Toda una vida luchando por alcanzar la felicidad siempre deseada, para conseguir al amor de su vida... Y tras ello, errores, traición, celos, muertes, infidelidad, venganza, caprichos... El no saber tomar buenas decisiones y no aclarar sus sentimientos, llevarán a Elena a tener un corazón caprichoso.



sábado, 26 de marzo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 20: Segunda parte

A la mañana siguiente me desperté a eso de las diez de la mañana, tumbada en el sofá. Era tardísimo, había dormido bien, la verdad que lo necesitaba. Mi madre siempre me enseñaba que tenía que madrugar, que era bueno, pues así te cundía mucho el día. Bah, pero ese día no tenía ganas. Era lunes, un día soleado de muchísimo calor y aun seguíamos en Junio. Bueno, ya terminando Junio.
Recordé que por la mañana tenía que pasarme por el colegio, por si había trabajo aunque me hubieran dado las vacaciones tenía que planificar la programación anual del año que viene, y de paso saludaba a mis compañeros.
Así que con mucha pereza me levanté, me duché y me vestí, algo sencillo y fresquito, no tenía muchas ganas de arreglarme. Unos pantalones cortos blancos, una camiseta básica de tirantes roja  y unas chanclas atadas al pie. No desayune, no tenía hambre, como estaba siendo habitualmente común en mi. Apenas comía ya. El nudo en el estomago no desaparecía.
Antes de irme arreglé la habitación, la cocina, me pinté solo los labios, pues no tenía si quiera ganas de maquillarme, cogí el bolso y salí por la puerta dejando allí a Luna tumbada al lado del sofá con su comida al lado.
En la calle apenas corría una brisa de aire fresco y eso que aun eran las diez y media de la mañana, pero que me diera la luz del sol me venía bien pues el día anterior no había salido de casa y me sentía encerrada. Paseaba por las calles tranquilamente, sin prisa pero sin pausa, observando todo lo que me rodeaba, como las mujeres amas de casa compraban en el súper la fruta y el pescado fresco, como la gente tomaba su café en los veladores o en los bares. Pasé por el parque y me quedaba embobada viendo jugar a los pocos niños que había. Esbocé una pequeña sonrisa al verlos. Eran tan encantadores, ojala algún día llegue a ser madre, aunque a este paso… Y así volvía a pensar en todo lo malo que me estaba sucediendo y a agachar la cabeza mientras llegaba al colegio.
La mañana pasó amena, charlando con mis compañeros y recordando anécdotas con los niños. Terminamos de ordenar papeles y ficheros para dejarlo preparado para el próximo curso.
A la una aproximadamente me fui andando para casa y recordé que por la tarde había quedado con Carlos. Bueno al menos  me había olvidado de todo lo malo por una mañana y había logrado sonreír recordando buenos momentos. Los pocos buenos momentos que tenía y me quedaban.
Pensando en todo esto tropecé con alguien y casi me caigo al suelo, gracias a que aquella persona me sujeto. Cuando me di cuenta noté que aquel olor me resultaba familiar, así que le miré a los ojos y logré ver de quien se trataba.
No, lo que me faltaba.
-          ¿Mar… Marcos?- dije tartamudeando y sin creerme que estuviera en brazos de él para evitar mi caída.
Otra vez volvía a encontrarme a Marcos por aquella calle, como el primer día, pero ahora no era lo mismo. Él después de aquella noche, se había cabreado muchísimo conmigo y lo entendía. Lo que no llegaba a entender era porque me estaba mirando con esa sonrisa tan cariñosa, pero a la vez maléfica, como si quisiera transmitirme algo con la mirada. Mi cara era de duda, de miedo a no saber qué decir, de arrepentimiento, de culpabilidad. Mi cuerpo gritaba por dentro un ¡lo siento! Pero mi boca no era capaz de articular palabra. Tenía la cabeza cabizbaja, me sentía mal, inferior, no era capaz de mirarle a los ojos después de lo que le había hecho. Así que con tanto silencio él se decidió a hablar.
-          Hola, perdona no miraba por donde iba- me dijo de forma fría y distante soltándome de entre sus brazos.
-          No, yo iba pensando en otras cosas, lo siento.
-          Bueno, me voy, tengo prisa- me decía intentando evitar mi mirada y con una cara de enfado impresionante.
Dios mío, ahora si que me sentía mal. Marcos no era el de antes, cariñoso, amable. Quería decirle algo disculparme por lo que pasó, así que antes de que se marchara logré cogerle del brazo y pararle.
-          Espera Marcos, yo quería… Bueno, pedirte perdón por lo que paso- le dije cabizbaja mientras mis ojos empezaban a ponerse vidriosos- Siento lo de aquella noche, yo  no quise hacerte daño, esa no era mi intención, no sé lo que me pasó, me deje llevar. Me arrepiento muchísimo.
-          Ya claro, ¿ahora te arrepientes?- me preguntó retóricamente- ¿Y por qué no lo pensaste antes de hacerlo? ¡Eh venga dime, porque sabias de sobra que yo te quería, que desde pequeño me enamoré de ti y aun así jugaste conmigo!- me decía a gritos.
Todo el vecindario debió enterarse con los gritos que me daba. Aquellas palabras de Marcos se me clavaron en el pecho como puñales. Jamás le había visto así de furioso, parecía que fuera a levantarme la mano y pegarme. La verdad que me lo merecía, después de todo le había fallado hasta como amiga. No sabía que decirle, no sabía que tenía que pedirle para que me perdonara, para aunque fuera, hacer las cosas bien por una vez en la vida. Solo podía llorar y llorar, y el llanto no me dejaba hablar.
-          Yo…, yo…- decía sollozando- Marcos, por favor, no te vayas, no me gusta que estés así por mi culpa. Tu, ya no eres el mismo- le dije como pude mientras mi llanto seguía sin cesar.
-          ¡A lo mejor tú has provocado que ya no sea el mismo! ¡Me has hecho que jamás pueda volver a enamorarme de nadie ni a tener esperanzas ni nada! Cada vez que me guste alguna chica pensaré que es como tú de fría y egoísta. No te mereces mi perdón Elena, me has defraudado. Lo siento. Adiós.- dijo marchándose y soltándose del brazo lanzándome una mirada que mataba.
“Si las miradas matasen”- pensé.
Marcos. Un gran amigo desde la infancia, le había perdido por ser caprichosa, por no aclararme, por una noche de alcohol. Nunca me perdonaría aquello, ni él, ni yo. Ni yo misma me lo perdonaría, había caído muy bajo. Veía como Marcos se alejaba poco a poco.
Seguía ahí parada como una estatua en medio de la cera, boquiabierta, llorando. Me sentía hundida, pisoteada, miserable, débil. Un nudo en la garganta me impedía articular palabra. La cabeza me daba vueltas, lo veía todo doble. Empecé a sentir una sensación de mareo y miré por última vez como se alejaba Marcos. Caí al suelo redonda e inconsciente. No podía más, aquella pesadilla me estaba pasando factura a mi cuerpo, necesitaba tranquilidad y la paz que se respiraba en aquella oscuridad me encantaba. Ya no pensaba, ya no me costaba respirar, ahí todo era felicidad.
Lo último que recuerdo fueron unas voces extrañas pidiendo ayuda.

sábado, 19 de marzo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 20: Primera parte

Busque el número de Carlos desde el móvil, allí estaba. Dudé por unos instantes si llamarlo o no. Pero al final opté por darle al botón de llamada.
-          ¿Sí?- preguntó.
Me pareció extraño que me saludara así, eso es que no sabía quién era, que ni si quiera le aparecía en la pantalla del móvil mi nombre. ¿Me habría borrado?
-          Hola Carlos. Soy Elena.
-          ¡Ah! Elena… - dijo algo ofuscado.
Si, definitivamente me había borrado, ¿tan enfadado estaba conmigo? Parecía ser que si.
-          Yo… - dije sin saber cómo empezar- bueno te llamaba porque me gustaría quedar contigo para hablar sobre lo que pasó el Sábado- dije algo avergonzada.
-          Pues no sé, no sé si estoy de humor- contestó intentando esquivarme.
-          Por favor, solo quiero hablar contigo, no hace falta que me mires a la cara si no quieres, solo pido que me escuches. Por favor, no te robaré mucho tiempo, tan solo cinco escasos minutos. Te lo ruego- le insistí.
Carlos no se pudo negar, hasta por teléfono le resultaban convincentes mis palabras, pero eso me daba igual, lo único que esperaba es que aceptase escucharme.
-          Bueno, está bien, pero cinco minutos- dijo aun enfadado- ¿Cuándo y dónde?
-          Pues,  mañana en el velador donde nos conocimos a eso de las seis de la tarde ¿te parece?
-          Está bien, allí estaré, pero estate puntual o me voy.
-          Si, si, si tranquilo allí estaré diez minutos antes- le dije nerviosa.
-          Vale, adiós. Hasta mañana.
-          Adiós Carlos. Un beso.
Se despidió tan frio, me habló tan fríamente por teléfono, tenía miedo a su reacción mañana. Ni si quiera se despedía con un beso por teléfono como siempre hacia y yo esta vez sí lo hice. Me daba pena que Carlos, una persona que quería, pero que me empeñaba en que ese cariño solo fuese de amigos, estuviera así de mal por mí. Por mis errores, por mis estúpidos juegos de niña pequeña. De verdad me sentía culpable, solo deseaba pedirle perdón y no hacer más daño a nadie. Pero claramente, tenía que ganarme su perdón, tal como estaban las cosas no me iba a ser tan fácil.
La felicidad me venía muy de lleno. El amor; ese amor que tanto me faltó durante dos años por parte de mi madre, de mi padre, por parte de David, etc.; ahora ese amor me venía a flechazos y encima todo junto. Tres personas que aparecieron en mi vida de repente y seguidas para darme ese cariño. Tres personas maravillosas sí, pero con el amor no se juega y tenía que decidir. Algo que me resultaba muy complicado porque ninguno de los tres tenían apenas defectos, eran tres personas perfectas y maravillosas y yo…- suspiro- Yo era una simple chica, que ahora estaba destrozando el corazón de los tres sin merecérselo si quiera. Todo lo que hacían por mí, como amigos o como algo mas, siempre me trataron tan bien, me protegían, y yo ¿así se lo pagaba?
Estaba deseando que esa pesadilla se acabara de una vez por todas, que Carlos me perdonase y volviéramos a ser amigos, que Marcos también lo hiciera y olvidara todos mis errores, y ser feliz de una vez por todas con David, con mi amor verdadero. ¿Amor verdadero? O a lo mejor eso creía ¿Realmente estaba segura de que David era un amor verdadero? ¿O a lo mejor solo me auto convencía a mi misma de que así era?
Mi alma gritaba por dentro un “basta”. Como siguiese así la cabeza me iba a estallar, así que deje de pensarlo.
Miré el reloj.
-          ¡Vaya! Pero que tarde se me ha hecho- pensé.
Eran las diez de la noche, no entendía como se me había pasado tan rápido esa hora desde que David se marchó, entre que llamé a Marta y a Carlos, y la comida de cabeza que me estuve haciendo yo sola. Normal.
Luna estaba allí en su sillón tumbada mordiendo su pelotita y de vez en cuando contemplándome con lástima, como si pudiera entender mi estado de ánimo. La adoraba. Por así decirlo, era mi compañera de fatigas. La pobre tenía que aguantar todos mis problemas mis sermones y aun así no se marchaba, no se cabreaba, seguía conmigo, a mi lado y feliz. Por algo dicen que los perros son el mejor amigo del hombre.
-           Ojala todos fueran así- pensé en alto.
Pero es imposible, los humanos tenemos sentimientos y hay cosas que no se pueden aguantar y es inevitable enfadarse.
Terminé de pensar tanto en aquello y fui a darle de cenar a la pequeña Luna, después cené yo. No tenía mucha hambre, desde que pasó lo de la fiesta no había comido mucho y aquel problema parecía que iba a pasarme factura a mi cuerpo. Anímicamente estaba fatal, incluso físicamente me notaba más delgada y débil. Esto tenía que acabar, me desesperaba. Lo de estar algo más delgada no me venía nada mal, pues de siempre me había visto gorda y unos quilos menos le sentarían muy bien a mis piernas.
Cuando terminé de cenar, me puse a ver una peli que echaban en la tele, ya estaba empezada por lo que no sabía ni como se llamaba, pero eso sí, daba muchísima pena. Era tan bonita y a la vez tan triste, que con lo sensible que estaba en esos momentos no pude evitar derramar una que otra lágrima. Quien me viera allí sola llorando definitivamente se reiría de mí. La verdad que no solo lloraba por la película, a la vez se me pasaban imágenes del portazo de Carlos en la fiesta, de la cara de enfado de Marcos después de la nochecita tan intensa que tuve con él, lo que había hecho con David hace unas horas. Todo invadía mi mente en esos instantes y el arrepentimiento y la culpabilidad eran tan grandes que tenía que desahogarme de alguna manera. Y que mejor que llorando, así no molestaría a nadie con mis problemas, ni si quiera a mi pequeña Luna.
No tenía sueño, no quería dormir, sabía que esto era real y durmiendo no me iba a despertar de tal pesadilla. No, mis ojos no podían cerrarse. No eran capaces de conciliar un sueño placentero. Cuando acabó la película a las doce de la noche apagué la tele, aunque aun no tenía sueño y decidí seguir medio tumbada en el sofá. No quería dormir, no, tenía que ser fuerte.
Y con esos pensamientos caí rendida, no pude evitarlo, tenía un gran cansancio mental aunque mi cabeza se empeñara en no dormir. Ese era mi problema, que actuaba según lo que mi cabeza se empeñaba en hacerme creer. No podía seguir así, tenía que cambiar o seguiría destrozando la vida de las personas que quería y sobre todo la mía propia.

viernes, 11 de marzo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 19: Segunda parte

Me sentía bien, feliz. Quería olvidar todos los problemas que me rodeaban y aislarme con David para tenerle siempre cerca. Pero claro, me había comportado en las últimas horas como una cría de quince años, me había acostado con Marcos y aun no sabía si sentía algo más que amistad por él. Pero, se suponía que si estaba a gusto con David y después de sentirle tan cerca, querría estar con él para siempre, era porque le amaba ¿no? Entonces, debería olvidarme de Marcos, dejarle claro que entre nosotros solo hay pura amistad, y que lo ocurrido esa noche fue bajo efectos del alcohol. Y bueno, quizás debería pedirle perdón por lo sucedido, aunque no espero que me perdone, he sido muy cruel con él. He jugado con sus sentimientos aun sabiendo que él estaba enamorado de mí desde pequeño. Pero al menos me quedaré mas tranquila hablándolo.
Cuando me desperté, habían pasado aproximadamente dos horas. Allí estaba él, a mi lado, agarrándome por la cintura. Dormidito, como un pequeño ángel. Con sus pelos alborotados y una sonrisa dibujando su cara. Le acariciaba la cara despacio, le rozaba los labios suavemente pues no quería tampoco despertarle. Me acurrucaba en su pecho y él pudo sentirme. Abrió lentamente los ojos y me acarició el pelo.
-          Hola mi amor, nos hemos quedado dormidos ¿Qué hora es?- preguntó aun medio dormido.
-          Pues, no sé creo que las ocho y media, pero no me importa, estoy muy a gusto aquí contigo- le dije dándole un pequeño beso.
-          Yo también, no sabes cuánto me alegro de poder estar a tu lado otra vez, de amarte, protegerte y saber que estaremos juntos para siempre. Espero que algún día puedas perdonarme por todo el daño que te hice.
La verdad que ni si quiera me acordaba que aun no le había perdonado, pero estaba tan feliz a su lado que aquella tarde le perdoné y él me prometió no separarse de mí jamás.
David se fue sobre las nueve a su casa, no quiso quedarse a cenar, pues mañana era lunes y tenía que madrugar para ir a trabajar, porque él aun no tenía vacaciones.
Al poco de marcharse David, Marta me llamó entre otras cosas para preguntarme qué tal estaba después de aquella gran borrachera y para recordarme que me había dejado los tacones en su casa.
-          ¡Hola guapa!- me saludó ella muy contenta.
-          ¡Marta! Hola, ¿Qué tal estas?
-          Pues yo muy bien, pero ¿y tu? Me dejaste preocupada ayer, nunca te había visto así de mal.
-          Bueno, ya estoy mucho mejor, la resaca se me pasó ya esta tarde cuando vino David a casa. Si te digo la verdad yo si sé por que me puse así de borracha- le dije casi susurrando.
-          Si, yo me lo puedo imaginar, el lío en la fiesta, tu discusión con Carlos, tu pensamiento con David, Marcos. Fueron muchas cosas juntas Elena. Pero escúchame, he hablado con Carlos y bueno, está fatal eso sí, aun no soporta que estés con ese tal David como él dice. Te quiere tanto Elena. Pero aun así esta dispuesto a escucharte. Y yo que tu, aprovechaba la oportunidad para pedirle perdón al menos.
-          Gracias Marta, no sé qué haría sin ti, pero es qué, creo que tengo aclarados ya mis sentimientos. Después de mucho pensar todo el día y de haberme acostado con David de nuevo, sé lo que quiero Marta, ahora sí.
-          ¡¿Cómo?! ¿¡Ya te has tirado a David?!- preguntó sorprendida.
-          Bueno, yo… si, pero no seas bruta que además ha sido con protección.
-          No sé Elena, te sigo recordando que tengas cuidado porque te ha hecho mucho daño y que ahora de un día para otro le perdones tan fácilmente acostándote con él pues…- dijo algo molesta
-          Pero Marta, yo le quiero y no ha sido de un día para otro, me ha demostrado que quiere volver a estar conmigo y que jamás se separará de mí.
-          Bueno, como quieras, pero te recuerdo que tenemos que quedar un día con Oscar y los demás también para ver como es, ¿va?
-          Si, si lo sé, no lo había olvidado. Marta yo…-le dije confusa y sin saber si debería contárselo o no.
Quería contarle a mi mejor amiga el error que había cometido con Marcos aquella noche que acabamos juntos en la cama, pero tenía miedo por si se enfadaba conmigo y no me apoyaba.
No sabía qué hacer, pero sentía que iba a explotar si no se lo contaba a nadie. Así que al fin logré hablar.
-          Tengo que contarte algo que no creo que te guste pero necesito contártelo. He cometido un gran error. Soy muy cruel Marta, soy una mala persona, solo pienso en mí, ¡soy una egoísta!- le dije como pude mientras empezaba a llorar y sollozaba.
-          Elena, tranquilízate, por favor, cuéntamelo, no me enfadaré contigo de verdad, no puedo verte mal.
-          Bueno, pues ayer, cuando Marcos me trajo a casa y tal…- no quería andarme con rodeos así que lo solté- pues me dejó en la cama y yo le dije que no se fuera que se quedara conmigo, y…
-          ¿¡Y…!? Venga Elena sin rodeos por favor.
-          Pues que, finalmente acabé besándole, y bueno supongo que por efectos del alcohol, no sabía lo que hacía, me deje llevar, él también y… Pues acabamos haciéndolo- dije algo avergonzada.
-          ¡¡¡¿¿¿Cómo???!!!- gritó tan fuerte que tuve que apartarme el teléfono de la oreja- Elena, ¿¡me estás diciendo que también te has tirado a Marcos?! No me lo puedo creer, ¡pero bueno como eres tan zorra! No puedes ir destrozándole la vida a los demás, a la gente que te quiere solo porque estés encaprichada como una niña y estés borracha.
-          Lo sé, lo sé, y no te imaginas como me arrepiento de lo que hice. Luego cuando nos levantamos me sorprendí al verle allí. Supongo que no recordaba que había pasado, pero luego fui acordándome y me sentí fatal. Le dije que lo sentía, pero que todo había sido bajo efectos del alcohol y que yo no quería hacerle daño, que solo seriamos amigos. Y bueno, a él claramente le dolió aquello y se marchó sin decirme adiós y cabreado. Marta no puedo más, soy gilipollas. Primero pierdo  a Carlos, luego a Marcos, ¿qué más? Ya no se que hacer, he sido una estúpida y no sé cómo arreglar todos mis errores- le dije sin parar de llorar.
-          Vaya marrón te has metido,- suspiro- bueno seguramente tenga todo solución, intenta hablar primero con Carlos y luego con Marcos, queda con ellos y hasta que no arregles esto será mejor que no veas a David ni juegues más con nadie. ¿Entendido?- me aconsejo mi amiga.
-          Bueno, si creo que llevas razón, llamaré a Carlos para quedar con él. Gracias por todo Marta, y por aguantarme una vez más.
-          De nada, las que hagan falta, pero por favor intenta arreglarlo todo. Y ¿quién mas sabe esto a parte de Marcos y yo?- me preguntó.
-          Pues nadie más que yo sepa, espero que no llegué a oídos de David, ni de Carlos, ni de Oscar. No he tenido valor para contárselo, es algo delicado.
-          Me imagino, bueno estate tranquila. Tú habla con Carlos y queda con él de momento cuanto antes, no alargues más este problemón.
-          Está bien, gracias. Un beso Marta te quiero.
-          Hasta pronto y pásate algún día a por los tacones. Te quiero.
Colgué el teléfono y me dispuse a pensar por un momento que hacer. Debía llamar a Carlos y quedar con él, pero hoy ya no tenía ganas quedaríamos mejor para mañana, así estaría más relajada, aunque decidí llamarle esa noche para avisarle.

viernes, 4 de marzo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 19: Primera parte

Las horas se me hicieron eternas, pero al fin  llegaron las seis de la tarde, hora en que había quedado con David. Me cambié de ropa y me puse unos vaqueros y una camiseta ajustada color rosa. Tenía unas ganas impresionantes de abrazar a mi querido David, besarle, sentirle cerca, y sobre todo ver si podía aclararme de una vez por todas. Si realmente quería volver con David, o preferiría a Marcos, o tal vez a Carlos. O... Demasiadas dudas. Iba a explotar por momentos, por mucho que no quisiera pensar en todo el marrón que me había metido, acababa siempre recordándolo.
“Ding dong”- ahí estaba, le abrí sin contestar por el telefonillo, sabía de sobra que era él, pues ya eran las seis en punto. Le esperé en la puerta y contemplé como salía del ascensor y se acercaba por el pasillo a la puerta.
-        Hola preciosa- me saludó y me dio un pequeño beso en los labios.
-        Hola David, pasa- le dije invitándole a entrar.
Nos sentamos en el sofá y decidimos ver una peli, “Luna Nueva”. Decidimos ponerla tras comprobar que nuestros gustos por aquella saga eran iguales. Conforme pasaban los minutos de la peli, instintivamente me acercaba a David y me abrazaba a él, apoyando mi cabeza en su pecho y él acariciando mi pelo. Aquella sensación me daba tranquilidad, calma, me hacía que pensara las cosas con claridad. Volví a hacerme la misma pregunta “¿Elena, quieres estar con David o con Carlos, o tal vez con Marcos? A ver empieza a descartar. Marcos, si es muy majo, simpático, una gran persona, vale, si me he acostado con él, pero no siento nada más que amistad. No, definitivamente Marcos descartado. ¿Carlos o David? Uff complicado, creo que David, pero necesito tiempo para ver acontecimientos.
David parece que tampoco estaba muy atento  a la película, pues de reojo pude notar como no hacía más que mirarme y sonreírme. Pero no hablábamos, el silencio nos invadía, pero de pronto empezó a hablar.
-        ¿Sabes Elena? Echaba de menos momentos así a tu lado, tranquilos, acariciándote. Espero que estés a gusto, quiero demostrarte cuanto te quiero.
-        Yo…- Hice una pausa- David, necesito un tiempo para ver que tal estoy contigo, estoy muy confundida.
-        ¿Confundida? ¿Aún te duele que te dejara? Bueno, que pregunta seguro que si. Pero ¿entonces por qué estas confundida?- preguntó.
-        Pues no sé David- mentí pues no quería contarle nada de lo de Marcos o me mataba, no podía enterarse- creo que es porque ha sido todo tan rápido, de la noche a la mañana llegas tú y mi vida cambia por completo.
-        Bueno, sabes que te puedes tomar el tiempo que quieras, si necesitas que me aleje de ti durante un tiempo lo haré, solo tienes que pedírmelo.
-        No, no. Ahora lo que menos necesito es que te alejes de mí, me siento muy sola- terminé de susurrar y una lagrima resbalaba por mi mejilla.
-        Ey, Elena, ven aquí anda- me dijo mientras hacía que le mirara a los ojos y él me abrazaba mas fuerte acariciando mi pelo.
Aquel abrazo me dio miles de sensaciones, calambres, cosquillas, no sé la palabra correcta para describirlo. Me sentía protegida, me sentía querida, y sentía la necesidad de no separarme jamás de David. Ahora me daba cuenta, le quería. Mientras pensaba todo esto le abrazaba más fuerte, tanto que casi le ahogaba, pero él no se quejaba, sabía lo mal que me encontraba y quería darme todo su apoyo. Mis lágrimas empaparon su hombro, pero no le importaba. Al poco de separarnos, nuestras miradas se quedaron fijas durante bastante tiempo. No hablábamos. Solamente nos dedicábamos a mirarnos profundamente a los ojos, a contemplar nuestras sonrisas, nuestros labios. Hasta que por un impulso, esta vez fui yo quien me acerqué lentamente a él y sus labios acabaron acariciando los míos. Un beso intenso, largo, lleno de pasión, ternura, amor, cariño, respeto. Aquel beso lo dijo todo de David. Quería transmitirme con él que me cuidaría, me protegería y nunca se separaría de mi lado. Que quería verme fuerte, feliz y sonriente, que me amaba con locura y no quería que le rechazara. Ese beso, ese beso me dio tantas fuerzas, hizo que me aclarara de una manera tan rápida, que parecía imposible. Ahora sí que sí, estaba dispuesta a luchar lo que hiciera falta para poder estar con David, me enfrentaría a mis amigos incluso.
-        Gracias por estar aquí conmigo, te quiero David, y no quiero alejarme de ti. No me dejes sola otra vez por favor- le dije entre lágrimas.
-        Mi niña, sabes que nunca volveré a hacerlo, ya te deje sola una vez y fue lo peor que he hecho en mi vida. Siempre me tendrás contigo si tú quieres. Te quiero preciosa.
 Y seguimos besándonos con ternura y pasión, pero ahora, con más pasión de lo normal, un fuego interno nos quemaba y nos aceleraba cada vez más. Casi sin respiración nos levantamos como pudimos y sin dejar de besarnos, para guiarnos mutuamente hasta mi habitación. Yo le guié de buena gana y pícaramente, quitándole la camiseta fieramente por el camino. Llegamos a la habitación donde David consiguió quitarme la camiseta y bajarme el pantalón vaquero que llevaba puesto. Así poco a poco los dos nos quedamos en ropa interior, disfrutando lentamente de nuestros cuerpos desnudos y sofocando aquel fuego que tanto nos quemaba por dentro. Llegó un momento que la pasión y el fuego interno era tan grande que teníamos que sofocarlo de alguna manera. Con la mirada le pedí a David que entrara en mí. Y así lo hizo. Haciéndome suya. Sintiéndole dentro de mí. Momento que me daba tranquilidad, seguridad y hacía que me sintiera dichosa de tenerle junto a mí de nuevo. Un baile desenfrenado que duró unos minutos.
Una vez llegamos juntos al clímax, nos quedamos abrazados, yo apoyada en su pecho y el cogiéndome de la cintura. Aquel momento me hizo recordar a la primera vez que estuve así con él, la vez que perdí mi virginidad con mi amado, con esa persona que quería tanto. Aquella noche fue estupenda y siempre la recordaré, y ahora volvía a tenerle entre mis brazos, volvía a sentirle mío de nuevo, volvía a despertarme junto a él. Aunque no era de noche yo por el cansancio que tenía acabé dormida y él tras contemplarme dormir también se quedó dormido.