Toda una vida luchando por alcanzar la felicidad siempre deseada, para conseguir al amor de su vida... Y tras ello, errores, traición, celos, muertes, infidelidad, venganza, caprichos... El no saber tomar buenas decisiones y no aclarar sus sentimientos, llevarán a Elena a tener un corazón caprichoso.



domingo, 12 de junio de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 25: Segunda parte

David y yo nos sentamos en el sofá y soltamos un gran suspiro.
-        Por fin a solas, lo estaba deseando- decía David riéndose y abrazándome.
-        Que mal educado eres. Aunque bueno… yo también lo estaba deseando- le dije pícaramente para después fundirnos en un apasionado beso.
Estuvimos hablando de la comida y todo lo que nos habíamos divertido. Él me conto que Oscar e Iván le habían caído genial y eran muy buenos chicos y que Marta era una chica fantástica al igual que María. Pero esta vez no me puse celosa, pues sabía que David, realmente solo tenía ojos para mí y de verdad me quería… ¿O tal vez me equivocaba?
Después de estar viendo una película tumbados en el sofá, abrazados, nos dieron las seis y decidimos irnos a pasear al parque y tomarnos algo en el velador de siempre, en el velador donde conocí a Carlos. Pensé en él por un momento, por fin se había arreglado todo. Como se preocupo por mí en el hospital fue algo que no me imaginaba. En esos momentos recordando aquel momento esbocé una pequeña y tímida sonrisa mientras aun seguía acurrucada bajo los brazos de David. Recordé el momento en que Carlos le dijo en el hospital a Marta que Marcos le había contado lo que le había hecho. Marcos…¿Por qué?- me pregunté. Y aun así, ¿aun sabiendo eso Carlos me había perdonado? Era algo extraño, los dos se llevaban muy bien cuando se conocieron; no me preguntéis cómo por qué no me contaron nunca como se conocieron, pero eso no es lo importante. Lo importante es que eran amigos inseparables, que jamás se fallarían, capaces de cumplir una traición, una promesa, capaces de guardar un secreto. Y lo que me preocupaba es que… Si, me perdono demasiado rápido, ¿Será cierto que en el fondo me había perdonado? Y si…, bueno ya sé que resulta una estupidez y algo cruel pero ¿y si no me ha perdonado por lo que le hice a su amigo Marcos? ¿Y si los dos ahora se vengaran de mi? Uno por aprovecharme de él aquella noche y otro por vengar la tristeza de su mejor amigo
-        ¡¡¡NOO!!!- dije sin querer en voz alta y pegando un sobresalto que notó David pues seguía abrazándome.
-        ¡Cariño! Ey, ¿Qué te pasa? ¿Por qué estas tan asustada?- me preguntó David preocupado, mirándome a los ojos asustados y fijados en un único punto sin reaccionar a nada.
Pero yo seguía sin responder, estaba perpleja, tenía un mal presentimiento. ¿Y si aquello que pensaba se hacía realidad? ¿Y si era verdad que Carlos no me había perdonado y solo había fingido hacer las paces conmigo? Estaba al borde de darme un ataque de nervios, pero algo me hizo salir de mi pensamiento y volver a la tierra.
-        ¡Elena! Reacciona por favor, mírame, respira…- me gritaba David dándome pequeñas palmadas en la cara para que reaccionase.
David ya me había sentado en el sofá y sentí sus pequeñas tortas en la cara para hacerme reaccionar, sentía su aroma, su aliento, su respiración acompasada a la mía. Eso hacía relajarme y por fin logré hablar…
-        David.  Yo… lo siento- le dije mientras una lágrima empezaba a recorrer mi mejilla y las piernas empezaban a temblarme. Menos mal que estaba sentada.
-        Mi niña, ¿Qué te ha pasado? Me has asustado, ¿Qué tienes?- me preguntaba tan deprisa que se le juntaban las palabras.
-        Nada, no te preocupes, simplemente pensaba. Y tuve un mal presentimiento- le dije sin llegar a contarle en quien pensaba.
-        ¿Un mal presentimiento? Pero ¿Cuál?- me preguntó impaciente.
Estaba claro que no iba a contarle nada más a mi querido David, no quería que se enterase de lo que ocurrió la noche de la fiesta, se pensaría que era una caprichosa, que me acostaba con todos y que a él tampoco le querría. Y si seguía hablando estaba segura que al final, con la capacidad de convicción que tenía David, iba a acabar sacándomelo. Así que le mentí, no tenía otra opción, aunque en el fondo me dolía muchísimo verle así de preocupado y tener que mentirle era algo superior. Bien decían que una mentira lleva a otra y a otra más grande. Y no quería que eso me pasara con él, pero no veía otra salida. Ya caí en mi propio error, ahora tenía que salir de él lo más discretamente posible y sin remover nada más.
-        Pues, veras siento que algo malo va ocurrir entre tu y yo- le dije lo primero que se me vino a la cabeza.- Y yo… no quiero que me dejes, no quiero que vuelvas a irte de mi lado, no lo aguantaría, por favor no te vayas David- mentí lo mejor que pude.
En parte, no le había mentido del todo, realmente ese no fue mi presentimiento, pero de vez en cuando aquello también lo pensaba para mis adentros. Asique no fui tan mentirosa, lo hacía por una buena causa. Si David se enterara de lo de Marcos, me dejaría para siempre y aquello si que no me lo perdonaría.

-        Mi niña, eso no pasará jamás, te lo prometo, no tendría valor para dejarte de nuevo, siempre estaré contigo, no te preocupes cielo. Sabes de sobra que te quiero
-        Lo sé, pero yo…- y comencé a sollozar. Solo de pensar que por cualquier cosa David podría separarse de mí de nuevo, me entraban escalofríos y mi cuerpo no reaccionaba, solo podía llorar y gritar.
-        Ey… cálmate pequeña. Ya está, no pasará nada- me dijo acurrucándome entre sus brazos, mientras yo apoyaba la cara en su pecho.
Poco a poco, al sentir los latidos de David sonar en mi oído, me fui calmando. Le quería tanto… siempre lograba tranquilizarme, hacerme feliz hiciera lo que hiciera. Aunque a veces tenía miedo de no corresponderle como se merecía ¿Y si realmente no le quería como creía y solo era otro capricho como Carlos o Marcos? No, no, eso no podía ser, David era diferente a ellos, no sé, lo era todo para mí, me importaba más que nadie… Formaba parte de mi corazón y no de mis caprichos.


-        Perdóname, me he comportado como una cría, pero tenía  tanto miedo…- le dije mientras intentaba mirarle a los ojos.
-        No tengo nada que perdonarte, es normal, pero puedes estar tranquila, yo nunca me iré de tu lado- me dijo el suave, tiernamente y muy cariñoso mientras me sujetaba el mentón con una mano y con la otra me secaba las lágrimas que me quedaban en la mejilla.
Después de estar un rato abrazados y que consiguiera calmarme, decidimos irnos, pero antes fui a retocarme el maquillaje pues seguramente el rímel se me habría quitado de tanto llorar. Le deje esperando en el sofá mientras me dirigía al baño a mirarme en el espejo.
-        ¡Qué horror!- pensé en alto. Tenía los ojos hinchados, rojos, la raya se me había quitado y de restregarme los ojos los tenía negros. Parecía un monstruo. No sé como David pudo mirarme con esa cara… ¿Tanto había llorado? Parecía ser que si…
Me lavé la cara y volví a maquillarme, pero esta vez decidí no pintarme la raya, pues como me diera por llorar otra vez me iba a pasar lo mismo. Así que solo resalte mis ojos con sombra clarita y un poco de rímel en las pestañas. Volví a darle carmín a mis labios para darles un tono más sexys y carnosos. Por último me peine, estirando mi larga melena, me eché colonia y salí del baño. Regresé al salón donde estaba David esperándome sentado, más bien recostado  en el sofá.
-        Bueno, ¿nos vamos cariño?- le dije mientras cogía el bolso de encima de la mesa del salón.
-        Si, claro, estaba esperándote- dijo mirándome- Vaya, ahora estas mucho mejor, sin lagrimas ni pegotes negros del rímel- dijo mientras se acercaba a mi riendo y bromeando y me cogía por la cintura.
-        Jum… No tiene gracia, no sé cómo has podido mirarme antes con la cara que tenía. Estaba horrible- le dije con un tono triste y tapándome la cara con las manos.
-        Pero que tontita eres… ¿No te das cuenta que yo te sigo queriendo estés como estés? Te encuentres fea o te encuentres guapa, yo siempre te encontrare hermosa… No lo olvides- dijo quitándome las manos de la cara y dándome un profundo y tierno beso después.
-        Mmm… creo que sí, ya me voy dando cuenta- le dije saboreando ese dulce beso y sonriendo.
-        Venga vámonos preciosa que tengo ganas de dar una vuelta contigo- dijo sonriéndome y sin dejar de cogerme por la cintura.
-        Si, y yo también, vámonos. Adiós Luna, ahora venimos pequeña.
-        Adiós perrita- se despidió David.

domingo, 5 de junio de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 25: Primera parte

Marta y María veían mi cara de asombro y sonreían, mientras Marta me dijo a oído: “Fíjate que padrazo puedes tener si quieres”. Yo sonreí y seguimos escuchando.
-        Si, llevas razón. Seguiré tu consejo, seguro que funciona. Gracias tío, parece que manejes bien este tema- dijo Oscar dándole un gran abrazo a David.
-        Que va, pero sé como se sienten las mujeres con ese tema. No hay de que para eso estamos- dijo David.
-        No te preocupes Oscar, David lleva razón- dijo Iván dándole una palmadita en la espalda en forma de ánimos.
-        Bueno ¿Y tu y Elena? ¿Qué tal estáis juntos?- preguntó Oscar.
-        Pues muy bien tío. Aun han pasado pocos días pero la quiero muchísimo y ahora que la tengo aquí conmigo todo es distinto. Estuve dos años allí en Madrid arrepintiéndome una y mil veces por haberla dejado escapar. No sé porque lo hice. Fue peor. Y ahora que sé que nada ni nadie nos separará, soy el hombre más afortunado del mundo por tenerla. No dudes que la cuidaré, puedes estar tranquilo, no me perdonaría que sufriera de nuevo y menos por mi culpa. Es tan hermosa, tan delicada, la amo y haré lo que haga falta para demostrárselo- terminó de decir David mirando a sus dos nuevos amigos.
¡Madre mia! ¡¿Pero que estaba oyendo?! Una gran declaración de amor de David ¿a mi? ¿Yo? No podía creérmelo. Lloraba de felicidad, tenía a mi lado a la persona más valiosa y que mas me amaba. “Te amo”- susurré. Se lo merecía todo, David se merecía mi amor y se lo iba a dar, ya nada me lo impediría.
-        Vaya, vaya David, me has dejado impresionado- dijo Iván boquiabierto.
-        Ya ves, eso ha sido muy bonito tío, la verdad es que se nota que la quieres y me alegro por los dos. Elena se merece ser feliz de una vez y no me cabe duda que contigo lo será- terminó la conversación Oscar.
Marta, María y yo que seguíamos tras la puerta, nos miramos y decidimos que ya era el momento para aparecer y hacer como si no hubiéramos escuchado nada.
Los chicos nos vieron aparecer a las tres riendo y cuchicheando y se levantaron a saludarnos. Cada uno dio un apasionado beso a su respectiva chica. Un beso largo, lleno de amor y pasión. Como si no nos hubieran visto desde hace tiempo.
-        Bueno, bueno ¿y este recibimiento? Que solo os hemos dejado solos quince minutos- les dije.
-        Eso digo yo- dijo María.
-        Ya pero sin vosotras quince minutos se hacen eternos- dijo David sonriéndome y cogiéndome por la cintura.
-        Es cierto, ya os echábamos de menos- dijo Iván
-        Si, es verdad, creíamos que ya os gustaban más los platos que nosotros- bromeó Oscar como era propio de él.
-        Jamás, vosotros sois nuestros tesoros y no los platos- dijo Marta riéndose- ¿verdad chicas?
-        Pues claro que si, menudas tonterías tenéis- dijimos María y yo, mientras yo miraba a David y le besaba de nuevo.
Después de reírnos por los comentarios, Oscar decidió que María y él debían marcharse para que ella pudiera descansar y Marta e Iván tenían que hacer recados y comprar así que también decidieron marcharse.
-        Bueno… nosotros nos vamos a ir parejita- dijo Oscar dirigiéndose a mí y a David- que seguro que tendréis cosas que hacer además de cocinar- dijo riéndose- y además quiero que María se eche la siesta un rato- dijo mirándola con cara tierna.
-        Pero que pesado te pones cariño… Anda que…, pero bueno no te lo voy a negar, porque la verdad es que estoy algo cansada y eso que aun no tengo tripita- decía María  riendo y acariciándose la barriguita.
Todos reímos y pronto Marta e Iván también se despidieron.
-        Si, nosotros también nos vamos que tenemos que hacer recados y comprar ¿verdad cielo?, asique os dejamos solos ya- dijo Marta mirando a Iván y después a mi para levantarme una ceja.
-        Si, si Marta lleva razón, además tenemos cosas que hacer en casa- se apresuro a decir Iván.
Ambas parejas querían dejarnos solos lo más pronto posible y no sabían que excusa poner para salir de mi casa. Yo me reía por dentro de ellos, no se les daba bien fingir.
-        Lo que vosotros digáis chicos ocupados- decía sin parar de reír.- Vaya prisa que tenéis eh…- les dije a todos mientras cogía a David por la cintura.
-        ¿A que si cariño? Parece que algo se traman ¿no crees?- decía David bromeando.
-        Si, yo creo que algo de eso, si.
-        Venga no digas tonterías enana, que es verdad, además tenéis que descansar, tu sobre todo Elena- me dijo Oscar carraspeando para que David no se diera cuenta a lo que me refería- y también necesitáis un poco de intimidad ¿no crees David?- dijo mientras le miraba y le levantaba una ceja.
-        Si bueno… no nos vendría nada mal- dijo él riéndose y mirándome para después darme un pequeño beso.
-        Definitivamente nos vamos todos- añadió María.
-        Si, venga, ya nos vemos chicos y quedaremos para otro día reunirnos todos que me ha encantado la comida, vaya cocinero estas echo eh tio...- dijo Oscar mientras le daba un codazo a David.
-        Bueno se hace lo que se puede- dijo él sonrojado.
-        Venga tio, ya hablaremos, toma mi móvil que tenemos cosas pendientes, ¿verdad Iván?- dijo Oscar mientras le daba una tarjeta con su número.
-        Ahhh, claro es verdad, toma también el mío- dijo Iván entregándole a David también otra tarjeta.
-        Muy bien, ya hablaremos mas tranquilamente, gracias chicos, me ha encantado conoceros- dijo David estrechándoles la manos a los dos.
-        Igualmente- dijeron Oscar e Iván al unísono.
-        Uy, uy, tanto secretismo, estos se traman algo- les dije yo a las chicas que les escuchábamos perplejas.
-        Si, si, algo traman estos tres- añadió Marta.
-        Estoy totalmente de acuerdo- dijo María.
-        Venga chicas, que no es nada, no os pongáis así, solo son temas de hombres, futbol, deportes, etc… ya sabéis cosas aburridas- dijo David convenciéndonos y mirándome con cara tierna.
-        Mmmm… - dijimos las tres mientras nos pensábamos si creerles o no.
-        Yo creo, que hablan en serio- dijo María- A Oscar se le nota mucho cuando miente y ahora no lo hace- dijo riéndose.
-        Si, estoy de acuerdo- añadió Marta.
-        Pero que tontas que estáis, venga anda vámonos todos ya.- dijo Oscar.
Después de despedirnos con besos, abrazos y estrechamientos de mano, todos salieron por la puerta riendo y lanzándonos miraditas.
Fue una comida estupenda, nos lo pasamos genial y al final todo salió bien. Oscar, David e Iván congeniaron muy bien. Y ahora María, Marta y yo parecíamos como tres hermanas muy unidas y felices con nuestras parejas.

lunes, 30 de mayo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 24: Segunda parte

Durante la comida, en una ocasión note como David no paraba de mirar a Marta con buenos ojos, le parecía una chica encantadora, guapa. Yo me mosqueé y me puse un poco celosa, no lo pude evitar. ¿Le habría gustado Marta más que yo? Bueno era inevitable. Marta era guapísima claro y yo…
 “¡Pero en que estas pensando Elena!- pensé para mi misma- tu eres guapísima, así que no te hagas de menos y párale los pies o mejor dicho los ojos a David”
Así fue como hice, me deje llevar por mi conciencia y en una ocasión que David volvió a mirar a Marta tan profundamente, le di un codazo para que me mirara y viera mi cara de enfado. Él, enseguida que vio mi actitud, supo de qué se trataba y solo pudo ponerse a reír. Pero enseguida se acercó a mi oído y me susurró bajito:
-  Pero que tontita estas. Cariño, yo solo tengo ojos para ti, solo observaba su comportamiento. Es una chica muy maja, pero nada más, no te preocupes mi niña. Te quiero no lo olvides- y seguidamente me besó en los labios dulcemente.
Todos los demás habían contemplado la escena aunque no hubieran escuchado nada. Las chicas se reían y levantaban las cejas mientras los chicos empezaron a vacilar y a gastarle bromas a David.
-  Vaya vaya, que acaramelados os veo.- decía Oscar sin parar de reírse.
Yo estaba roja como un tomate y David también pero menos que yo, ninguno de los dos decíamos nada solo nos mirábamos.
-  David, espero que por tu bien, trates como se merece a Elena esta vez, porque ha sufrido bastante y si algo la pasase yo mismo acabaría contigo. Así que ten cuidado con ella tío.- dijo Oscar en tono amenazador pero sin dejar de sonreír.
-  Lo sé Oscar y me arrepiento muchísimo de lo que la hice, pero te juro por mi vida que jamás me separaré de ella. La amo y no podría vivir sin su cariño, sin su hermosura y sin su bondad- dijo por ultimo David mientras me miraba a los ojos transmitiéndome con la mirada aquellas palabras.
-  Oh ¡qué bonito! - gritaron Marta y María al unísono.- Nosotras también pensamos como Oscar, mas te vale. Aunque parece que eres sincero y no mientes.
-  Si, yo también estoy de acuerdo con eso. Se te ve un buen tio y espero que cuides bien de nuestra pequeña Elena. Ha pasado ya mucho- dijo Iván.
-  Nos tendrás que demostrar a nosotros pero sobre todo a ella que has cambiado y que podemos confiar en ti- decía Oscar.
Yo estaba perpleja, no sabía que decir, parecía que tenían acorralado a David, pero no quise decir nada y seguí observando la situación.
-  No dudéis de que será así chicos- dijo David sonriente- podéis confiar en mi.
-  A ver si es verdad – añadieron todos al unísono.
Nos quedamos unos minutos en silencio y por fin decidí hablar.
-  Gra… gracias chicos. Me habéis dejado sorprendida. Yo… David- dije mirándole- yo también te amo y a partir de ahora, por mi parte, lo nuestro se hace definitivo. Te quiero cielo- dije mientras le daba seguidamente un pequeño beso pero intenso y lleno de amor.
Todos empezaron a aplaudir, como si aquello fuese un espectáculo. David estaba contentísimo, parecía un niño pequeño con su sonrisa de oreja a oreja.
Así la comida pasó tranquila, risas, besos, bromas, etc.
Al terminar, mientras Marta, María y yo recogíamos la cocina, los chicos esperaron en el salón viendo la tele y hablando de sus cosas.
-  Elena, me alegro que por fin hayas encontrado la felicidad y espero que te vaya muy bien con David. Es un chico muy amable, atento y se nota que te quiere bastante- me dijo María con una sonrisa mientras yo metía los platos al lavavajillas.
-  Yo también pienso lo mismo. La verdad que ha sido muy bonito lo que te ha dicho en la comida, pero espero que sea verdad y te lo demuestre. De momento parece que todo vaya muy bien- dijo Marta muy contenta.
-  Gracias chicas, aun no me puedo creer que este aquí, que quiera estar de nuevo a mi lado. Parece un sueño.
-  Pues no Elena, no lo es así que ya sabes, disfrútalo, pero ves con cuidado- me decía Marta.
-  Llevas razón. Lo haré.
-  Estoy segura que acabareis como una preciosa pareja- decía María mientras se reía- Espero que te cuide bien.
-  Ojala. Bueno y tu también cuida bien de Oscar. Ya sabes que te quiere un montón y yo le quiero como a un hermano ¿Verdad Marta?
-  Así es María, estoy segura que le cuidaras muy bien al igual que ese pequeñín que llevas dentro- decía Marta acariciando la barriguita de María.
-  Tranquilas chicas, sabéis que le amo y no se vivir sin mi pequeño principito- dijo María sonriente.
-  No lo dudamos- dije finalmente mientras las dos nos lanzábamos a abrazar a María.
Una vez habíamos terminado de recoger, las tres nos dirigíamos al salón sin hacer ruido para dar un pequeño susto a nuestras respectivas parejas. Antes de cruzar la puerta, oímos que hablaban de nosotras y como éramos muy curiosas nos quedamos las tres escondidas para escuchar.
-  Si, no me extraña, tienes una chica fantástica y no sabes cuanto me alegro por los dos. Además me has dicho que vas a ser padre, estarás contento ¿no?- le decía David a Oscar mientras los tres charlaban sentados en el sofá con la tele puesta.
-  Eso digo yo tío, que ya estas echo un viejo, dentro de nada padre y todo- bromeaba Iván.
-  Uff. Contento no. Estoy loco de contento, tengo unas ganas tremendas que ese pequeño o esa pequeñaja que viene en camino conozca a su madre y a su padre. Aunque, bueno… todo hay que decirlo, también estoy nervioso. Yo intento cuidar todo lo que puedo a María con esto del embarazo, intento que este en reposo, pero tío, no sé si lo hago bien, y eso que solo lleva ni un mes. Creo que a veces me paso y por eso se enfada conmigo. Pero yo… la quiero- terminó de decirles Oscar frustrado con los codos apoyados en las rodillas y las manos en la cabeza.
María en ese momento me miró preocupada, con lástima por su chico, pero a la vez esbozaba una sonrisa de alegría y cariño. Marta también miró a María para ver su reacción.
-  Venga tío, no te preocupes, seguro que no será para tanto, no te comas la cabeza- le intentaba calmar Iván.
-  Oscar, estoy seguro de que la cuidas fenomenal y que serás un gran padre. Además ahora no es necesario que la cuides mucho aun está de un mes y cuando pasen unos meses necesitará más tu ayuda. Seguro que por eso se enfada contigo, aunque en el fondo te lo agradezca. Pero bueno, si quieres un consejo, cuida de ella, ayúdala pero también déjala algo de libertad. Las cosas que pueda hacer ella por sí sola no se las prohíbas. Por mucho que quieras protegerla será peor si la agobias ¿no crees?- le dijo David preocupado y aconsejándole.
Vaya, aquellas palabras de David me dejaron boquiabierta. “¡Pero que tierno!- pensé-¿Será verdad que el también actuaria así?”- me preguntaba para mi misma.

lunes, 23 de mayo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 24: Primera parte

24. Comida entre amigos

“Ding dong”. Llamaban a la puerta. Eran Oscar, María, Marta e Iván que ya estaban ahí. Se atrasaron cinco minutos pero no le dimos importancia porque nos vino muy bien al estar tan ocupados.
-          ¡Vaya! Que inoportunos, en pleno beso- dijo David riendo y separándose de mí.
-          Ya ves- reí- Yo abro, ve al salón y quítate el mandil antes.
-          Vale preciosa.
Abrí la puerta y allí estaban los cuatro. Oscar tan guapo como siempre. Vestía unos piratas vaqueros y un polo rojo de Nike, llevaba unas deportivas de la misma marca e iba muy bien peinado.
María también estaba guapísima, aunque vestía de forma sencilla era una chica que sin apenas arreglarse, relucía de belleza. Llevaba una camiseta roja de tirantes ajustada, pues aun no se le notaba la tripa y podía ponerse ese tipo de ropa. Una falda blanca por encima de las rodillas y unas cuñas rojas atadas al tobillo. Llevaba su larga melena rizada e iba muy bien maquillada de tal forma que lo que más resaltaba eran sus ojos.
Marta venía detrás de María y de Oscar. ¡Estaba preciosa! Con un corto vestido azul cielo de vuelo por encima de las rodillas y con escote en pico. Llevaba su pelo rubio estirado con un semi-recogido arriba y le cubría toda la espalda. Unos tacones blancos no muy de vestir que la hacían más esbelta. Además se notaba que iba muy bien maquillada pero tampoco cargada, con un tono de labios rojos y raya azul en los ojos. Magnifica. Si ya de por si Marta era guapa ahora sí que sí. Seguro que Iván se sentía muy afortunado al tener a alguien tan hermosa como ella.
Iván. Iván iba con Marta cogido de su mano. Muy elegante también. Lucía unos pantalones cortos negros de vestir y un polo blanco sencillo de Lacoste. Unas chanclas de vestir y el pelo de punta cargado de gomina. También le hacía muy masculino y guapo ya que con esa camisa dejaba ver todo su fibroso pecho y resultaba admirable. Primero saludé a Oscar que estaba delante.
-          ¡Hola Oscar!- le dije dándole un fuerte abrazo.
-          ¡Elena! Por fin te vuelvo a ver, ¿Cómo estás? Me tenias preocupado, ya sabes ayer…- se preocupó Oscar.
-          Shhh, sshhh. Baja la voz que no quiero que David se entere de lo que me paso ayer, ya se lo contaré si eso a solas. Pero si, estoy mejor- le dije casi en susurros.
-          ¡Ah! ¿Qué ya está aquí?
-          Sí, me ha ayudado con la comida. Por favor prometerme que no diréis nada chicos, ninguno…- dije mirando a todos con la mirada tierna.
-          Por mi no te preocupes Elena- dijo María.
-          Por mi tampoco pequeñaja- añadió Oscar.
-          Tranquila Elena, nosotros dos tampoco diremos nada, somos una tumba ¿verdad cariño?- dijo Marta mirando a Iván que asintió enseguida.
-          Gracias chicos, os lo agradezco mucho, bueno pasad pasad- les decía mientras les hacía paso para que fueran entrando.
Mientras entraban por la puerta le di dos besos a María y la pregunté como iba con su embarazo.
-          Genial, de momento no da problemas, es pronto aun, aunque ya puedo sentirle- dijo tocándose la barriguita.
-          Seguro que cuando te crezca te sienta genial- la dije sonriendo y haciéndola que pasara al salón.
Saludé  a Marta que traía la bolsa de mis tacones y me dio un abrazo con una sonrisa.
-          Me alegro que estés bien cielo. Toma ¡Tus tacones! Que te vas dejando las cosas tiradas por mi casa- me dijo riéndose.
-          Lo siento, se me olvidaron. Y sí, estoy bien gracias Marta- terminé de decirla mientras pasaba por la puerta.
Y por último Iván.
-          Hola Elena, menudo susto nos pegaste a todos ayer- dijo Iván entre susurros para que David no oyera nada.
-          Lo sé, lo siento. Pero ya estoy mejor, gracias Iván. Y tú ¿como estas?
-          Bien bien, tranquila. Como siempre.- dijo sonriente mientras pasaba.
Cerré la puerta y me dirigí al salón donde estaban todos reunidos y David ya se había levantado esperando a que yo hiciera las presentaciones. Presenté a David a todos. Primero a Oscar y después  a María como su novia, y por último a Marta y después a Iván como su novio. Después de los saludos, noté como David estaba muy contento. Parece ser que les cayó muy bien y Oscar e Iván también se reían con él, hacían bromas, etc. Mientras nos dirigíamos a la cocina, los hombres iban primero a sentarse y las chicas, María, Marta y yo detrás. Marta aprovechó que ellos no nos oían para dar su opinión físicamente sobre David susurrándome casi al oído.
-          Vaya Elena, pues parece ser que vas a tener buen gusto y todo ¿eh?- me decía mientras se quedaba contemplando el culo de David y sus andares.
-          ¡Pero bueno Marta! ¡Que es mío!- le dije fingiendo estar celosa.
-          Ya lo sé tonta, pero no me vas a negar que es guapísimo.
-          Pues no, no te lo niego, es muy hermoso, lo tiene todo y ya veras cuando le conozcas un poco mejor. Es un buen chico- la dije a Marta con una sonrisa mientras yo también me quedaba embobada mirando la risa de David, observando su cuerpo.
-          Estoy segura de que lo es. Se le nota en la cara, ya te iré diciendo a lo largo de la comida.
María se reía de Marta, pero ella también pensaba lo mismo aunque no lo dijo de esa manera.
-          Si, Marta lleva razón Elena. No parece un mal chico y además es guapísimo.
-          Si, no me puedo quejar. Pero bueno no adelantéis acontecimientos, ya veréis como es- les dije a las dos mientras ya nos sentábamos en las mesas.
Los chicos no se habían enterado de nuestra conversación.
Nos sentamos todos yo al lado de David, a mi otro lado estaba Marta, a su lado Iván, después María y por último Oscar al lado de David. Durante la comida todos charlábamos. A veces se formaban grupillos. Conversación de mujeres y conversación de hombres, como siempre, es inevitable. Oscar no paraba de reírse y vacilar con David que le tenía al lado, e Iván también bromeaba de vez en cuando con ellos. Yo me alegraba muchísimo por ellos, parecía que habían congeniado muy bien los tres y eso me hacia feliz.

lunes, 16 de mayo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 23: Segunda parte

Me miró con una mirada irresistible y me dio un corto beso antes de acelerar. Por el camino íbamos hablando, vacilando, riendo. Y así se nos pasaron los diez minutos aproximadamente que duraba el trayecto del colegio a mi casa. Cuando el coche se paró porque ya habíamos llegado, me quité el cinturón y él también. Le miré por unos instantes, en silencio y con una sonrisa dibujada en mi cara, como transmitiéndole con mi mirada que era la chica más feliz del mundo de nuevo a su lado. Él lo entendió enseguida y me miraba feliz, centrándose en mis ojos, deseando que me acercara a él para besarle. Podía leerle el pensamiento con tan solo adentrarme en sus ojos verdes. Poco a poco sin dejar de mirarle, me fui acercando a él. Le acaricié la mejilla con mi mano derecha y con la otra le sujetaba el mentón.
Aquello parecía el lenguaje de las manos, o más bien, el idioma del silencio, nos lo decíamos todo por dentro sin necesidad de pronunciar una palabra.
Así después de unos minutos, terminé rozando la comisura de sus labios hasta que la pasión nos dejo llevar y los besos empezaron a ser más fieros. Aun estábamos en el coche, él intentaba arrimarse más a mí y apretarme con fuerza, pero la palanca de marchas nos impedía el acercamiento.



Sus caricias por mi espalda hacían que sintiera escalofríos y que un fuego interno me recorriera por dentro. Sus pequeños besos por el cuello hacían que estremeciera de placer. Estábamos tan a gusto allí el uno con el otro que hubiera deseado parar el tiempo por unos instantes. Pero era tarde, teníamos que salir del coche y entrar en casa o a poco que nos descuidáramos mis amigos estarían allí.
-          Cariño, siento interrumpir este maravilloso momento, pero…- dije mientras señalaba el reloj.
-          Jo…, con lo bien que estaba yo aquí contigo abrazándote y besándote- me dijo mientras me daba el último beso apasionado en los labios.
-          Ya lo sé y yo también David, pero son casi la una y media y tenemos media hora para hacer la comida ¡cocinero!- dije dándole un codazo y riéndome.
-          Muy graciosa, llevas razón venga vámonos anda- dijo mientras se separaba de mi y sin dejar de mirarme salió por la puerta.
Salimos del coche y nos dirigimos hacia mi casa cogidos de la mano. Yo le miraba de reojo pues su belleza seguía impresionándome. David parecía como el príncipe de aquel cuento que de pequeña siempre me contaban.
Dejé mi pensamiento para sacar las llaves y abrir la puerta del portal. Pude notar que él también me miraba dulcemente. Podía descifrar lo que pensaba, algo así como: “Es hermosa, delicada como una rosa. La quiero, no sé porqué la deje escapar de ese modo. Si  ella es lo mejor que me ha pasado…”
Si, más o menos, eso decían sus ojos mirándome profundamente.
Llegamos a casa y en cuanto abrí la puerta Luna se lanzó a recibirme.
-          Hola pequeña- le decía mientras la tenía en brazos y le acariciaba la cabecita- Hoy tenemos visita Luna. Este es David, no te asustes de él.
David, que aun seguía a mi lado observando aquella escena, se quedó alucinado de lo bien que trataba a la perrita, como si fuese un ser humano.
-          Vaya… Pero Elena, si no te entiende- dijo asombrado.
-          Eso lo dices tú, me entiende perfectamente, es mucho tiempo el que la tengo. Incluso comprende mis estados de ánimo.
-          ¿Si? Pues entonces esta perrita es muy lista, dijo dirigiéndose a ella y acariciándola.
Luna le recibió gruñendo, juntando los dientes con fuerza y con un ladrido tras de otro. David se asustó y se alejó con la cara extrañada.
-          Luna, tranquila. Él ya no me hará más daño. No te preocupes, ahora él está conmigo y estoy muy feliz ¿vale? Así que trátale bien pequeña, la dije dándole un beso en la cabecita.
-          ¡Guau, guau!- me ladró Luna en forma de respuesta cariñosamente apegándose a mí.
David intentó acercarse de nuevo a la perra aunque seguía asombrado por mi comportamiento y sobre todo como reaccionaba Luna cuando yo le hablaba. Ahora la perrita estaba contenta, cariñosa con él, incluso le lamió la mano.
-          ¡Elena! ¡Esta perra es increíble! ¿Pero es que ya le habías hablado de mi?- preguntó atónito.
-          Pues la verdad que mucho. Sabe todo lo que he sufrido estos dos años por ti y siempre ha estado a mi lado, aguantándome. Por eso, como me vio llorar por ti te ha recibido de esa manera- terminé de decir mientras pasábamos al salón.
David seguía boquiabierto y algo triste por lo que le había dicho.
-          Vaya, yo… lo siento. Fue por mi culpa, soy un idiota…- se lamentó agachando la cabeza.
-          David…- dije mirándole a los ojos y sujetándole la barbilla- Es verdad que sufrí, pero lo pasado, pasado está, no le des más vueltas o acabaré enfadándome.
Entre suspiros y no muy convencido respondió.
-          Esta bien, te haré caso porque no quiero estar mal contigo de nuevo- dijo a regañadientes- pero te prometo que no volverás a sufrir por mí.
-          Bueno…- dije poniendo los ojos en blanco y a la vez cambiando de tema- Vamos a la cocina que tenemos que preparar la comida en menos de media hora ¡venga! Ya sabes donde está el baño así que lávate las manos- le ordené.
-          ¡Si, señor! A sus órdenes- dijo vacilante y poniéndose firme.
Estuvimos preparando la comida mientras charlábamos, tonteábamos y algún beso que otro se nos escapaba. Hasta con el mandil puesto David era guapísimo y no podía evitar quedarme embobada mirándole.
-          ¿Qué pasa? ¿Tan feo me ves con el mandil?- preguntó con un puchero.
-          Pero que tonto eres cielo. Al contrario, te miro así porque eres lo más hermoso que he visto nunca, hasta con el mandil fíjate.
-          Uy, ahora viene la escena de cuando me pongo rojo como cuando lo haces tu ¿no?
-          Bueno, si quieres… Seguro que te hace estar más guapo aun y ya es decir- dije riendo para después besarle apasionadamente.
Un beso lleno de amor en el que nuestras lenguas jugaban y nos dábamos pequeños mordisquitos en el labio. Maravilloso. Un beso en el que nos uníamos y demostrábamos nuestro amor.