Toda una vida luchando por alcanzar la felicidad siempre deseada, para conseguir al amor de su vida... Y tras ello, errores, traición, celos, muertes, infidelidad, venganza, caprichos... El no saber tomar buenas decisiones y no aclarar sus sentimientos, llevarán a Elena a tener un corazón caprichoso.



sábado, 13 de noviembre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 10: Segunda parte

-        Llevas razón, está bien, ¿te viene bien que nos veamos mañana Sábado por la tarde?- me preguntó.
-        Pues lo cierto es que por la tarde ya tengo planes, ¿te viene mejor por la mañana?
-        Ah bueno vale si, así te invito a tomar un café, ¿a las diez te parece bien?- dijo contento.
-        Si, perfecto. ¿Dónde nos vemos?
-        Pues yo… había pensado recogerte en tu casa si me lo permites claro…, es lo menos  que puedo hacer, por favor- me pidió rogante.
-        Bueno, está bien. Portal número 9, 3ºC. Te estaré esperando.
-        Muchas gracias Elena, allí estaré puntual. Me alegra haber hablado contigo, ya no recordaba tu voz tan dulce…
Aquellas palabras se me clavaron en el pecho dejándome sin respiración. Me estaba dejando llevar y no quería aunque en el fondo me resultaba agradable.
-        Bueno- dije cambiándome de tema para al fin despedirnos- mañana nos vemos tengo que dejarte, adiós.
-        Hasta mañana Elena, que descanses, un beso.
No iba a ceder, así que no le devolví el beso y colgué. Sin lugar a dudas aquel día estaba siendo el mejor, ¿o quizás la llamada de David no era una buena noticia? ¿Y qué hago? Ya le he dicho que mañana quedaría con él, pero… ¿De qué querrá hablar? ¿Realmente será buena idea? ¿Y qué hay de Carlos? ¿Y si no termino de decidirme por él y acabó rindiéndome en los brazos de David? “No Elena, tienes que ser fuerte, no puedes ser débil, o si no volverás a sufrir”- pensé.
Me estaba doliendo la cabeza de darle tantas vueltas al mismo tema, estaba reventada y ni siquiera me acordé de llamar  a Oscar, aunque aquella noche él tampoco me llamó. Seguramente hubiera salido con María a cenar y se le habría hecho tarde, pero no me importaba, lo cierto es que no tenía ganas de hablar con nadie, estaba harta ya de llamadas.
Cogí el móvil y me fui directa a la habitación con Luna en brazos, acariciándola la cabecita.
-        Hoy ha sido un día lleno de sorpresas pequeña, ¿tienes sueño?- hablaba con Luna como si me escuchara.
Ella simplemente me ladraba y podía entender su respuesta. Me puse el pijama, ni si quiera tuve ganas de quitarme el maquillaje, caí rendida en la cama con Luna a mi lado y el móvil en la mano, y aunque mis ojos estaban cerrados aun seguía recordando palabra por palabra la conversación con David. Estaba tan nerviosa. Tenía que despertarme pronto y ponerme guapa para verle, ¿y qué me pondría? Ahí llego mi dilema. Recordé su mirada por última vez, pues ni si quiera tenía fuerzas para sacar la foto del cajón, y así con su pensamiento acabé dormida.
Esa noche no dormí apenas, me levantaba cada dos por tres mirando el reloj para ver cuando llegaban las ocho de la mañana. Fue la noche más larga de mi vida, hasta que al fin sonó el despertador y me levanté rápidamente de la cama, tanto que incluso me mareaba de  la manera tan brusca en la que me levanté. Me di una ducha relajante y cuando salí, abrí el armario para que aproximadamente en una hora tuviera elegido que ponerme. Quería ir sencilla, pero a la vez quería destacar ante los ojos de David. Al final después de unos minutos me decanté por un pantalón corto, con una camiseta de tirantes rosa y unas pequeñas cuñas que me estilizaban un poco más. Recordé lo horribles que eran mis piernas cuando me miré en el espejo, pero tampoco le di importancia pues David ya me había visto desnuda y tampoco se iba a asustar, además hacía bastante calor y no quería ponerme vaqueros largos.
Desayuné muy poco, lo suficiente para no marearme cuando estuviera con David, pues con lo poco que había cenado ayer y lo poco que dormí, podía darme una bajada de tensión perfectamente. Y aunque luego fuera a tomar café con él, tomé un vaso de leche sola. No me entraba nada más, realmente estaba de los nervios, quedaba media hora para que David llegara y por lo que recordaba era bastante puntual, y eso me encantaba. 
En cuanto me acabé el vaso de leche me fui al baño directa, me cepillé bien los dientes y me maquillé lo más natural posible. Un poco de rímel, raya negra y carmín rosa fuerte. No me quedaba nada mal la verdad. Decidí alisarme la gran melena que ya tenía, me había crecido mucho el pelo desde que le vi por última vez y quería presumir de ello. Estirándola me cubría casi toda la espalda. Cogí un bolso cruzado pequeño y le preparé con el monedero y el móvil. Justo, ya eran las 10, David estaría a punto de llamar.
“Ding dong”- dicho y hecho, ya estaba ahí, le dije por el telefonillo que subiera, pues de paso ya quería enseñarle la casa, y así hacía tiempo para mirarme una vez más en el espejo.
Le abrí la puerta y allí estaba él. Tan hermoso, tan encantador como siempre, con esa mirada tan dulce que me dejaba encantada. Vestía unos pantalones vaqueros largos con un cinturón y un polo verde liso. Se pusiera lo que se pusiera me seguía pareciendo guapísimo.  Sus ojos verdes eran tan hipnotizantes. Le notaba cambiado eso sí, tras dos años había crecido mucho, estaba más fuerte y había cambiado el peinado, pero le favorecía mucho y le sentaba muy bien.
-        Hola David, me alegro de verte, pasa que voy a enseñarte el piso- le dije educadamente dándole dos besos en la mejilla.
-        Hola Elena, yo también me alegro de verte, sigues igual de preciosa como siempre- me dijo con una sonrisa mirándome de arriba abajo con una mirada tierna y cariñosa.
Yo me sonrojé pero me di media vuelta para que pasara y poder cerrar la puerta.

domingo, 7 de noviembre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 10: Primera parte

¡¿DAVID?!
 No, no podía ser, me restregué los ojos como dos veces pero era real…  Sentí como el corazón se me subía a la garganta, un síntoma de felicidad y a la vez duda recorría mi cuerpo. Miles de preguntas en cuestión de segundos.
“¿Qué hago lo cojo, no lo cojo?- pensaba rápidamente.
Al final descolgué y me quede callada sin saber que decir por unos minutos, hasta que reaccioné y comencé a hablar.
-        Hola- dijo algo tímido.
-        Ho…hola- terminé de decir.
-        ¿Elena? ¿Eres tu?- preguntó algo dubitativo.
-        Si, soy yo.

                                                                   
El hecho de oír aquella voz me daba alegría, ya no me importaba nada, estaba histérica, con mil preguntas en la cabeza. ¿Por qué había accedido a llamarme? ¿Es que me echaba de menos? ¿Es que aun me quería y era cierto que seguía pensando en mí? Su voz era tan sonora, como si de una melodía se tratase. Me quedaba en las nubes escuchándole y no sabía que decir.
-        ¿Qué tal te va todo en Cádiz?- preguntó.
-        Pues muy bien, trabajando y eso.  Pero… ¿puedo saber porque me has llamado después de tantos años? Por qué no me creo que me eches de menos- le dije intentando aparentar desprecio y odio hacia él para no rebajarme.
-        Bueno…, pues yo… quería llamarte porque ayer por fin me mude de Madrid, el trabajo me impedía quedarme más tiempo allí…
-        Ya, pero y a mi ¿que más me da donde te vayas? Es tu vida, ya todo se acabó y me da igual lo que hagas con ella.
-        Por favor Elena, déjame terminar. Te acabo de decir que por fin me he mudado, pero lo que no sabes es que estoy más cerca de ti de lo que imaginas… Me destinaron a Cádiz…- dijo tímidamente.
No podía creerme lo que acababa de decir. ¡David estaba aquí!  Por dentro saltaba de alegría y no pude esconder la felicidad que aquellas palabras me causaron. ¿Donde viviría?
-        ¿¡Cómo!?  No puede ser… ¿pero ya estas aquí? Y… ¿Dónde vives?- preguntaba tan deprisa que apenas me entendía…
-        Pensé que no te alegrarías de que estuviera tan cerca de ti después de tantos años…
-        Bueno… yo…, simplemente lo pregunto por curiosidad- mentí.
-        No te hagas la fuerte Elena, no hace falta, sé cómo te sientes por dentro, pero no me importa… Vivo en la calle de José Joaquín de Mora, ¿sabes donde esta?- preguntó impaciente.
-        ¿¡DE VERAS!? No puede ser… esto no puede estar pasando- susurré como hablando para mi misma, pero claro me escuchó.
-        ¿Qué pasa Elena, que tiene de malo? Por favor habla que me dejas intrigante.
-        Pues que tu calle es paralela a la mía, yo vivo en la calle de detrás. Calle Alfonso Aramburu, ¿te suena?
-        ¿Lo dices en serio? Bueno, no es que me suene pero sé más o menos a cual te refieres, pero… entonces… ¡¿Estamos al lado?!  
-        Pues, por suerte o por desgracia, me temo que si…- dije entristecida pero a la vez alegre…
Mi cuerpo gritaba por dentro ir a verle en ese mismo instante, aunque fuera de noche, me daba igual; pero tenía que pensar con la cabeza y mi mente me decía que no se lo merecía, que mi destino era Carlos y no volver con alguien que me destrozó la vida como David. Pero es que…, el hecho de pensar que podría volver a verle, volver a tener en mis brazos a la primera persona que amé tanto, a la primera persona que me entregué en cuerpo y alma… Era algo fantástico…
-        Vaya… parece que no tengas ganas de verme… Bueno en parte lo comprendo, me porté muy mal contigo y entiendo que me odies…, pero me gustaría si tú quieres, poder verte algún día y hablar como amigos…- me dijo con una voz que era imposible negarse…
-        Yo…, no sé… - pensé que tampoco pasaría nada si solo quedaba con él para hablar, quizás quería disculparse- bueno, está bien, quedaremos como amigos, cuando puedas.
-        Gracias Elena,  es lo único que podía pedirte después de todo. Intentaré compensarte, no te imaginas lo que me arrepiento…- dijo algo triste.
-        Bueno… lo pasado pasado está, no hablemos de eso ahora ya tendremos tiempo…

martes, 2 de noviembre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 9: Segunda parte

No quería que le prometiera eso. Lo entendía. Una vez alguien se lo prometió y nunca lo cumplió. Ahora se sentía mal. Creía que yo podría dejarla también, que al principio todo podía ser magnifico pero luego… ¡zas! me esfumaría como el humo. Lo sentía en sus ojos, tenía miedo. Sus ojos empezaban a poderse vidriosos, humedecidos. Estaba a punto de derramar otra lágrima. Y todo por culpa del pasado, ahora no se fiaba, el miedo a sufrir se apoderaba de ella. Me sentía fatal. Si pudiera ayudarla… ¿Pero como? Estaba dispuesto a hacer lo que fuera por ella y se lo demostraría. De repente sentí como de nuevo me abrazaba para ocultar su rostro. Le acaricie la espalda, le daba pequeños besos en la cabeza para que pudiera calmarse. La tranquilizaba con palabras y notaba como sonreía. Se separó de mí poco a poco para darme las gracias. Pero que linda era incluso con su rostro empapado de lágrimas. Aunque me dolía verla así. Intenté limpiarle la última lágrima que recorría su mejilla. Y poco después sus labios se acercaban de nuevo. Ella era la que instintivamente deseaba besarme de nuevo. Un beso casto y corto pero lleno de sentimiento, timidez, pasión.
Después de separarnos ella me preguntó por Marta, le parecía raro que aun siguiese en el baño y la pobre no se imaginaba nada de nuestro plan. Poco a poco se lo expliqué, le expliqué que ya lo teníamos todo planeado y Marta estaba ya en casa con Iván. Al principio parecía que le molestó que Marta no estuviera allí y nos hubiera dejado solos aposta.  Pero después la dije que a mi no me importaba pues así podía estar mas rato a solas con ella. Entonces fue cuando reaccionó y me dio la razón. Aquel plan era perfecto.
Decidimos que era tarde pero no sabía como irse a casa ahora que no estaba Marta, pues no le gustaba irse sola. Quería acompañarla, por ella haría mucho más, después de todo era lo menos que podía hacer y así aprovechaba unos minutos más con ella. Así que le dije que la acompañaba. Ella no se negó porque le daba miedo irse sola cuando estaba anocheciendo. Pagamos y nos fuimos de allí dirección a su casa. El camino fue fantástico, el tenerla agarrada de la mano me transmitía seguridad. Estaba empezando a sentir algo muy fuerte por aquella dulce muchacha. Su risa me enamoraba, aquella risa natural, hipnotizante. Nuestras miradas lo decían todo. Llegamos en pocos minutos a su casa y la despedida fue lo más duro pero pronto  nos volveríamos a ver. La besaba sin miedo, con pasión, sentía su respiración junto a la mía, su aliento en mis labios. Nos costaba resistir que nuestros labios se juntaran para jugar y saborear aquellos dulces besos. La alegría llegó cuando me dijo que fuera a la fiesta de mañana que Marta había organizado con todos nuestros amigos. Al menos podría estar con ella. Así que me ofrecí a recogerla a las ocho en su casa como todo un caballero que recoge a su dama, como el príncipe que recoge a su princesa y cuando la dama abre la puerta aparece con un gran vestido elegante, hermosa, sin palabras. ¿Sería así como me quedaría mañana? ¿Sin palabras? Aunque pensándolo bien ya me había dejado mudo aquella tarde con su hermosura. Quedamos para mañana, nos despedimos con un fuerte beso y me fui de allí dejándola en la puerta, con esa dulce mirada observándome. Definitivamente mañana disfrutaría una noche a su lado, será fantástico. Estoy seguro.
                                  ……………………………………………………………………
Me puse a cenar junto con Luna que también estaba hambrienta. Me acordé de Marta y miré el teléfono fijo para ver si tenía algún mensaje en el contestador.
Pulsé el botón y así era tenía un mensaje de Marta, me lo imaginaba.
“Elena, bueno como has podido comprobar, no me he ido al baño si no a mi casa, jeje espero que lo hayas pasado muy bien con Carlos, se os veía tan enamorados… - decía sin parar de reírse- Y bueno, me supongo que si todo ha salido bien le habrás invitado a la fiesta mañana, espero que me llames cuando estés en casa y me lo cuentes todo con pelos y señales ya sabes cómo soy yo para los detalles. Espero tu llamada un beso te quiero guapa”
No pude evitar sonreír tras el mensaje de Marta, lo tenía todo preparado y yo andaba como tonta, pero le daba las gracias pues gracias a ella aquella tarde había sido redonda. Decidí llamarla en cuanto terminé de cenar. Le conté todos los detalles como bien me había pedido, estaba nerviosísima y saltando de la felicidad, se alegraba por mí y mucho pues era lo que estaba deseando desde un principio y parecía que yo por fin volvía a sonreír un poco. Mañana le contaría mejor y más despacio y podría verme. Le conté también que Carlos vendría a recogerme así que no se preocupara por mí.
-        Vaya vaya con Carlos, pues si que ha salido bien la cosa según me cuentas ¿no?- preguntó Marta riéndose.
-        Pues la verdad que si y espero que todo salga bien, estoy deseando que llegue mañana. Aghh pero no se que ponerme… quiero que me vea guapa y….- dije pero Marta enseguida me corto.
-        Ey ey quieta, para el carro nena. Tu estas guapísima con cualquier cosa, además a Carlos ya le tienes enamorado te pongas lo que te pongas, métetelo en la cabeza.
-        Vale vale no me regañes mami- dije como una niña pequeña.
Tras varios comentarios graciosos me despedí de mi amiga y colgué el teléfono.
Esperaba la llamada de Oscar también dentro de poco asique fui directa a sentarme en el sofá y ver la tele. Pero antes de que pudiera sentarme sonó el móvil. Pensé que sería Oscar que, por alguna razón, no podía haberme llamado al fijo. Pero cuando miré la pantalla mi corazón dio un gran vuelco. ¡No podía creerme lo que estaba viendo!

sábado, 23 de octubre de 2010

"Corazón Caprichoso" Capitulo 9: Primera parte

Carlos se marchó, no pude evitar quedarme embobada viéndole andar, hasta que le perdí pues ya había dado la vuelta a la esquina. Cerré la puerta y tiré los tacones y el bolso donde pude. Estaba reventada pero aquella tarde había sido tan especial. Me sentía como una adolescente de quince años enamorada tontamente. Enamorada de aquel chico tan  hermoso… Se veía que me quería y que de verdad me cuidaría. No quería hacerme ilusiones tampoco como con David, pero me sentía muy afortunada por tenerle y di gracias por haberme mandado a aquella linda persona en mi vida.
                                                 …………………………………………………………………
(Carlos)
Estábamos en casa de aquella chica, yo junto con Marta, a unos segundos de conocerla. Marta me había hablado muy bien de ella, me había contado toda su trágica historia. Me sentía mal por ella, quería conocerla, apoyarla… Llamamos al timbre y enseguida abrió una chica hermosísima. Era una chica morena, de pelo largo, ni muy delgada ni muy gorda, normal, con unos ojos tirando a verdes, su tez suave y clara, una piel perfecta y una sonrisa que parecía pintada por un artista. Llevaba un vestido rojo por las rodillas, iba muy bien maquillada, natural, y unos tacones también rojos que la hacían más esbelta. Era perfecta, bella, peculiar. Sonreí al verla. Notaba como ella me miraba y durante unos segundos nuestras miradas se cruzaban. Algo en mí surgía. Me sentía extraño, incapaz de borrar esa sonrisa de idiota que tenía. Sentí como Marta me dio un codazo para que opinara sobre la belleza de aquella linda chica. No pude más que soltarle “piropos”, o al menos así lo llamo ella. Elena, que lindo nombre. Era perfecta. Se encamino a coger el bolso y en unos minutos salimos por la puerta Marta, Elena y yo. Mientras nos dirigíamos al velador no paraba de mirarla, de contemplar su belleza y aunque llevaba a Marta al lado de vez en cuando me asomaba para verla. Dichosos los ojos que la veían. Notaba como ella también me observaba, se perdía en mis ojos y ninguno atendíamos a lo que Marta nos contaba tan entusiasmada. Llegamos a aquel velador y nos sentamos. Deseaba que Marta por fin empezara su plan. Habíamos planeado que si todo iba bien y yo se lo pedía con la mirada, ella fingiría que iba al baño y nos dejaba solos. Pero ella no iría al baño si no a su casa. Así yo tendría el camino libre.
Y así fue, a la media hora Marta se fue, supuestamente, al baño. Suspiré tranquilo porque por fin estaba a solas con esa dulce muchacha, por fin podría centrarme solo en aquellos lindos ojos, en su sonrisa tan linda. Me senté a su lado y empezamos a hablar de trabajo, edad, etc. Comprobé que teníamos gustos parecidos, realmente era preciosa. Me perdía en su mirada, en su ternura, su belleza. Quería conocerla mejor y en un instante acabé diciéndoselo, acabé confesándola que quería estar con ella, que era hermosa y sentía ya un cariño especial hacia ella. ¿Pero cómo se puede querer a una persona después de  una hora de conocerla? No lo sé, a lo mejor era una locura, pero Elena me atraía, había algo en ella especial. A lo mejor no era querer pero sentía la necesidad de cuidarla y protegerla, de abrazarla y acurrucarla entre mis brazos. De que nada le ocurriese. Era puro instinto protector. Ella no quería enamorarse, le daba miedo volver a sufrir después de su pasado y su amor por David. Sus ojos empezaban a humedecerse, no quería llorar, pero aquellos recuerdos del pasado le llevaban a hacerlo. Instintivamente abrí los brazos para abrazarla y ella no dudo en ocultar su rostro en mi hombro y arrancar a llorar. Era tan dulce, guapa aun llorando. Me sentía mal, ella no se merecía aquello. Aquel cabrón no se merece su amor si la dejo por eso… Pero yo estaba dispuesto a hacer lo que fuera por aquella frágil y bella muchacha. Quería amarla, quería enamorarme de ella poco a poco.
En cuanto ella derramó sus lágrimas en mi hombro y se separó de mí, sus labios estaban demasiado cerca de los míos. Sentía lentamente su respiración aun agitada por sus sollozos. Nuestras miradas permanecían fijas. Sus pequeños ojos me hipnotizaban, no me cansaba de observarla. Le acaricié el mentón y poco a poco me acerqué más a ella. Me miraba asustada pero a la vez deseosa. Quería besarla, quería probar esos magníficos labios. Quería que sus labios me llevaran a un mar de desasosiego y tranquilidad. Y así fue como en unos segundos acabé rozando sus labios. Primero pequeños besos, suaves y castos. Poco después dimos paso al deseo que nos pedía que nuestros labios se unieran con nuestras lenguas. Besos dulces, tiernos y llenos de amor. Besos distintos a los que había sentido con ninguna otra chica. Era especial y sus besos eran tan necesarios, que no podía separarme. Al final, poco a poco después de unos segundos con nuestras bocas unidas nos separamos a la vez. No sabíamos que decir, sobraban las palabras. Yo seguía hipnotizado con esos ojos, con esa sonrisa. Aun permanecíamos cerca con nuestros alientos entrecortados jadeantes de pasión.
Y fue cuando entonces ella hablo:
-        Vaya… mm.. ha sido un beso fantástico, como tu… Claro que me gustaría conocerte, estoy impaciente- me dijo con una sonrisa picara.
No podía creerme lo que acababa de decir. Era feliz, me acababa de decir que me dejaba entrar en su vida, por así decirlo. Una sonrisa se dibujó en mi cara lentamente. No sabía que decir, deseaba abrazarla, besarla sin que nada ni nadie nos parara, pero tenía que contenerme. La contesté cariñosamente. La prometí que jamás me iría de su lado, pues quería estar con ella siempre. Pero en esos momentos sentí como metí la pata de nuevo.

martes, 12 de octubre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 8: Segunda parte

-        Vaya… mm.. ha sido un beso fantástico, como tu… Claro que me gustaría conocerte, estoy impaciente- le dije con una sonrisa picara.
-        No sabes cuánto me alegras el día, este beso solo ha sido el principio, una primera muestra de lo que siento por ti Elena. Y si tu quieres estoy dispuesto a demostrarte que jamás me iré de tu lado…
-        No… no por favor… no me digas eso… ni mucho menos lo jures… Eso ya lo oí una vez y mira como acabé, sola… No fue capaz de cumplirlo... él…- no pude continuar pues mis ojos se ponían llorosos y Carlos me tranquilizo poniéndome su dedo en mis labios para que no siguiera hablando.
-        Shhh, por favor, no recuerdes más el pasado, así te sentirás peor, ven anda abrázame…- dijo abriéndome los brazos.
Yo no me lo pensé dos veces, pues no quería que aquel chico tan hermoso me viera con lágrimas en los ojos y tapé mi cara en su pecho abrazándole muy fuerte, como transmitiéndole que nunca me dejara pues ya había sufrido bastante y no aguantaría otra ruptura como la de David.
Carlos me acariciaba suavemente el pelo y me daba cortos besos en la cabeza.
-        Ya esta pequeña, yo te cuidaré siempre, si tú me dejas… No llores por favor, no puedo verte así…
Yo me separé de él para mirarle a los ojos.
-        Gracias Carlos, lo siento pero no podía evitarlo. Yo… no quiero perder de nuevo a la gente que quiero… no lo soportaría, ya han sido demasiadas…
-        Lo sé, Marta me contó y me sentí fatal, no sabes cuánto lo siento, pero a mí no me perderás te lo prometo, además yo… yo te quiero Elena y nunca podría irme de tu lado aunque quisiera…
Yo sonreí y le acaricie la mejilla. Estaba tan a gusto hablando con aquel chico, con Marcos también me sentía bien pero no sé era distinto, había algo en Carlos que me atraía más que Marcos. Sentía como mi corazón latía más deprisa cada vez que estaba con Carlos, no podía evitarlo, segundo a segundo me enamoraba más de él. Pensareis que es una locura, ¿Cómo te puedes enamorar de una persona en solo una tarde tras conocerla? Pues no sé pero yo sentía que así era. Llámenlo un flechazo o amor a primera vista…
Reaccioné y vi que Carlos seguía parado frente a mí mirándome, como si él también estuviera pensando sobre mí. Así que aproveché y le di un corto beso en los labios.
-        Bueno creo que es tarde y Marta… no puede ser que aun este en el baño- le dije
-        No, Marta no está en el baño cielo, ella se ha ido a casa, me lo dijo antes de que quedáramos. Ella ya lo tenía todo preparado- sonrió él.
-        Vaya vaya con Marta, que bien calladito se lo tenía- dije fingiendo estar molesta.
-        Anda tonta, ¿es que no te alegras de que nos haya dejado solos?
-        Pues claro que sí, lo estaba deseando desde que te vi en la puerta, pero… ahora… me tendré que ir sola a casa y ya está anocheciendo.
-        De eso nada, ¿Cómo te vas a ir sola a casa? Para eso estoy yo, te acompaño hasta tu casa para que no te pase nada y no me digas que no porque si no me enfado- dijo riéndose.
-        ¿De verdad? Muchas gracias Carlos, bueno, no te voy a decir que no, porque la verdad me da mucho miedo irme sola. Bueno pues entonces pagamos y nos vamos que se está haciendo tarde ¿vale?- le sugerí.
-        Si si, yo invito tranquila no te preocupes por nada.
Carlos pagó y salimos de aquel velador dirección a casa, cruzamos el parque dando un paseo, cogidos de la mano y sin parar de mirarnos, poco más y tropezábamos con la gente. Por el camino hablábamos de cualquier cosa. Le dije que por favor viniera a la fiesta que Marta había preparado mañana con todos nuestros amigos. Además Marcos también vendría, y aunque sería una situación algo incomoda, mañana tendría que elegir entre Marcos y Carlos. Estaba un poco nerviosa, no quería que ninguno se enfadase, pero estaba segura de mis sentimientos y sabía lo que tenía que hacer.
Carlos aceptó encantado.
-         Pues claro que voy, con tal de verte a ti me da igual donde tenga que ir- dijo con una  sonrisa de oreja a oreja.     
-        Eres un encanto Carlos, gracias por tratarme tan bien, no creo que lo merezca después de todo…
-        No digas eso, tú te mereces todo lo mejor Elena, ya has sufrido bastante y yo haré que seas feliz de una vez por todas, eres tan… delicada, tan sensible… pareces una muñequita y a esa muñequita la quiero proteger con toda mi alma, aunque sea lo último que haga- dijo muy convencido y seriamente.
-        No exageres, no quiero que hagas tonterías por mí, yo… no quiero perderte ya lo sabes, te quiero…


Estábamos llegando a casa y me paró en un momento, cogiéndome de las manos y acercándome a él.

-        A mí no me perderás, pero no puedo permitir que te hagan daño, no sé qué sería de mí si algo pasase. Me tienes contentísimo, estoy feliz, creo que ahora vuelvo a sonreír gracias a ti, y es que jamás había sentido algo tan fuerte con ninguna otra chica, tu… Elena… eres muy especial- dijo para después besarme dulcemente, suave, a ritmo lento, pero llenos de pasión.

Pero no quisimos adelantar nada aun, solo nos habíamos visto un día y queríamos que las cosas fueran despacio y bien.
Terminamos de besarnos y me acercó hasta la puerta de casa. Nos despedimos aunque nos costó bastante separarnos.
-        Espero verte mañana en la fiesta, te echaré de menos esta noche. Gracias por todo ha sido una tarde maravillosa.- le dije.
-        Gracias a ti, conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado. Mañana te veo y si me permites me gustaría pasar a recogerte a casa, ¿te importa?- dijo haciéndome un puchero para convencerme.
-        Bueno… pues yo…- pero al verle la carita que me ponía no me pude resistir y no se lo pude negar- Esta bien, te dejo que vengas a recogerme…
-        Muy bien, pues a las ocho estoy aquí puntual para ver a la chica más guapa de la tierra- dijo exagerando y cogiéndome por la cintura.
-        Que trolero estas hecho, nos vemos mañana, que descanses y sueñes con los angelitos- dije dándole un pequeño beso.
-        Mmm… entonces eso suena a que seguramente soñaré contigo- dijo sonriéndome. Hasta mañana Elena, te quiero.
-        Yo también te quiero. Adiós.

viernes, 8 de octubre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 8: Primera parte

Carlos
                                                                                  

Carlos era un chico muy peculiar, alto, moreno de piel, de pelo castaño y con unos ojos azules que con solo mirarlos parecía que te adentraras en el mismísimo mar. Físicamente era musculoso y bien proporcionado. Y solo con aquella mirada que me puso al recibirme supe que era un buen chico. Tal vez me dejaba llevar por las apariencias, pero algo en mi interior me decía que aquella persona merecía la pena conocerla.
-        ¡Hola Elena!- me saludó Marta dándome un gran abrazo.
-        Hola Marta, ¿Cómo estás?
-        Pues muy bien como siempre ¿y tú?- dijo mirándome de arriba abajo. Vaya…, pero que guapa te ves hoy, ¿verdad Carlos?- le preguntó dándole un codazo.
-        Jamás había visto tanta belleza junta- dijo aquel chico mirándome asombrado y sin apartar su vista de mis ojos. Soy Carlos, encantado de conocer a tan esplendida chica, ¿cuyo nombre es…?
-        Soy Elena- dije con una tímida sonrisa- mucho gusto y gracias por el cumplido.
-        No hay de que “demoiselle”- dijo haciendo una reverencia y sin dejar de reírse.
-        Bueno, bueno- interrumpió Marta, dejémonos de presentaciones y vámonos ya. ¿Estás lista ya esta vez, no Elena?
-        Si , si solo me falta coger el bolso, un momento, esperadme.
Corrí a la habitación donde tenía el bolso ya preparado con el monedero y el móvil, y salí pitando hacia la puerta pues quería seguir viendo aquellos lindos ojos azules.
¡Qué ojos! No podía parar de mirarlos. De camino al velador Marta estaba en medio de los dos y Carlos y yo a su lado, puesto que cada vez que teníamos que dirigir la vista hacia Marta para escucharla, nuestras miradas se cruzaban y una sonrisa se dibujaba en nuestras caras, una tímida pero a la vez picara sonrisa.
Llegamos al velador donde nos sentamos de tal manera que Carlos y yo quedáramos en frente.
Cualquiera que nos viera adivinaría en dos segundos que ambos estábamos gritando por dentro: “¡¡Quiero conocerlo/la, Marta déjanos a solas!!” Era una situación graciosa la verdad.
Marta hablaba y hablaba como siempre, pero ninguno de los dos la escuchábamos pues andábamos ocupados mirándonos fijamente y pensando misteriosamente el uno en el otro, aunque llegó un punto que Marta se dio cuenta y disimuladamente se levantó, fingiendo que tenía que irse al baño. Asi que cogió su bolso, me miró para guiñarme un ojo y se dirigió dentro del bar hacia, supuestamente, el baño.
Carlos me había atraído de manera peculiar, no sé si físicamente o por su forma de ser…, pero si apenas le conocía… ¿Cómo podía sentirme a gusto con su presencia? Si solo habían pasado unos minutos, tal vez una hora…
-        Bueno…-comenzó a decir él- veo que Marta al fin nos ha dejado un rato solos, pensé que no pararía de hablar nunca- dijo levantándose y sentándose en el asiento donde Marta había estado para así estar a mi lado.
-        Ja ja, la verdad que sí, pero bueno, es que la encanta cascar, es así. Bueno cuéntame, ¿qué años tienes y a que te dedicas?- le pregunté.
-        Pues tengo 23 y trabajo de pediatra en el hospital, por así decirlo soy médico.
-        Vaya con que te gustan los niños también entonces ¿no?- pregunté curiosamente.
-        Pues la verdad que sí, son una ricura y añadiendo mi pasión por la medicina…- dijo sonriendo y sin dejar de mirarme con esos ojos intensos.
-        Vaya, pues está muy bien…
-        Bueno ¿y tú que años tienes? ¿a qué te dedicas?- me preguntó.
-        Pues tengo 22 y a mí también me encantan los niños así que soy profesora de infantil en el colegio de aquí al lado, y la verdad que los peques me alegran el día…
-        Anda, no pensé que a ti también te gustaran los niños, veo que tenemos gustos parecidos. Seguro que eres una buena profe…- dijo sonriendo y mirándome profundamente.
-        Bueno, hago lo que puedo, pero las madres están encantadas conmigo, no sé…
-        Claro que sí, además yo también estoy encantado contigo, eres estupenda y muy hermosa…- dijo bajito y cogiéndome de la mano…
Yo no sabía que decir y me sonrojaba por momentos.
-        Tu… tú también eres guapísimo…- le dije algo entrecortada y agachando la cabeza.
Él inmediatamente alzó mi barbilla para que mis ojos le miraran y nuestras miradas se cruzaran. Con la otra mano me acarició suavemente la mejilla y yo sentía escalofríos.
-        Me encantaría conocerte mejor, si tú me dejas claro, jamás había conocido a una persona tan especial como tu Elena…
Simplemente asentí con la cabeza y sonreí… Notaba como Carlos se acercaba lentamente, sentía una especie de tensión, como si el estómago se me subiera de golpe…, más o menos, como bien dicen, sentía mariposas en el estómago.
Hasta que en un abrir y cerrar de ojos note sus labios rozando los míos. Nos besamos tiernamente, lento pero con pasión, nuestras lenguas se encontraban y yo estaba sintiendo tal atracción por Carlos que de no ser porque estábamos en la calle…
Poco a poco nos separamos sin saber que decir, hasta que hablé yo…

domingo, 3 de octubre de 2010

"Corazón caprichoso" Capitulo 7: Segunda parte

Marta seguía pensando en su decisión de presentarme algún chico con el que pudiera “distraerme”. Iván y Marta llevaban unos meses viviendo juntos y como cada noche cenaron en casa. Durante la cena ella le contó a su novio que ya sabía que chico tenía en mente.
-        Cariño, pues he estado pensando y creo que sé quien puedo presentarle a Elena para que cambie su actitud y se anime.
-        ¿Ah si? ¿Y quién es?- preguntó Iván con curiosidad.
-        Pues había pensado en Carlos, es un chico muy majo, simpático y no es mala persona, además le conozco bien y sé que se desvive por las personas a las que quiere. Estoy segura que si todo saliera bien sería el chico perfecto para Elena… ¿Qué te parece?
-        Llevas razón, no había caído en él, pero si es verdad, Carlos es un buen tío, además yo me llevo genial con él y también lo conozco y no creo que la haga daño. Y bueno… todo hay que decirlo, es bastante guapo- dijo incitando a su novia a que diera una respuesta.
-        Bueno… pues… si pero…- decía Marta entrecortada para que su novio no se pusiera celoso.
-        Ja ja, anda tonta que no me importa que lo digas si yo sé que me quieres mucho ¿verdad?

Marta suspiró tranquila y miro con cara de enfado a Iván pues la había puesto en un aprieto.

-        No me vuelvas a hacer eso tonto- dijo ella aparentando estar enfadada.
-        Es que me ha hecho gracia la cara que has puesto, incluso así estas más guapa- dijo con una sonrisa pícara.
-        Bueno, Carlos es guapo, si, y tiene unos ojos preciosos, pero no más que tu… Tu siempre serás mi tesorito- dijo dándole un tierno beso.

Al final los dos decidieron que Carlos era una buena opción.
Yo no le conocía, pues Marta nunca me lo había presentado, y era casi el único amigo que ella tenía y que no conocía aun, pues casi todos sus amigos también eran mis amigos.

                                          ………………………………………………………..

Me fui enseguida a la cama para repasar mentalmente aquel día tan movidito que había tenido. No podía quitarme de la cabeza a Marcos y de vez en cuando me aparecía la imagen de David. ¿Querría sustituir el amor de David por el de Marcos? ¿Le diría que si a Marcos, solo para no sentirme sola y poder sentirme querida? Eso no sería justo, pues no se merecía eso. Creía que lo mejor en ese momento sería conocerle un poco mejor, quedar con él más a menudo para ver si realmente sentía atracción hacia Marcos y no era puro cariño de amigos.
Y pensando en todo esto e intentando aclarar mis sentimientos, me quedé dormida profundamente.

La semana pasó sin ninguna novedad, todas las mañanas me iba a trabajar al colegio y venía a comer a casa, por las tardes hacía cosas en casa, o  algunas me tenía que quedar en el colegio preparando clases, ordenando, etc.  Otra tarde quedé con Marta para ir de compras, otra con Ana para avisarle sobre la fiesta que mi amiga tenía planeada para ese fin de semana, etc.

Los pensamientos hacía Marcos acabaron pronto, pues decidí que no sentía algo más por él, simplemente amistad. No me llamo en toda la semana, supongo que aun estaba arrepentido de haberme contado sus sentimientos, yo tampoco quise llamarle, no quería estropear la amistad que teníamos y además le vería pronto en la fiesta…
Para el viernes yo había quedado con Marta, pero lo que no sabía era lo que me tenía preparado mi amiga. Aunque algo me avisó y me contó que sería probable que también se apuntara a la quedada Carlos, aquel chico que Marta estaba empeñada en presentarme. Yo seguía con mi nueva mentalidad y se me notaba muchísimo el cambio. Ahora si era yo, siempre sonriendo, guapa, con ganas de vivir y con una energía en el cuerpo increíble.
Todos los días procuraba ir bien arreglada con la nueva ropa que me había comprado con Marta aquella semana. Aunque tampoco dejaba de lado la ropa vieja pues no me quedaba tan mal.
Llegó el viernes por la tarde, después de una larga mañana de trabajo, antes de que Marta llegara acompañada de Carlos, decidí darme una ducha relajante antes de prepararme, pues aun quedaba bastante para que llegaran y esta vez sí que no iba a permitir que me esperaran, además de que me daba vergüenza y temía lo que pudiera pensar Carlos de mí. Me relajé durante diez minutos bajo el agua mientras caía por mi cabeza. Cuando salí de la ducha con una toalla, busqué en el armario algo para ponerme.

-        ¿Vestido o pantalón corto?- pensé hablando para mí misma- No, no ¿o mejor vestido y falda?

No quería lucir mucho mis piernas, pues no me gustaban nada y prefería evitar enseñarlas, sobre todo si había chicos a la vista, por lo que al final me decanté por un vestido por encima de las rodillas rojo, con tirantes finos y escote en pico. Me gustaba como me quedaba ya que el rojo favorecía bastante a las morenas, o eso creía yo, pero me sentía muy bien y cómoda. Cogí mis tacones rojos y me los puse. Me miré en el espejo del armario y me vi magnífica.

-        Vaya Elena, va a resultar que vas a ser guapa y todo- dije para mí misma sin poder evitar reírme.

Como aun tenía tiempo hasta que mi amiga llegara, decidí rizarme el pelo, además de que me gustaba, me daba un aire de chica más sexy y joven y quería causar buena impresión a aquel nuevo chico que Marta traería. Me entraba curiosidad por conocerle, pues ella siempre estaba hablándome bien de él para intentar convencerme que era un gran partido para mí, así que ya que se empeñaba en presentármelo, pues quería ir bien guapa.
Cuando terminé de arreglarme el pelo me maquillé de manera natural, no muy recargado pero sí que se notara. Pinté el parpado de los ojos de una sombra roja para resaltarlos bien y así que contrastara con el vestido, rímel en las pestañas y solo brillo para mis labios, pues ya bastante había resaltado los ojos… Me miré al espejo y la verdad que estaba estupenda. Marta no me había notado mucho mi nueva mentalidad, pues cuando fuimos de compras a penas estuvimos tiempo y no mostré muchas señas de alegría y, por lo tanto, quería sorprenderla y que se llevara una alegría. Bueno no solamente pretendía sorprender a Marta, sino también al acompañante.

“DING DONG” Sonó el timbre, Marta y Carlos ya estaban ahí. Fui lo más deprisa que pude a abrir y allí estaba Marta tan guapa como siempre y a su lado, había un chico, supuse que sería Carlos.