponerme, pues no estaba allí él para que me encontrara esplendida y hermosa. Y por supuesto no pensaba en fascinar a nadie más. Pero cuando su amor volvió, con ello volvieron las ganas de arreglarme, de verme guapa, aunque claramente Marta también influyó mucho ayudándome y apoyándome en cada momento incluso antes de que él volviera.

 Me fui a desayunar y decidí alimentarme bien, tanto que acabé con el estomago lleno, parecía que iba a explotar. Eran las nueve y media. Recogí la cocina, hice la cama y fui al baño a arreglarme. Lavarse los dientes, hidratarse la cara, maquillaje sencillo pero que resaltara y estirar mi larga melena morena. Lo de todos los días.
“Perfecta Elena”-pensé mientras me miraba una vez más al espejo.
Cogí el bolso con el móvil, pintalabios, peine, raya, monedero, clínex y las llaves que las tenía que meter después de cerrar la puerta.
Salí decidida de casa, casi dando saltitos de alegría, parecía una chica de quince años. Aunque me sentía mal por Marcos aun, conseguí olvidarme de él por unos días y cuidarme más a mí misma. Reír y ser feliz me venían muy bien en esos momentos.

jueves, 21 de abril de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 22: Primera parte

Por fin, por fin me había quitado algo de encima, y tenía uno de mis tantos problemas solucionados. Carlos me había perdonado, volvíamos a ser amigos y ahí estaba yo, con él, abrazándonos por haber recuperado nuestra amistad. Yo llorando de alegría, me había olvidado de Marcos por un instante, ya pensaría como arreglar las cosas con él, ahora solo me centraba en Carlos.
En ese momento entró Marta y al vernos se puso muy contenta porque supuso que ya lo habíamos arreglado todo y así era.
Los tres nos dimos un tierno abrazo mientras reíamos como niños.
Poco después me dieron el alta. Marta y Carlos me acompañaron a casa, pero Marta se desvió antes para su calle así que llegué al portal con Carlos, decidí llamarle algún día y ya quedaríamos. Antes de subir Carlos se despidió de mí con dos besos en la mejilla. No quería besarme y fastidiar todo por mucho que le costara. Y después me dio un caluroso abrazo.
- Gracias de nuevo y por favor recupérate que no quiero verte así. Adiós Elena nos vemos- dijo antes de marcharse.
- Gracias a ti Carlos, adiós.
Y se alejó andando hacia su casa un poco más feliz por haberlo arreglado todo conmigo. ¿Feliz? Eso era lo que yo pensaba. Lo que no sabía es la ira que aun permanecía en su interior y que manifestaría en un futuro.

Subí a casa, y saludé a Luna, la pobre estaba preocupada y en cuanto me vio entrar por la puerta dio un salto y se subió encima de mí.
- Ay pequeña, ya te echaba de menos- le decía mientras la achuchaba.
Dejé el bolso, le di comida a Luna y me dispuse a preparar la cena. Tenía hambre, no sé si porque aquello de estar en el hospital me dio hambre o porque el haber hecho las paces con Carlos me abrió el apetito. Me alegraba porque ya comía en condiciones y cené más que ninguna otra noche. La verdad que me sorprendí hasta yo, pero era normal, además lo necesitaba.
Mientras recogía la cocina, sonó el teléfono. Era Oscar. ¡Oscar!, vaya, no me había acordado de él hasta ahora con todo el lio que tenía. Seguramente se habría enterado por Marta de mi tarde en el hospital y me llamaba para echarme la bronca por no haberle avisado. Descolgué el teléfono.
- ¡¡ELENAA SMITH!!- me gritó Oscar bastante enfadado.
- Em… esto… Hola Oscar… emm ¿Qué tal??- dije algo entrecortada porque temía su reacción.
- ¿¡Como que qué tal!? ¿¡Tú te has vuelto loca o es que quieres matarme de un susto?!
- Yo… no sé a qué te refieres- mentí pues no sabía que decirle. Me sentía mal, pobre Oscar, debió estar preocupado.
- ¿Qué no sabes a que me refiero? ¡Elena! ¿¡Tú te crees que puedes dejar de cuidarte ni comer ni dormir por esa tontería?!- me decía enfadado de nuevo pero también preocupado.
- Ah es eso- susurré.
- ¡Si! ¡Eso! ¿Cuándo pensabas avisarme?- Silencio- ¿Eh?. No te imaginas la cara que se me ha puesto cuando me lo ha contado Marta.
- Bueno lo siento, es que no me ha dado tiempo a avisarte y después vino Carlos estuve hablando con él y se me olvido todo lo demás- le dije arrepentida.
- Bueno ¿pero y lo de Marcos? ¿Tampoco pensabas contármelo?

Lo que me faltaba, otro que se había enterado. ¿Quedaba alguno más?

- No te enfades Oscar, es que me daba vergüenza. No quería preocuparte y tenía miedo a perderte a ti también si te enfadabas conmigo por lo que hice esa noche. Cometí un gran error, no sé por qué lo hice, pero no te imaginas cuanto me arrepiento. Y ahora por mi culpa, Marcos ni si quiera me habla- terminé de decir mientras comenzaba a llorar y él escuchó mis sollozos.
- Ey… Bueno, tranquilízate pequeña. No pasa nada, no te pongas así anda. Perdona si te he gritado mucho, pero compréndelo es que me has preocupado. Lo de Marcos se va solucionar estoy seguro, si Marta no consigue convencerlo hablaré con él de hombre a hombre. Solo espero que no vuelvas a cometer un error como ese. Que ya te vale Elena.
- Lo sé, me arrepiento muchísimo. Tienes una amiga muy idiota Oscar. Aunque bueno, lo he arreglado con Carlos y ya estoy algo mejor. Siento no haberte avisado. Perdóname, soy una egoísta- le dije triste y cabizbaja con lágrimas aun en mis ojos.
- Bueno, no pasa nada, estas perdonada pero no dramatices que de idiota y egoísta nada ¿vale? Espero verte pronto. Mañana si quieres me paso por tu casa y te veo ¿Qué te parece?- dijo el animado.
- Bueno. Mmm…- dije pensativa- mañana martes. Vale pero pásate por el mediodía sobre la una y media y así comes aquí. Vente con María también que quiero ver como está y como lleva el embarazo y así charlamos todos tranquilamente.
- Muy bien, me parece buena idea. Oye, mejor aun, se me ha ocurrido una cosa- dijo Oscar entusiasmado- Había pensado si quieres, que puedes decirle a David que se venga y así ya le conozco y te doy el visto bueno. Y también avisaré yo a Marta para que venga con Iván. Así estamos los seis juntos. Claro, solo si quieres y te sientes bien- dijo cuidadosamente Oscar.
Era una buenísima idea, no se me había ocurrido. Además tenía pensado quedar con David por la tarde así que perfecto, pero tenía miedo a que Oscar o Marta no le aceptaran o algo por el estilo y decidí decírselo, pues con él tenía confianza.
- No es mala idea, pero Oscar, yo… tengo miedo- decía entrecortadamente.
- Pero, ¿miedo de que pequeña?- preguntó dudoso.
- Pues, veras. Miedo a tu reacción al verle, miedo a que no te caiga bien y no le aceptes y pueda perderte como amigo y…- pero no pude continuar pues Oscar empezó a reírse como un niño pequeño.
- Pero que tontita que estas- decía entre risas- de mi no te libraras tan fácilmente, pase lo que pasé siempre seremos amigos Elena. Además estoy seguro que me caerá bien el tío, así que no digas bobadas anda.
- Vale, está bien - asentí a regañadientes- Pues mejor pasaros a las dos, así me da tiempo a llegar del colegio y a hacer la comida. Os espero aquí, gracias por todo Oscar. Ah y avisa a Marta e Iván por favor.
- Si, si yo me encargo. Mañana nos vemos, descansa y come ¡¿ehh?! Un beso.
- Lo haré. Un beso.
Colgué el teléfono y solté un suspiro. “Demasiadas emociones para un día”- pensé para mi misma.

sábado, 9 de abril de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 21: Segunda parte

-          Hola Marta- la saludó y después se me quedó mirando cómo,  aun supuestamente, dormía- ¿Cómo esta?- dijo con cara de preocupación y algo triste- ¿Qué ha pasado? Por favor cuéntamelo todo.
-          Bueno, se ha quedado otra vez dormida- mintió- Llevaba muchos días sin comer nada ni dormir debido a todo lo que pasó después de la fiesta, tu, Marcos, David y bueno lógicamente le ha dado una bajada de tensión y se ha quedado inconsciente. Le han encontrado este mediodía sobre la una y media tirada en la calle y una mujer avisó a la ambulancia. Y bueno luego me llamarón a mí y aquí estoy.
-          Madre mia, ¡pero si esta delgadísima!- dijo acercándose a mí y mirándome de arriba abajo.
Yo estaba escuchando todo y por dentro sentía alegría de que en el fondo Carlos se preocupara por mí y de momento no hubiera mostrado ningún indicio de enfado.
-          Bueno- dijo Marta- y, por lo que me ha contado habíais quedado para hablar del asunto ¿no?
-          ¿Asunto? Yo solo he quedado con ella porque me lo ha pedido, nada mas- dijo girando la cabeza para otro lado y algo cabezota y enfadado.
En el fondo Carlos, sabía de sobra para que había quedado con él, pero se hacía el duro, no quería dar su brazo a torcer tan pronto.
-          Carlos, cuando se ha levantado no hacía más que hablarme de ti- exageró un poco para hacerle entrar en razón- si no llego a estar aquí se hubiera marchado corriendo a la hora que te llamé para quedar contigo en el velador, con el suero y todo puesto. No come, no duerme, porque no soporta todo lo que la está pasando, porque no soporta que esté perdiendo a sus amigos, y lo único que quiere es pedirte perdón y arreglar todo esto.
-          Claro y ahora me dirás que no come ni duerme solo por mi ¿no? Venga Marta que no me chupo el dedo y sé perfectamente lo que ha pasado con Marcos. ¿Qué? ¿A eso también la tengo que perdonar? ¿No crees que ha llegado demasiado lejos?- dijo con cara de enfado.

¡¿Cómo?! ¿¡Carlos sabía lo que me había pasado con Marcos!? ¡¿Pero cómo?!  ¿Quién se lo habría dicho? Estaba aun con los ojos cerrados aunque al oír eso casi los abro como platos, pero pude contenerme. Y seguí escuchando.

-          Pero, tu ¿cómo sabes lo de Marcos?- preguntó boquiabierta Marta.
-          Pues él mismo me lo contó, porque aquí no solo la niñita lo pasa mal si no que todos los demás estamos pagando por sus errores ¿sabes Marta? ¿Y encima tengo que perdonarla?- dijo Carlos muy frio y enfadado.
-          Carlos, por favor, vale ya, ¿quieres que acabe en la tumba? ¿Quieres perderla como amiga también? Porque conozco de sobra a Elena y sé que en momentos así es capaz de cometer cualquier locura, lo sé. ¿Vas a dejarla? ¿Vais a dejar que siga consumiéndose por vuestra cabezonería y vuestro enfado? Mira Carlos, yo no digo que no haya cometido errores, porque si que ha metido la pata y bien metida, pero los humanos nos equivocamos y ella llevaba una racha malísima. Se le ha juntado todo, de la noche a la mañana ha pasado de no tener nada a tenerlo todo, tenía a vosotros dos, bueno tres: Marcos, David y tú. Tres personas a las que adora y tres personas que la queréis muchísimo. Carlos, ¿sabes cuánto tiempo llevaba Elena esperando ese cariño? ¿Acaso te haces idea del tiempo que ha estado esperando que esa felicidad, que no tenía durante dos años, le llegara? Tenía que tomar decisiones y estaba entre la espada y la pared. Dime, ¿Qué hubieras echo tu Carlos? Además como bien dicen, la avaricia rompe el saco y es más o menos lo que le ha pasado a ella, teniendo en cuenta también que ni si quiera tiene el cariño de sus padres- dijo girando la cabeza hacia mí.

Madre mía, no podía creer las palabras de Marta. Verdaderamente era una gran amiga, llevaba razón en todo y me comprendía. Carlos había reaccionado y veía que realmente Marta llevaba razón. Que por muy mal que hubiera hecho las cosas tenía que perdonarme o por lo menos hablarme y no ser tan cabezota.
-          Bueno, tal vez lleves razón- dijo Carlos cabizbajo y mirando hacía la cama donde estaba de reojo.
-          De tal vez nada, la llevo Carlos. Y creo que deberías perdonarla cuando se despierte y hables con ella. Yo voy abajo a la cafetería a tomar algo, ¿si no te importa puedes quedarte con ella un momento?- le dijo Marta.
-          Si, baja tranquila, yo me quedo con ella. Perdóname Marta, por haberme comportado así de estúpido, pero es que sabes cómo soy de cabezota y me dolió muchísimo que eligiera a David antes que a mi- dijo arrepentido.
-          A mí no me tienes que perdonar nada, es con ella con la que tienes que hablar y pedirla perdón o al menos perdonarla tu a ella. Sé cómo eres Carlos, pero no puedes llegar hasta tal extremo y los amigos se perdonan ¿no crees?
Él solo asintió y se volvió para sentarse en una silla y poder estar a mi lado cerca de la cama.
Marta se marchó y Carlos aprovechó para empezar a hablarme aun sabiendo que estaba “dormida”. Me cogió la mano, me acarició la mejilla y casi en susurros decía para sí mismo:
-          Elena…- suspiraba mientras seguía rozándome la mejilla.
En ese momento decidí que ya era el mejor momento para abrir los ojos, para escucharle y verle su dulce carita. Poco a poco abría los ojos, hacía que me costase como si realmente hubiera estado dormida. Y ahí estaba él, tan guapo como siempre, con los ojos brillantes y una lágrima cayendo por su mejilla, mirándome dulcemente mientras apretaba mi mano. Se veía tan hermoso, pero verle así de triste me superaba.
-          ¿Car… Carlos?- logré decir después de abrir los ojos, haciéndome la desorientada.
-          ¡Elena!- dijo dibujándose una sonrisa en su rostro- ¿Cómo estás?
-          Yo…- dije intentando reincorporarme- Habíamos quedado a las seis, lo siento, quise ir pero…- le decía preocupada pero él me corto.
-          Shh. No pasa nada, tranquila ya he venido yo. No puedes salir de aquí aun, has sufrido una bajada de tensión y no es bueno que hagas esfuerzos.
-          Ya pero yo quería hablar contigo sobre…- y me cortó otra vez
-          Lo sé, lo sé. Y bueno, supongo que aquella noche me porté como un estúpido, no debí irme así y dejarte sola. No quise entenderlo, los celos me cegaban. Yo, lo siento Elena- dijo mientras otra vez sus ojos empezaban a ponerse vidriosos y agachaba la cabeza.
-          No, no. Perdóname tú a mi Carlos, pero no podía hacer otra cosa. Yo te tengo mucho  cariño, pero ya tomé una decisión y David siempre ha sido el chico de mi vida. No, yo no puedo hacer nada más, pero debí decírtelo de otra forma. Lo siento- dije yo también cabizbaja.
-          No tengo que perdonarte nada, aunque reconozco que me duele tu decisión. Yo solo espero que aun quieras ser mi amigo, no me gustaría perder también tu amistad. Y bueno, espero que te vaya bien con David, pero como me entere que te hace daño se las tendrá que ver conmigo- dijo con un tono protector.
-          Tranquilo, somos amigos, no quiero perderte por mi culpa. Gracias.- le dije llorando de felicidad.
-          Gracias a ti por perdonarme.

domingo, 3 de abril de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 21: Primera parte

***
Abrí los ojos y lo primero que vi fue a Marta, mi mejor amiga llorando desconsoladamente.
Estaba en una habitación blanca y vestía un pijama azul, tenía suero pinchado. Sí, definitivamente estaba en un hospital.
-          Mar…Marta ¿Qué ha pasado?- pregunté algo atontada y recién levantada de mi inconsciencia.
-          ¡¡¡Elena!!! ¡Estas viva! ¡Gracias a Dios!- dijo dándome un delicado abrazo-. Pues no sé, me llamaron del hospital diciéndome que una mujer te había encontrado inconsciente en medio de la acera y que la ambulancia te trajo para acá.
-          Yo, Marcos… - dije en susurros intentando recordar.
-          ¿Marcos? ¿Qué pasa con Marcos? ¿Estaba allí?- preguntó nerviosa.
-          Pues, recuerdo que- comencé a contarla- venía del colegio, dirección a casa ya y me encontré con Marcos. Estuvimos hablando y es que… ¡no me va perdonar nunca!- dije echándome de nuevo a llorar.
-          Ey, por favor cálmate, no llores y cuéntamelo despacio ¿Qué ha pasado que te ha dicho?
Empecé a comentarle todo lo ocurrido esa mañana después de venir del colegio. Poco a poco noté como Marta se quedaba boquiabierta ante la dureza de Marcos y como me trato.
-          Y bueno, eso, nos encontramos hoy y le he pedido perdón  pero me ha hablado muy frio y distante. Me sentía como una basura Marta. Bueno, después de eso solo recuerdo que empecé a marearme.
-          Claro, ahora me encaja todo. Pero Elena, madre mía, si es que ya te dije yo que en menudos líos te metes. No te va ser fácil conseguir su perdón. Lo sé, le conozco. Pero bueno no pasa nada, no te preocupes, que seguro que Marcos acaba entrando en razón y te perdona. Yo hablaré con él, tranquila. Pero lo que no entiendo es, porque te desmayaste de esa manera- dijo susurrando casi para sí misma.
-          Bueno, Marta- dije haciendo una pausa pues no sabía como decírselo- la verdad que llevaba varios días sin comer apenas. Incluso desde antes de la fiesta, por eso supongo que me pillé tal borrachera esa noche. Y tampoco duermo muy bien últimamente
-          ¡Elena!¡ Con la salud no se juega! ¿Qué consigues dejando de comer? ¿Qué te me mueras por la calle? ¿Solo por un estúpido problema de tios?- me decía enfadada.

Normal, me había comportado como una cría de cabezota. No quería ni dormir, ni comer, ni nada, parecía que quisiera dejar de vivir para siempre y aun esa tentación rondaba mi mente.
En esos momentos pasó el médico a revisarme.

-          ¿Qué tal estas Elena? ¿Cómo te encuentras?- me preguntó muy amable el doctor.
-          Bueno,  ahora algo mejor- mentí. Si, podía ser que físicamente estuviera bien, pero tenía una tristeza en mi interior que cambiaba mi estado de ánimo.
-          Bueno dentro de unas horas podremos darte el alta, has sufrido un desmayo, una bajada de tensión. Y por los resultados de las pruebas, puedo ver que llevas sin comer y sin dormir unos cuantos días. Elena, tienes que cuidarte, por muchos problemas que tengas no puedes dejar que tu salud pague por ellos- me aconsejó como si supiera toda la carga que tenia encima en esos momentos.
-          Muchas gracias doctor, lleva usted razón.
Marta me miraba enfadada y a la vez preocupada. Cuando el doctor se marchó, miré a Marta, me fijé en su reloj de mano y de repente vi la hora. ¡Las seis y cuarto! Había quedado con Carlos en el velador y seguro que estaba esperándome.
-          ¡Oh no! ¡Carlos!- dije sobresaltada con los ojos como platos y levantándome de la cama.
-          ¿Carlos? ¿Qué pasa con Carlos ahora Elena?- preguntó Marta agarrándome del brazo para que no se me ocurriera irme.
-          Pues que había quedado con él a las seis en el velador de siempre y estará esperándome, pensará que le dado plantón y, y…
-          ¡Ey! Nena, para el carro. Ahora lo soluciono, llamo a Carlos y le digo que estas en el hospital y que canceláis la cita para otro día, seguro que lo entiende.
-          Pero no, yo tengo que ir. Me ha costado mucho convencerle para que quedáramos y ahora no puedes cancelarla. Además ya estoy bien, déjame ir Marta, por favor- le pedí suplicante.
-          No, no, aunque te vayan a dar en unas horas el alta aun estas débil y tienes que estar en reposo. Así que como mucho puedo llamar a Carlos y si quiere que venga para acá y lo habláis aquí. ¿Vale?
-          Pero, yo… así, en pijama, en una cama - dije mirándome con cara de asco de arriba abajo.
-          Tranquila mujer que lo comprenderá, no seas tan coqueta anda- reía mientras sacaba de su bolso el móvil y marcaba el número de Marcos.
-          Está bien, lo que la jefa diga.
Marta con el teléfono pegado a la oreja hablaba con Carlos.
“¿Carlos? ...  Si, soy yo, ¿estas en el velador esperando a Elena no? .... (gritos de enfado)…  Ya, entiendo. Bueno tranquilízate, es que está en el hospital, ha tenido una  bajada de tensión y ha estado inconsciente casi cuatro horas ……(gritos de preocupación)…..  Sí, bueno ven para el hospital que ella quiere verte y así ves como se encuentra………. Vale, habitación 212, hasta ahora Carlos.
Parecía que Carlos estaba al principio enfadado lógicamente porque le había dejado plantado, pero en cuanto Marta pronunció la palabra hospital, se notaba preocupado.
No tardó mucho en llegar, unos quince minutos y entró en la habitación un poco sin aire, fatigado, como si hubiera venido corriendo.
Yo decidí hacerme la dormida aun, quería ver la reacción de Carlos y como se comportaba sin que yo estuviese.

sábado, 26 de marzo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 20: Segunda parte

A la mañana siguiente me desperté a eso de las diez de la mañana, tumbada en el sofá. Era tardísimo, había dormido bien, la verdad que lo necesitaba. Mi madre siempre me enseñaba que tenía que madrugar, que era bueno, pues así te cundía mucho el día. Bah, pero ese día no tenía ganas. Era lunes, un día soleado de muchísimo calor y aun seguíamos en Junio. Bueno, ya terminando Junio.
Recordé que por la mañana tenía que pasarme por el colegio, por si había trabajo aunque me hubieran dado las vacaciones tenía que planificar la programación anual del año que viene, y de paso saludaba a mis compañeros.
Así que con mucha pereza me levanté, me duché y me vestí, algo sencillo y fresquito, no tenía muchas ganas de arreglarme. Unos pantalones cortos blancos, una camiseta básica de tirantes roja  y unas chanclas atadas al pie. No desayune, no tenía hambre, como estaba siendo habitualmente común en mi. Apenas comía ya. El nudo en el estomago no desaparecía.
Antes de irme arreglé la habitación, la cocina, me pinté solo los labios, pues no tenía si quiera ganas de maquillarme, cogí el bolso y salí por la puerta dejando allí a Luna tumbada al lado del sofá con su comida al lado.
En la calle apenas corría una brisa de aire fresco y eso que aun eran las diez y media de la mañana, pero que me diera la luz del sol me venía bien pues el día anterior no había salido de casa y me sentía encerrada. Paseaba por las calles tranquilamente, sin prisa pero sin pausa, observando todo lo que me rodeaba, como las mujeres amas de casa compraban en el súper la fruta y el pescado fresco, como la gente tomaba su café en los veladores o en los bares. Pasé por el parque y me quedaba embobada viendo jugar a los pocos niños que había. Esbocé una pequeña sonrisa al verlos. Eran tan encantadores, ojala algún día llegue a ser madre, aunque a este paso… Y así volvía a pensar en todo lo malo que me estaba sucediendo y a agachar la cabeza mientras llegaba al colegio.
La mañana pasó amena, charlando con mis compañeros y recordando anécdotas con los niños. Terminamos de ordenar papeles y ficheros para dejarlo preparado para el próximo curso.
A la una aproximadamente me fui andando para casa y recordé que por la tarde había quedado con Carlos. Bueno al menos  me había olvidado de todo lo malo por una mañana y había logrado sonreír recordando buenos momentos. Los pocos buenos momentos que tenía y me quedaban.
Pensando en todo esto tropecé con alguien y casi me caigo al suelo, gracias a que aquella persona me sujeto. Cuando me di cuenta noté que aquel olor me resultaba familiar, así que le miré a los ojos y logré ver de quien se trataba.
No, lo que me faltaba.
-          ¿Mar… Marcos?- dije tartamudeando y sin creerme que estuviera en brazos de él para evitar mi caída.
Otra vez volvía a encontrarme a Marcos por aquella calle, como el primer día, pero ahora no era lo mismo. Él después de aquella noche, se había cabreado muchísimo conmigo y lo entendía. Lo que no llegaba a entender era porque me estaba mirando con esa sonrisa tan cariñosa, pero a la vez maléfica, como si quisiera transmitirme algo con la mirada. Mi cara era de duda, de miedo a no saber qué decir, de arrepentimiento, de culpabilidad. Mi cuerpo gritaba por dentro un ¡lo siento! Pero mi boca no era capaz de articular palabra. Tenía la cabeza cabizbaja, me sentía mal, inferior, no era capaz de mirarle a los ojos después de lo que le había hecho. Así que con tanto silencio él se decidió a hablar.
-          Hola, perdona no miraba por donde iba- me dijo de forma fría y distante soltándome de entre sus brazos.
-          No, yo iba pensando en otras cosas, lo siento.
-          Bueno, me voy, tengo prisa- me decía intentando evitar mi mirada y con una cara de enfado impresionante.
Dios mío, ahora si que me sentía mal. Marcos no era el de antes, cariñoso, amable. Quería decirle algo disculparme por lo que pasó, así que antes de que se marchara logré cogerle del brazo y pararle.
-          Espera Marcos, yo quería… Bueno, pedirte perdón por lo que paso- le dije cabizbaja mientras mis ojos empezaban a ponerse vidriosos- Siento lo de aquella noche, yo  no quise hacerte daño, esa no era mi intención, no sé lo que me pasó, me deje llevar. Me arrepiento muchísimo.
-          Ya claro, ¿ahora te arrepientes?- me preguntó retóricamente- ¿Y por qué no lo pensaste antes de hacerlo? ¡Eh venga dime, porque sabias de sobra que yo te quería, que desde pequeño me enamoré de ti y aun así jugaste conmigo!- me decía a gritos.
Todo el vecindario debió enterarse con los gritos que me daba. Aquellas palabras de Marcos se me clavaron en el pecho como puñales. Jamás le había visto así de furioso, parecía que fuera a levantarme la mano y pegarme. La verdad que me lo merecía, después de todo le había fallado hasta como amiga. No sabía que decirle, no sabía que tenía que pedirle para que me perdonara, para aunque fuera, hacer las cosas bien por una vez en la vida. Solo podía llorar y llorar, y el llanto no me dejaba hablar.
-          Yo…, yo…- decía sollozando- Marcos, por favor, no te vayas, no me gusta que estés así por mi culpa. Tu, ya no eres el mismo- le dije como pude mientras mi llanto seguía sin cesar.
-          ¡A lo mejor tú has provocado que ya no sea el mismo! ¡Me has hecho que jamás pueda volver a enamorarme de nadie ni a tener esperanzas ni nada! Cada vez que me guste alguna chica pensaré que es como tú de fría y egoísta. No te mereces mi perdón Elena, me has defraudado. Lo siento. Adiós.- dijo marchándose y soltándose del brazo lanzándome una mirada que mataba.
“Si las miradas matasen”- pensé.
Marcos. Un gran amigo desde la infancia, le había perdido por ser caprichosa, por no aclararme, por una noche de alcohol. Nunca me perdonaría aquello, ni él, ni yo. Ni yo misma me lo perdonaría, había caído muy bajo. Veía como Marcos se alejaba poco a poco.
Seguía ahí parada como una estatua en medio de la cera, boquiabierta, llorando. Me sentía hundida, pisoteada, miserable, débil. Un nudo en la garganta me impedía articular palabra. La cabeza me daba vueltas, lo veía todo doble. Empecé a sentir una sensación de mareo y miré por última vez como se alejaba Marcos. Caí al suelo redonda e inconsciente. No podía más, aquella pesadilla me estaba pasando factura a mi cuerpo, necesitaba tranquilidad y la paz que se respiraba en aquella oscuridad me encantaba. Ya no pensaba, ya no me costaba respirar, ahí todo era felicidad.
Lo último que recuerdo fueron unas voces extrañas pidiendo ayuda.