Toda una vida luchando por alcanzar la felicidad siempre deseada, para conseguir al amor de su vida... Y tras ello, errores, traición, celos, muertes, infidelidad, venganza, caprichos... El no saber tomar buenas decisiones y no aclarar sus sentimientos, llevarán a Elena a tener un corazón caprichoso.



domingo, 5 de junio de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 25: Primera parte

Marta y María veían mi cara de asombro y sonreían, mientras Marta me dijo a oído: “Fíjate que padrazo puedes tener si quieres”. Yo sonreí y seguimos escuchando.
-        Si, llevas razón. Seguiré tu consejo, seguro que funciona. Gracias tío, parece que manejes bien este tema- dijo Oscar dándole un gran abrazo a David.
-        Que va, pero sé como se sienten las mujeres con ese tema. No hay de que para eso estamos- dijo David.
-        No te preocupes Oscar, David lleva razón- dijo Iván dándole una palmadita en la espalda en forma de ánimos.
-        Bueno ¿Y tu y Elena? ¿Qué tal estáis juntos?- preguntó Oscar.
-        Pues muy bien tío. Aun han pasado pocos días pero la quiero muchísimo y ahora que la tengo aquí conmigo todo es distinto. Estuve dos años allí en Madrid arrepintiéndome una y mil veces por haberla dejado escapar. No sé porque lo hice. Fue peor. Y ahora que sé que nada ni nadie nos separará, soy el hombre más afortunado del mundo por tenerla. No dudes que la cuidaré, puedes estar tranquilo, no me perdonaría que sufriera de nuevo y menos por mi culpa. Es tan hermosa, tan delicada, la amo y haré lo que haga falta para demostrárselo- terminó de decir David mirando a sus dos nuevos amigos.
¡Madre mia! ¡¿Pero que estaba oyendo?! Una gran declaración de amor de David ¿a mi? ¿Yo? No podía creérmelo. Lloraba de felicidad, tenía a mi lado a la persona más valiosa y que mas me amaba. “Te amo”- susurré. Se lo merecía todo, David se merecía mi amor y se lo iba a dar, ya nada me lo impediría.
-        Vaya, vaya David, me has dejado impresionado- dijo Iván boquiabierto.
-        Ya ves, eso ha sido muy bonito tío, la verdad es que se nota que la quieres y me alegro por los dos. Elena se merece ser feliz de una vez y no me cabe duda que contigo lo será- terminó la conversación Oscar.
Marta, María y yo que seguíamos tras la puerta, nos miramos y decidimos que ya era el momento para aparecer y hacer como si no hubiéramos escuchado nada.
Los chicos nos vieron aparecer a las tres riendo y cuchicheando y se levantaron a saludarnos. Cada uno dio un apasionado beso a su respectiva chica. Un beso largo, lleno de amor y pasión. Como si no nos hubieran visto desde hace tiempo.
-        Bueno, bueno ¿y este recibimiento? Que solo os hemos dejado solos quince minutos- les dije.
-        Eso digo yo- dijo María.
-        Ya pero sin vosotras quince minutos se hacen eternos- dijo David sonriéndome y cogiéndome por la cintura.
-        Es cierto, ya os echábamos de menos- dijo Iván
-        Si, es verdad, creíamos que ya os gustaban más los platos que nosotros- bromeó Oscar como era propio de él.
-        Jamás, vosotros sois nuestros tesoros y no los platos- dijo Marta riéndose- ¿verdad chicas?
-        Pues claro que si, menudas tonterías tenéis- dijimos María y yo, mientras yo miraba a David y le besaba de nuevo.
Después de reírnos por los comentarios, Oscar decidió que María y él debían marcharse para que ella pudiera descansar y Marta e Iván tenían que hacer recados y comprar así que también decidieron marcharse.
-        Bueno… nosotros nos vamos a ir parejita- dijo Oscar dirigiéndose a mí y a David- que seguro que tendréis cosas que hacer además de cocinar- dijo riéndose- y además quiero que María se eche la siesta un rato- dijo mirándola con cara tierna.
-        Pero que pesado te pones cariño… Anda que…, pero bueno no te lo voy a negar, porque la verdad es que estoy algo cansada y eso que aun no tengo tripita- decía María  riendo y acariciándose la barriguita.
Todos reímos y pronto Marta e Iván también se despidieron.
-        Si, nosotros también nos vamos que tenemos que hacer recados y comprar ¿verdad cielo?, asique os dejamos solos ya- dijo Marta mirando a Iván y después a mi para levantarme una ceja.
-        Si, si Marta lleva razón, además tenemos cosas que hacer en casa- se apresuro a decir Iván.
Ambas parejas querían dejarnos solos lo más pronto posible y no sabían que excusa poner para salir de mi casa. Yo me reía por dentro de ellos, no se les daba bien fingir.
-        Lo que vosotros digáis chicos ocupados- decía sin parar de reír.- Vaya prisa que tenéis eh…- les dije a todos mientras cogía a David por la cintura.
-        ¿A que si cariño? Parece que algo se traman ¿no crees?- decía David bromeando.
-        Si, yo creo que algo de eso, si.
-        Venga no digas tonterías enana, que es verdad, además tenéis que descansar, tu sobre todo Elena- me dijo Oscar carraspeando para que David no se diera cuenta a lo que me refería- y también necesitáis un poco de intimidad ¿no crees David?- dijo mientras le miraba y le levantaba una ceja.
-        Si bueno… no nos vendría nada mal- dijo él riéndose y mirándome para después darme un pequeño beso.
-        Definitivamente nos vamos todos- añadió María.
-        Si, venga, ya nos vemos chicos y quedaremos para otro día reunirnos todos que me ha encantado la comida, vaya cocinero estas echo eh tio...- dijo Oscar mientras le daba un codazo a David.
-        Bueno se hace lo que se puede- dijo él sonrojado.
-        Venga tio, ya hablaremos, toma mi móvil que tenemos cosas pendientes, ¿verdad Iván?- dijo Oscar mientras le daba una tarjeta con su número.
-        Ahhh, claro es verdad, toma también el mío- dijo Iván entregándole a David también otra tarjeta.
-        Muy bien, ya hablaremos mas tranquilamente, gracias chicos, me ha encantado conoceros- dijo David estrechándoles la manos a los dos.
-        Igualmente- dijeron Oscar e Iván al unísono.
-        Uy, uy, tanto secretismo, estos se traman algo- les dije yo a las chicas que les escuchábamos perplejas.
-        Si, si, algo traman estos tres- añadió Marta.
-        Estoy totalmente de acuerdo- dijo María.
-        Venga chicas, que no es nada, no os pongáis así, solo son temas de hombres, futbol, deportes, etc… ya sabéis cosas aburridas- dijo David convenciéndonos y mirándome con cara tierna.
-        Mmmm… - dijimos las tres mientras nos pensábamos si creerles o no.
-        Yo creo, que hablan en serio- dijo María- A Oscar se le nota mucho cuando miente y ahora no lo hace- dijo riéndose.
-        Si, estoy de acuerdo- añadió Marta.
-        Pero que tontas que estáis, venga anda vámonos todos ya.- dijo Oscar.
Después de despedirnos con besos, abrazos y estrechamientos de mano, todos salieron por la puerta riendo y lanzándonos miraditas.
Fue una comida estupenda, nos lo pasamos genial y al final todo salió bien. Oscar, David e Iván congeniaron muy bien. Y ahora María, Marta y yo parecíamos como tres hermanas muy unidas y felices con nuestras parejas.

lunes, 30 de mayo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 24: Segunda parte

Durante la comida, en una ocasión note como David no paraba de mirar a Marta con buenos ojos, le parecía una chica encantadora, guapa. Yo me mosqueé y me puse un poco celosa, no lo pude evitar. ¿Le habría gustado Marta más que yo? Bueno era inevitable. Marta era guapísima claro y yo…
 “¡Pero en que estas pensando Elena!- pensé para mi misma- tu eres guapísima, así que no te hagas de menos y párale los pies o mejor dicho los ojos a David”
Así fue como hice, me deje llevar por mi conciencia y en una ocasión que David volvió a mirar a Marta tan profundamente, le di un codazo para que me mirara y viera mi cara de enfado. Él, enseguida que vio mi actitud, supo de qué se trataba y solo pudo ponerse a reír. Pero enseguida se acercó a mi oído y me susurró bajito:
-  Pero que tontita estas. Cariño, yo solo tengo ojos para ti, solo observaba su comportamiento. Es una chica muy maja, pero nada más, no te preocupes mi niña. Te quiero no lo olvides- y seguidamente me besó en los labios dulcemente.
Todos los demás habían contemplado la escena aunque no hubieran escuchado nada. Las chicas se reían y levantaban las cejas mientras los chicos empezaron a vacilar y a gastarle bromas a David.
-  Vaya vaya, que acaramelados os veo.- decía Oscar sin parar de reírse.
Yo estaba roja como un tomate y David también pero menos que yo, ninguno de los dos decíamos nada solo nos mirábamos.
-  David, espero que por tu bien, trates como se merece a Elena esta vez, porque ha sufrido bastante y si algo la pasase yo mismo acabaría contigo. Así que ten cuidado con ella tío.- dijo Oscar en tono amenazador pero sin dejar de sonreír.
-  Lo sé Oscar y me arrepiento muchísimo de lo que la hice, pero te juro por mi vida que jamás me separaré de ella. La amo y no podría vivir sin su cariño, sin su hermosura y sin su bondad- dijo por ultimo David mientras me miraba a los ojos transmitiéndome con la mirada aquellas palabras.
-  Oh ¡qué bonito! - gritaron Marta y María al unísono.- Nosotras también pensamos como Oscar, mas te vale. Aunque parece que eres sincero y no mientes.
-  Si, yo también estoy de acuerdo con eso. Se te ve un buen tio y espero que cuides bien de nuestra pequeña Elena. Ha pasado ya mucho- dijo Iván.
-  Nos tendrás que demostrar a nosotros pero sobre todo a ella que has cambiado y que podemos confiar en ti- decía Oscar.
Yo estaba perpleja, no sabía que decir, parecía que tenían acorralado a David, pero no quise decir nada y seguí observando la situación.
-  No dudéis de que será así chicos- dijo David sonriente- podéis confiar en mi.
-  A ver si es verdad – añadieron todos al unísono.
Nos quedamos unos minutos en silencio y por fin decidí hablar.
-  Gra… gracias chicos. Me habéis dejado sorprendida. Yo… David- dije mirándole- yo también te amo y a partir de ahora, por mi parte, lo nuestro se hace definitivo. Te quiero cielo- dije mientras le daba seguidamente un pequeño beso pero intenso y lleno de amor.
Todos empezaron a aplaudir, como si aquello fuese un espectáculo. David estaba contentísimo, parecía un niño pequeño con su sonrisa de oreja a oreja.
Así la comida pasó tranquila, risas, besos, bromas, etc.
Al terminar, mientras Marta, María y yo recogíamos la cocina, los chicos esperaron en el salón viendo la tele y hablando de sus cosas.
-  Elena, me alegro que por fin hayas encontrado la felicidad y espero que te vaya muy bien con David. Es un chico muy amable, atento y se nota que te quiere bastante- me dijo María con una sonrisa mientras yo metía los platos al lavavajillas.
-  Yo también pienso lo mismo. La verdad que ha sido muy bonito lo que te ha dicho en la comida, pero espero que sea verdad y te lo demuestre. De momento parece que todo vaya muy bien- dijo Marta muy contenta.
-  Gracias chicas, aun no me puedo creer que este aquí, que quiera estar de nuevo a mi lado. Parece un sueño.
-  Pues no Elena, no lo es así que ya sabes, disfrútalo, pero ves con cuidado- me decía Marta.
-  Llevas razón. Lo haré.
-  Estoy segura que acabareis como una preciosa pareja- decía María mientras se reía- Espero que te cuide bien.
-  Ojala. Bueno y tu también cuida bien de Oscar. Ya sabes que te quiere un montón y yo le quiero como a un hermano ¿Verdad Marta?
-  Así es María, estoy segura que le cuidaras muy bien al igual que ese pequeñín que llevas dentro- decía Marta acariciando la barriguita de María.
-  Tranquilas chicas, sabéis que le amo y no se vivir sin mi pequeño principito- dijo María sonriente.
-  No lo dudamos- dije finalmente mientras las dos nos lanzábamos a abrazar a María.
Una vez habíamos terminado de recoger, las tres nos dirigíamos al salón sin hacer ruido para dar un pequeño susto a nuestras respectivas parejas. Antes de cruzar la puerta, oímos que hablaban de nosotras y como éramos muy curiosas nos quedamos las tres escondidas para escuchar.
-  Si, no me extraña, tienes una chica fantástica y no sabes cuanto me alegro por los dos. Además me has dicho que vas a ser padre, estarás contento ¿no?- le decía David a Oscar mientras los tres charlaban sentados en el sofá con la tele puesta.
-  Eso digo yo tío, que ya estas echo un viejo, dentro de nada padre y todo- bromeaba Iván.
-  Uff. Contento no. Estoy loco de contento, tengo unas ganas tremendas que ese pequeño o esa pequeñaja que viene en camino conozca a su madre y a su padre. Aunque, bueno… todo hay que decirlo, también estoy nervioso. Yo intento cuidar todo lo que puedo a María con esto del embarazo, intento que este en reposo, pero tío, no sé si lo hago bien, y eso que solo lleva ni un mes. Creo que a veces me paso y por eso se enfada conmigo. Pero yo… la quiero- terminó de decirles Oscar frustrado con los codos apoyados en las rodillas y las manos en la cabeza.
María en ese momento me miró preocupada, con lástima por su chico, pero a la vez esbozaba una sonrisa de alegría y cariño. Marta también miró a María para ver su reacción.
-  Venga tío, no te preocupes, seguro que no será para tanto, no te comas la cabeza- le intentaba calmar Iván.
-  Oscar, estoy seguro de que la cuidas fenomenal y que serás un gran padre. Además ahora no es necesario que la cuides mucho aun está de un mes y cuando pasen unos meses necesitará más tu ayuda. Seguro que por eso se enfada contigo, aunque en el fondo te lo agradezca. Pero bueno, si quieres un consejo, cuida de ella, ayúdala pero también déjala algo de libertad. Las cosas que pueda hacer ella por sí sola no se las prohíbas. Por mucho que quieras protegerla será peor si la agobias ¿no crees?- le dijo David preocupado y aconsejándole.
Vaya, aquellas palabras de David me dejaron boquiabierta. “¡Pero que tierno!- pensé-¿Será verdad que el también actuaria así?”- me preguntaba para mi misma.

lunes, 23 de mayo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 24: Primera parte

24. Comida entre amigos

“Ding dong”. Llamaban a la puerta. Eran Oscar, María, Marta e Iván que ya estaban ahí. Se atrasaron cinco minutos pero no le dimos importancia porque nos vino muy bien al estar tan ocupados.
-          ¡Vaya! Que inoportunos, en pleno beso- dijo David riendo y separándose de mí.
-          Ya ves- reí- Yo abro, ve al salón y quítate el mandil antes.
-          Vale preciosa.
Abrí la puerta y allí estaban los cuatro. Oscar tan guapo como siempre. Vestía unos piratas vaqueros y un polo rojo de Nike, llevaba unas deportivas de la misma marca e iba muy bien peinado.
María también estaba guapísima, aunque vestía de forma sencilla era una chica que sin apenas arreglarse, relucía de belleza. Llevaba una camiseta roja de tirantes ajustada, pues aun no se le notaba la tripa y podía ponerse ese tipo de ropa. Una falda blanca por encima de las rodillas y unas cuñas rojas atadas al tobillo. Llevaba su larga melena rizada e iba muy bien maquillada de tal forma que lo que más resaltaba eran sus ojos.
Marta venía detrás de María y de Oscar. ¡Estaba preciosa! Con un corto vestido azul cielo de vuelo por encima de las rodillas y con escote en pico. Llevaba su pelo rubio estirado con un semi-recogido arriba y le cubría toda la espalda. Unos tacones blancos no muy de vestir que la hacían más esbelta. Además se notaba que iba muy bien maquillada pero tampoco cargada, con un tono de labios rojos y raya azul en los ojos. Magnifica. Si ya de por si Marta era guapa ahora sí que sí. Seguro que Iván se sentía muy afortunado al tener a alguien tan hermosa como ella.
Iván. Iván iba con Marta cogido de su mano. Muy elegante también. Lucía unos pantalones cortos negros de vestir y un polo blanco sencillo de Lacoste. Unas chanclas de vestir y el pelo de punta cargado de gomina. También le hacía muy masculino y guapo ya que con esa camisa dejaba ver todo su fibroso pecho y resultaba admirable. Primero saludé a Oscar que estaba delante.
-          ¡Hola Oscar!- le dije dándole un fuerte abrazo.
-          ¡Elena! Por fin te vuelvo a ver, ¿Cómo estás? Me tenias preocupado, ya sabes ayer…- se preocupó Oscar.
-          Shhh, sshhh. Baja la voz que no quiero que David se entere de lo que me paso ayer, ya se lo contaré si eso a solas. Pero si, estoy mejor- le dije casi en susurros.
-          ¡Ah! ¿Qué ya está aquí?
-          Sí, me ha ayudado con la comida. Por favor prometerme que no diréis nada chicos, ninguno…- dije mirando a todos con la mirada tierna.
-          Por mi no te preocupes Elena- dijo María.
-          Por mi tampoco pequeñaja- añadió Oscar.
-          Tranquila Elena, nosotros dos tampoco diremos nada, somos una tumba ¿verdad cariño?- dijo Marta mirando a Iván que asintió enseguida.
-          Gracias chicos, os lo agradezco mucho, bueno pasad pasad- les decía mientras les hacía paso para que fueran entrando.
Mientras entraban por la puerta le di dos besos a María y la pregunté como iba con su embarazo.
-          Genial, de momento no da problemas, es pronto aun, aunque ya puedo sentirle- dijo tocándose la barriguita.
-          Seguro que cuando te crezca te sienta genial- la dije sonriendo y haciéndola que pasara al salón.
Saludé  a Marta que traía la bolsa de mis tacones y me dio un abrazo con una sonrisa.
-          Me alegro que estés bien cielo. Toma ¡Tus tacones! Que te vas dejando las cosas tiradas por mi casa- me dijo riéndose.
-          Lo siento, se me olvidaron. Y sí, estoy bien gracias Marta- terminé de decirla mientras pasaba por la puerta.
Y por último Iván.
-          Hola Elena, menudo susto nos pegaste a todos ayer- dijo Iván entre susurros para que David no oyera nada.
-          Lo sé, lo siento. Pero ya estoy mejor, gracias Iván. Y tú ¿como estas?
-          Bien bien, tranquila. Como siempre.- dijo sonriente mientras pasaba.
Cerré la puerta y me dirigí al salón donde estaban todos reunidos y David ya se había levantado esperando a que yo hiciera las presentaciones. Presenté a David a todos. Primero a Oscar y después  a María como su novia, y por último a Marta y después a Iván como su novio. Después de los saludos, noté como David estaba muy contento. Parece ser que les cayó muy bien y Oscar e Iván también se reían con él, hacían bromas, etc. Mientras nos dirigíamos a la cocina, los hombres iban primero a sentarse y las chicas, María, Marta y yo detrás. Marta aprovechó que ellos no nos oían para dar su opinión físicamente sobre David susurrándome casi al oído.
-          Vaya Elena, pues parece ser que vas a tener buen gusto y todo ¿eh?- me decía mientras se quedaba contemplando el culo de David y sus andares.
-          ¡Pero bueno Marta! ¡Que es mío!- le dije fingiendo estar celosa.
-          Ya lo sé tonta, pero no me vas a negar que es guapísimo.
-          Pues no, no te lo niego, es muy hermoso, lo tiene todo y ya veras cuando le conozcas un poco mejor. Es un buen chico- la dije a Marta con una sonrisa mientras yo también me quedaba embobada mirando la risa de David, observando su cuerpo.
-          Estoy segura de que lo es. Se le nota en la cara, ya te iré diciendo a lo largo de la comida.
María se reía de Marta, pero ella también pensaba lo mismo aunque no lo dijo de esa manera.
-          Si, Marta lleva razón Elena. No parece un mal chico y además es guapísimo.
-          Si, no me puedo quejar. Pero bueno no adelantéis acontecimientos, ya veréis como es- les dije a las dos mientras ya nos sentábamos en las mesas.
Los chicos no se habían enterado de nuestra conversación.
Nos sentamos todos yo al lado de David, a mi otro lado estaba Marta, a su lado Iván, después María y por último Oscar al lado de David. Durante la comida todos charlábamos. A veces se formaban grupillos. Conversación de mujeres y conversación de hombres, como siempre, es inevitable. Oscar no paraba de reírse y vacilar con David que le tenía al lado, e Iván también bromeaba de vez en cuando con ellos. Yo me alegraba muchísimo por ellos, parecía que habían congeniado muy bien los tres y eso me hacia feliz.

lunes, 16 de mayo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 23: Segunda parte

Me miró con una mirada irresistible y me dio un corto beso antes de acelerar. Por el camino íbamos hablando, vacilando, riendo. Y así se nos pasaron los diez minutos aproximadamente que duraba el trayecto del colegio a mi casa. Cuando el coche se paró porque ya habíamos llegado, me quité el cinturón y él también. Le miré por unos instantes, en silencio y con una sonrisa dibujada en mi cara, como transmitiéndole con mi mirada que era la chica más feliz del mundo de nuevo a su lado. Él lo entendió enseguida y me miraba feliz, centrándose en mis ojos, deseando que me acercara a él para besarle. Podía leerle el pensamiento con tan solo adentrarme en sus ojos verdes. Poco a poco sin dejar de mirarle, me fui acercando a él. Le acaricié la mejilla con mi mano derecha y con la otra le sujetaba el mentón.
Aquello parecía el lenguaje de las manos, o más bien, el idioma del silencio, nos lo decíamos todo por dentro sin necesidad de pronunciar una palabra.
Así después de unos minutos, terminé rozando la comisura de sus labios hasta que la pasión nos dejo llevar y los besos empezaron a ser más fieros. Aun estábamos en el coche, él intentaba arrimarse más a mí y apretarme con fuerza, pero la palanca de marchas nos impedía el acercamiento.



Sus caricias por mi espalda hacían que sintiera escalofríos y que un fuego interno me recorriera por dentro. Sus pequeños besos por el cuello hacían que estremeciera de placer. Estábamos tan a gusto allí el uno con el otro que hubiera deseado parar el tiempo por unos instantes. Pero era tarde, teníamos que salir del coche y entrar en casa o a poco que nos descuidáramos mis amigos estarían allí.
-          Cariño, siento interrumpir este maravilloso momento, pero…- dije mientras señalaba el reloj.
-          Jo…, con lo bien que estaba yo aquí contigo abrazándote y besándote- me dijo mientras me daba el último beso apasionado en los labios.
-          Ya lo sé y yo también David, pero son casi la una y media y tenemos media hora para hacer la comida ¡cocinero!- dije dándole un codazo y riéndome.
-          Muy graciosa, llevas razón venga vámonos anda- dijo mientras se separaba de mi y sin dejar de mirarme salió por la puerta.
Salimos del coche y nos dirigimos hacia mi casa cogidos de la mano. Yo le miraba de reojo pues su belleza seguía impresionándome. David parecía como el príncipe de aquel cuento que de pequeña siempre me contaban.
Dejé mi pensamiento para sacar las llaves y abrir la puerta del portal. Pude notar que él también me miraba dulcemente. Podía descifrar lo que pensaba, algo así como: “Es hermosa, delicada como una rosa. La quiero, no sé porqué la deje escapar de ese modo. Si  ella es lo mejor que me ha pasado…”
Si, más o menos, eso decían sus ojos mirándome profundamente.
Llegamos a casa y en cuanto abrí la puerta Luna se lanzó a recibirme.
-          Hola pequeña- le decía mientras la tenía en brazos y le acariciaba la cabecita- Hoy tenemos visita Luna. Este es David, no te asustes de él.
David, que aun seguía a mi lado observando aquella escena, se quedó alucinado de lo bien que trataba a la perrita, como si fuese un ser humano.
-          Vaya… Pero Elena, si no te entiende- dijo asombrado.
-          Eso lo dices tú, me entiende perfectamente, es mucho tiempo el que la tengo. Incluso comprende mis estados de ánimo.
-          ¿Si? Pues entonces esta perrita es muy lista, dijo dirigiéndose a ella y acariciándola.
Luna le recibió gruñendo, juntando los dientes con fuerza y con un ladrido tras de otro. David se asustó y se alejó con la cara extrañada.
-          Luna, tranquila. Él ya no me hará más daño. No te preocupes, ahora él está conmigo y estoy muy feliz ¿vale? Así que trátale bien pequeña, la dije dándole un beso en la cabecita.
-          ¡Guau, guau!- me ladró Luna en forma de respuesta cariñosamente apegándose a mí.
David intentó acercarse de nuevo a la perra aunque seguía asombrado por mi comportamiento y sobre todo como reaccionaba Luna cuando yo le hablaba. Ahora la perrita estaba contenta, cariñosa con él, incluso le lamió la mano.
-          ¡Elena! ¡Esta perra es increíble! ¿Pero es que ya le habías hablado de mi?- preguntó atónito.
-          Pues la verdad que mucho. Sabe todo lo que he sufrido estos dos años por ti y siempre ha estado a mi lado, aguantándome. Por eso, como me vio llorar por ti te ha recibido de esa manera- terminé de decir mientras pasábamos al salón.
David seguía boquiabierto y algo triste por lo que le había dicho.
-          Vaya, yo… lo siento. Fue por mi culpa, soy un idiota…- se lamentó agachando la cabeza.
-          David…- dije mirándole a los ojos y sujetándole la barbilla- Es verdad que sufrí, pero lo pasado, pasado está, no le des más vueltas o acabaré enfadándome.
Entre suspiros y no muy convencido respondió.
-          Esta bien, te haré caso porque no quiero estar mal contigo de nuevo- dijo a regañadientes- pero te prometo que no volverás a sufrir por mí.
-          Bueno…- dije poniendo los ojos en blanco y a la vez cambiando de tema- Vamos a la cocina que tenemos que preparar la comida en menos de media hora ¡venga! Ya sabes donde está el baño así que lávate las manos- le ordené.
-          ¡Si, señor! A sus órdenes- dijo vacilante y poniéndose firme.
Estuvimos preparando la comida mientras charlábamos, tonteábamos y algún beso que otro se nos escapaba. Hasta con el mandil puesto David era guapísimo y no podía evitar quedarme embobada mirándole.
-          ¿Qué pasa? ¿Tan feo me ves con el mandil?- preguntó con un puchero.
-          Pero que tonto eres cielo. Al contrario, te miro así porque eres lo más hermoso que he visto nunca, hasta con el mandil fíjate.
-          Uy, ahora viene la escena de cuando me pongo rojo como cuando lo haces tu ¿no?
-          Bueno, si quieres… Seguro que te hace estar más guapo aun y ya es decir- dije riendo para después besarle apasionadamente.
Un beso lleno de amor en el que nuestras lenguas jugaban y nos dábamos pequeños mordisquitos en el labio. Maravilloso. Un beso en el que nos uníamos y demostrábamos nuestro amor.

lunes, 9 de mayo de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 23: Primera parte

Era una mañana soleada, pero corría un poco de brisa y se agradecía pues aquel calor era inaguantable. Como siempre, me quedaba embobada mirando las pequeñas cosas que iba encontrando por la calle mientras caminaba hasta el colegio.
Las tiendas acababan de abrir, otras aun permanecían cerradas. En el súper las mismas señoras comprando a primera hora. Aunque el parque estaba vacío, hoy no había apenas niños, además era aun muy pronto.
Pasé por la misma calle en la que me encontré con Marcos. Al principio un poco nerviosa y tensa por si me lo encontraba. Aún no sabía si se había enterado de mi desmayo ayer, o si lo sabía y ni si quiera se había preocupado. No le daba mucha importancia aunque en el fondo me dolía. Por suerte no me lo encontré por allí a esas horas, seguramente estaría trabajando ya.
En pocos minutos llegué al colegio. Esa semana me pasaría todas las mañanas por allí pues así me entretendría y charlaba con mis compañeros de trabajo. Me venía bien distraerme, pues siempre me aburría ya que David o trabajaba o tenía asuntos que resolver. Pensé en él, en cómo le habrían ido los análisis, pero ya le preguntaría cuando viniera a por mí a la una.
La mañana pasó amena, aunque deseaba que el reloj del pasillo marcara la una para ver a mi chico, ya le echaba de menos y solo había pasado un día sin él. Me divertía charlando con los demás profesores, mientras colocábamos archivos y proponíamos nuevas ideas para el próximo curso.
Así llegaron la una menos diez y como estaba ansiosa porque David llegara, fui al baño para retocarme el maquillaje y peinarme de nuevo. Saqué mi pequeño peine del bolso y estiré mi melena. Me pinté un poco los labios con carmín no muy rojo y me repase la raya negra en los ojos. “Lista”- me dije para mí misma mientras me miraba en el espejo y guardaba las cosas. Menos cinco. David ya estaría esperándome. Salí del baño directa a la calle pensando en mi chico, en si me encontraría guapa o no. Crucé la puerta de salida del colegio y allí estaba él, apoyado en la pared a mano derecha. Jugando con la llave del coche, mirando al cielo, con la mente vagando y pensando con una gran sonrisa. Cuando le vi se me iluminaron los ojos y una sonrisa se dibujó en mi cara. Era tan hermoso. Tenía un cuerpo esculpido como si un artista le hubiera tallado. David llevaba unos pantalones vaqueros piratas, un polo verde de Adidas de manga corta y unas chanclas negras. Guapísimo como siempre, vestía de manera sencilla y me encantaba. Me acerqué a él sigilosamente pero enseguida me oyó y giró la cabeza hasta donde estaba, mientras yo seguía acercándome para recibirle con un apasionado beso.
-          ¡Vaya! Por ahí viene el ángel tan hermoso de mis sueños- dijo riéndose pícaramente mientras yo esbozaba una sonrisa.
-          Hola mi amor- dije una vez llegué a él y le besé.


Aquel beso fue delicioso, de nuevo volvía a sentir su aroma, aquel olor que desprendía que me quitaba el sentido y no podía controlar las ganas de besarle fieramente. Un beso largo, intenso que demostró que los dos estábamos deseosos de volver a vernos.
-          Mmm… se nota que me has echado de menos ¿eh pequeña?- dijo  separándose un poco de mi, riéndose y relamiéndose los labios con la lengua suavemente mientras me cogía por la cintura.
-          Mucho - suspiré mirando al cielo- no sabes cuánto cariño.
-          Por cierto estas preciosa, con esa faldita tan corta me vas a volver loco ¿eh?- dijo observándome de arriba abajo y bajando su mano por mis piernas.
-          Que gracioso, pues a lo mejor debería quitármela para no provocarte ¿no?- dije riéndome y dándole otro corto beso.
-          Jamás y si te la quitas seré yo el que lo haga.
-          Bueno, bueno eso ya lo veremos. Por cierto, ¿qué tal los análisis?- le pregunté preocupada.
-          Ah, muy bien sin problemas. En una semana me darán los resultados, pero seguro que salen bien ya sabes que yo estoy hecho todo un toro y soy muy fuerte- dijo mientras se reía.
-          Ya bueno, pero nunca se sabe. Ya me contarás que dicen los resultados.
Terminada aquella empalagosa y a la vez cariñosa conversación nos dirigimos hacía su coche. Era el mismo que hacía dos años, un Mercedes C220 en color plateado, precioso. Me abrió la puerta del copiloto, comportándose como todo un caballero. Me senté cuidadosamente para no arrugar la falda y quiso ponerme el cinturón pero no le deje.
-          ¡Pero bueno, que tengo manos eh! Déjame que me lo ponga yo ¿no?- le dije un poco molesta y mirándole con el ceño fruncido.
-          Jo- me dijo haciéndome un puchero y poniéndome ojitos- es que me hace ilusión tratarte como una reina, por favor déjame.
No se lo pude negar con esa carita, era imposible resistirse a sus peticiones. Le quería tanto que con él me costaba decir un no. Así que le deje que cogiera el cinturón y me lo pusiera. Antes de cerrarme la puerta del copiloto me dio un corto beso y me dio las gracias. Supongo que sería por haberle dejado que me mimase tanto, porque por otra cosa… Yo reía para mis adentros, sonreía de oreja a oreja. Era tan feliz.
Él abrió su puerta, se sentó y me miro dulcemente mientras la cerraba y se abrochaba su cinturón.
-          ¿Preparada muñeca?- me dijo vacilante arrancando el coche y lanzándome una tierna sonrisa.
-          Bueno, creo que sí. Aunque no sé si saldré viva contigo al volante- reí mientras le sacaba la lengua en tono de burla.

sábado, 30 de abril de 2011

"Corazón caprichoso" Capitulo 22: Segunda parte

Pensé en David, no quería contarle nada sobre mi desmayo. No era plan de preocuparle por una tontería, así que le llamé pero solo para contarle que quedábamos mañana. Me senté en el sofá, pues estaba ya cansada. Luna, dio un salto y se tumbó en mis piernas moviendo la colita alegre. Cogí el móvil y busqué el número de David. A los dos toques me lo cogió.
-          Hola preciosa.
-          Hola cariño, ¿Cómo estás?- le pregunté.
-          Yo muy bien, echándote de menos ya y eso que solo ha pasado un día sin verte- me dijo cariñosamente.
-          Yo también te echo de menos así que había pensado en que nos viéramos mañana, ¿Qué te parece?
-          Por supuestísimo, estoy deseando verte. Me viene bien, además mañana no tengo nada que hacer, ¿Dónde?
-          Pues lo cierto es que van a venir a comer mis amigos: Oscar, su novia María, mi amiga Marta y su novio Iván y quería presentártelos asique te agradecería si aceptases mi invitación. Me gustaría que vinieras, por favor- le dije con voz de súplica.
-          Mmm...- pensó durante unos segundos - suena bien, con tal de estar contigo me voy donde haga falta preciosa- dijo con esa voz tan dulce.
-          Gracias cielo. Pues es que tengo que ir al colegio por la mañana y mis amigos vendrán a las dos así que, si no puedes venirte antes, pásate también a las dos por mi casa- le dije esperando que se ofreciera a recogerme en el colegio.
-          Pues yo he pensado algo mejor. Te recojo cuando salgas del colegio y nos vamos juntos en mi coche a tu casa y así te ayudo con la comida ¿te parece bien?- se ofreció.


Dicho y hecho. Como le conocía. Si es que era un encanto. Me sentía como una reina cuando me recogía en su coche, me hacía sentir muy bien.
-          Vale si no tienes nada que hacer. Muchas gracias David.
-          ¿A qué hora sales?
-          A la una aproximadamente.
-          Está bien, estaré en la puerta esperándote cinco minutos antes, como un buen caballero- dijo entre risas.
-          Como quieras- dije riéndome yo también- nos vemos mañana. Estaré esperando impaciente el momento de verte y besarte- le dije pícaramente.
-          Y yo de abrazarte, de corresponderte a ese magnífico beso y llevarte en mi coche- dijo dulcemente.
-          Descansa cariño y sueña con los angelitos.
-          Entonces soñaré con uno en especial llamado Elena.
-          Y yo con uno muy hermoso llamado David. Hasta mañana te quiero.
-          Adiós princesa, descansa, te quiero.
Y colgué de nuevo el móvil. Un suspiro de amor. Cada vez me enamoraba más de mí querido David. Era tan maravilloso, tan perfecto. Había cambiado físicamente durante estos dos últimos años, pero seguía siendo igual de simpático, atento y le amaba tal y como era. Deseaba impaciente que llegasen la una de mañana y poder besarle, poder sentir su aroma a esa colonia tan especial que no sabía cuál era pero que me encantaba y me hacía sentir un fuego ardiente en mi interior. Poder abrazarle y sentir sus manos en mi cintura mientras que un escalofrío recorría mi cuerpo. Era algo magnifico.
Estaba muerta de sueño así que cogí a Luna en brazos y me fui a la habitación con el móvil en la mano. Dejé a la perrita en la cama y me puse enseguida el pijama, me cepille los dientes y me quité el maquillaje. No tardé en tumbarme en la cama y caer dormida profundamente. Definitivamente había sido un día muy ajetreado. El hospital me había cansado, los nervios por el problema con Carlos, toda la tensión acumulada, etc.
Aquella noche fue la primera en mucho tiempo que dormí en condiciones. Recuerdo que soñé con Carlos, que no me perdonaba y que me pegaba, que no le importaba nada mi amistad y le perdía para siempre. Más bien fue una pesadilla, pero al levantarme y ver que había sido un sueño respiré tranquila.

Me desperté feliz con una sonrisa iluminando mi cara con ganas de que ese día fuese especial y tenía el presentimiento de que lo iba a ser. Me di una ducha rápida y salí con la toalla para abrir el armario y pensar que podría ponerme para impresionar a David ese día. ¿Falda? ¿Pantalón? Tras unos minutos dudosa, me decidí. Falda corta. Sí, perfecto. Cogí un conjunto de falda corta de vuelo blanca con una camiseta de tirantes con escote en forma de pico que me daba un tono veraniego y me sentaba muy bien. Unas sandalias blancas atadas al tobillo y preparé mi bolso cruzado gris.
Yo nunca había dado importancia a mi cuerpo, nunca me preocupaba por ir guapa o no, pero desde que David entró en mi vida todo cambió. Él me hizo ver cosas que yo no veía ni valoraba de mi cuerpo. Cuando quedaba con él siempre me gustaba que me viera guapa, siempre, incluso cuando salí con él por primera vez en Madrid. Después de los dos años que estuve sola en Cádiz, amargada y triste sin encontrar la felicidad, descuidé mi imagen. Ya no me importaba que ponerme, pues no estaba allí él para que me encontrara esplendida y hermosa. Y por supuesto no pensaba en fascinar a nadie más. Pero cuando su amor volvió, con ello volvieron las ganas de arreglarme, de verme guapa, aunque claramente Marta también influyó mucho ayudándome y apoyándome en cada momento incluso antes de que él volviera.

 Me fui a desayunar y decidí alimentarme bien, tanto que acabé con el estomago lleno, parecía que iba a explotar. Eran las nueve y media. Recogí la cocina, hice la cama y fui al baño a arreglarme. Lavarse los dientes, hidratarse la cara, maquillaje sencillo pero que resaltara y estirar mi larga melena morena. Lo de todos los días.
“Perfecta Elena”-pensé mientras me miraba una vez más al espejo.
Cogí el bolso con el móvil, pintalabios, peine, raya, monedero, clínex y las llaves que las tenía que meter después de cerrar la puerta.
Salí decidida de casa, casi dando saltitos de alegría, parecía una chica de quince años. Aunque me sentía mal por Marcos aun, conseguí olvidarme de él por unos días y cuidarme más a mí misma. Reír y ser feliz me venían muy bien en esos momentos.